Nunca pedí que me alisaran

"El cabello afro era símbolo de libertad en la esclavitud. Hoy es motivo de vergüenza"

Por: Jéssica Diuza
mayo 20, 2016
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Nunca pedí que me alisaran

"Ahí viene la coquimba, la que tiene la cabeza veringa. La afruda, peliquieta, la pelichontuda. Existe la alisadora, vaya  y se peina". Era la canción que le cantaban a Mariela en el colegio. Cuando cumplió los 15 años se alisó y prometió que haría lo mismo con sus hijas.

Las mujeres cimarronas esclavizadas trenzaban con astucia en su cabello las rutas de escape, que con anterioridad memorizaban para escabullirse de sus captores.  En los turbantes escondían semillas y frutas para sobrevivir en la selva.

En esa época el cabello afro era símbolo de libertad, en la actualidad es motivo de vergüenza, por lo que muchas mujeres negras deciden alisarse.

A Samira Garcés la alisaron desde muy pequeña con una crema americana para niñas. “Eso venía con un CD,  mi mamá me decía que tenía el cabello muy duro y que no se podía manejar. Entonces ponía la canción en Ingles, yo la cantaba y ella me aplicaba el producto. Para nosotras el cuento del alisado ha sido como una tradición de familia para evitar burlas”, afirma

Ella decidió dejar de alisarse y hace cinco años lleva su cabello afro al natural.

A Ketty Perea la alisaron cuando tenía 11 años. “Todo el  proceso fue  por parte de mi madre que estaba cansada de peinarme, ella optó por suavizarme la parte externa del cabello. Así duré hasta que entré a la universidad”, recuerda.

Ella se alisaba cada mes hasta que se le cayó el cabello en su totalidad. “Fue en ese momento que decidí dejar de usar químicos”, me hice trenzas corridas para que creciera y empecé a llevar mi cabello afro.  Han pasado ya  6 años, me siento libre y fue un cambio positivo”, comenta Ketty.

En regiones como el Chocó y Buenaventura existe la tradición de alisarse al cumplir los 15 años. Porque es la edad en que se empieza a ser mujer y el cabello liso es visto como símbolo de belleza y madurez.

La historia del alisado data del siglo pasado. En 1913, cuando un sastre afroamericano arreglando una de sus máquinas de coser dejó caer un producto que contenía lejía y vio como una prenda se estiraba, lo probó en su cabello y luego lo comercializo.

El negocio de los productos capilares mueve grandes sumas de dinero a nivel mundial. En Colombia se vende libremente, hay poca  regulación y no se prevén los daños que pueden causar a la salud.

Diego Valencia Lucumí, cirujano plástico, realizó una investigación en la que descubrió los efectos  que causan los químicos al ser aplicados directamente en el cuero cabelludo.

“Los que sirven para alisar tienen un PH alcalino. Contienen  Soda Cáustica, Formol y ácido sulfúrico. Fuera de eso algunas marcas le agregan otras sustancias como fórmula secreta para marcar la diferencia. Lo que muy poca gente sabe es que estos productos se  absorben, llegan a la sangre y dañan las hormonas femeninas que son las más sensibles. Causando irritación, quemaduras, perdida de sensibilidad y alopecia”, afirma Diego.

Jessica Bravo creó la línea de productos naturales Afronía. “La idea nació de una experiencia muy personal que me pasó.  Yo antes tenía el cabello alisado y una vez  me quemaron el cuero cabelludo, en ese momento me  surgieron tantas preguntas, una de ellas, era por qué yo me alisaba y cuál era la razón que me llevaba a hacerlo, si nunca me había gustado”.

Ella no estaba a gusto con su apariencia. Lisa se sentía como si tuviera una peluca por lo que se llenó de valor y cortó su cabello.

“A medida que el pelo iba creciendo me di cuenta que acá no habían productos naturales para nuestro tipo de cabello afro, fue entonces que empecé a vender la mascarilla capilar de manteca y el aceite de Coco, luego la línea completa”, explica

Por su parte, para Samira "el problema es que se crece creyendo que el cabello de uno es feo, malo y que es lo peor que se puede tener en el cuerpo y la alisadora es como la solución para mejorar. Eso tiene que ver mucho con lo que viene de atrás y no es culpa de mi mamá  porque a ella su mamá se lo enseñó así y son tradiciones con las cuales hay que romper”

Llevar el cabello alisado, afro, o con trenzas debe una decisión propia y no algo impuesto. Lo importante es aceptarse  y no sentir de vergüenza por lo que se es. El reto es concientizar a las comunidades negras y a las madres que siguen esta tradición para que no pongan en riesgo la salud de sus hijas a temprana edad.

@yesslemos

 

 

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