"Nunca segundas partes fueron buenas"

Los aforismos son tan tradicionales como la sabiduría que contienen. Un homenaje

Por: German Peña Cordoba
enero 20, 2021
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Un aforismo es lo que de manera coloquial llamamos dichos, refranes, apotegmas o máximas. Nuestras sabias abuelas poseían una riqueza inconmensurable de ellos, que nos ilustraban, guiaban y señalaban el camino correcto. Eran una veta de diamantes que destellaban brillo y sabiduría.

Los aforismos, llenos de filosofía popular, nos enseñaban a transitar por la ruta adecuada para evitar impactarnos en el "camino de la vida" y de contera soslayar daños irreparables e irreversibles. Cuando no existían los celulares, nuestra máxima atención se centraba en escuchar a los mayores y extractar de su experiencia, lo mejor para luego proceder a prefabricar la regla. Eran las reglas de oro que actuaban como mantras y nos imprimirían certeras advertencias de no olvidar, so pena de tener que convivir condenado por siempre, al estrepitoso fracaso.

Ahora bien, la RAE (Real Academia de la Lengua Española) define la palabra aforismo como una sentencia breve y doctrinal que se propone como ejemplo perentorio. Tallado en piedra, el refrán se quedaba perenne en nuestra memoria, de tal manera que se convertía en un referente moral y ético necesario para el trasegar por la vida. Teníamos una memoria de elefante: llegué a tener grabados más de 50 números telefónicos en mi memoria, hoy escasamente me acuerdo del mío, la tecnología nos aperezó y le adjudicamos esa virtud a la memoria incorporada en los adminículos que hoy son parte de nuestra sinergia.

Si de pronto nos desviábamos, allí estaba el aforismo adecuado para corregir y enderezar el camino trazado por nuestros mayores. Teníamos la capacidad y la obligación de enderezar, de lo contrario, "fuete era lo que había", para que el desobediente muchacho rectificara su actitud.

Somos una generación única, sobre la que actúa la biología de manera inmisericorde. Eso inevitablemente nos envejece y nos extingue, a través de procesos naturales, que no logramos detener, ni descifrar hasta el momento. Aceptar lo anterior es difícil, pero dura es la ley....pero es la ley; en este caso, es la ley natural la que determina bajar el breker y la luz se va. Crecimos escuchando aforismos a nuestros progenitores y profesores, eran una especie de hoja de ruta. Nuestra generación ponía la máxima atención en ellos y nuestros padres nos los inculcaban y repetían de manera sistemática, como ejemplo de vida.

Pero vamos al grano, como va el dermatólogo. Una cosa he comprobado en la vida: "nunca segundas partes fueron buenas" . Me atrevo a agregar algo subjetivo: ni siquiera en el amor. Esta máxima tiene su origen en el capítulo cuarto del libro de Don Quijote de la Mancha. Sin embargo, su aplicación en nuestra cotidianeidad se torna diferente: si la aplicamos puntualmente a la política de estos andurriales tendríamos que las reelecciones presidenciales, a gobernaciones, alcaldías y congreso son nocivas, son inicuas y dañinas.

El síndrome del automáticamente reelegido hace del reelegido una persona sobradora ante los problemas que enfrenta y que supone ya conocer. Por lo general, el reelegido desconoce la constitución y las leyes, se convierte en reyezuelo y dictadorcito, que no escucha a nadie, se cree autosuficiente y despreciativo. Es por eso que sabiamente dice el aforismo: "nunca segundas partes fueron buenas". Así le dice Sancho Panza al bachiller Sansón Carrasco.

Pero existen otros aforismos menos sofisticados:

- "Palo porque bogas palo porque no bogas". Su explicación se encuentra en otros aforismos como "ni chicha ni limoná", o se asemeja cuando se dice "esto dijo el armadillo encima de una palma de coco: ni me subo ni me bajo... ni me quedo aquí tampoco". Lo anterior refiere, cuando solo se hace, oposición, sin ningún ánimo constructivo y es necesario entorpecer, sin aportar nada.

- "Más sabe el diablo por viejo que por diablo". Este sí que es sabio. Trata nada más ni nada menos de la importancia de la experiencia, que da los años.

- "No hay cuña que más apriete que la del mismo palo", "cuando el río suena piedras trae", "a caballo regalado no se le mira el colmillo", "cría cuervos y te sacarán los ojos", etc.

Podría seguir, puesto que existen infinidades de sentencias, que la filosofía popular nos proporciona. Como todo, el aforismo con el tiempo se desnaturaliza, su sentido cambia y su aplicabilidad se convierte en algo obsoleto, pero para nosotros quedaron grabadas, como guías necesarias, para comprender la naturaleza humana en toda su dimensión.

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