¡Nosotras parimos, nosotras decidimos!

Las mujeres no tenemos derecho al aborto en la medida en la que los hombres no pueden abortar

Por: Jennifer Cardona Malaver
marzo 22, 2017
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¡Nosotras parimos, nosotras decidimos!
Foto: Archivo afraelortiz.com

¡Óyeme, Naturaleza! ¡Escucha diosa amada! Si fue tu voluntad hacer fecundo a este ser, renuncia a tu propósito. Lleva a sus entrañas la esterilidad. Sécale los órganos de la generación, y de su cuerpo envilecido nunca nazca criatura que la honre.[1]

Las mujeres no tenemos derecho al aborto en la medida en la que los hombres no pueden abortar; durante décadas enteras, mujeres en todo el mundo se han organizado y emprendido la lucha por nuestros derechos, los cuales obviamente deben ser equivalentes a “sus” derechos. Es preciso comprender que como “ellos” no fecundan, y por tanto no pueden interrumpir ese proceso, nosotras tampoco podemos hacerlo, además ¿a quién se le ocurre creer que tenemos la autonomía de revertir el sistema de reproducción humana y de pasar por encima de nuestra naturaleza biológica?

Tal vez, el solo hecho de pensar en la posibilidad de interrumpir voluntariamente el embarazo es excesivamente polémico para una sociedad conservadora, pero lo que no causa conmoción, es el hecho de que en pleno siglo XXI las mujeres aun no podamos decidir sobre nuestro propio cuerpo. Hace mucho tiempo, en el año 1804, surgió el Código de Napoleón, en donde se consagraba que el cuerpo femenino no nos pertenecía, lamentablemente esa situación al día de hoy no ha cambiado, y la sociedad se ha negado a aceptar que no somos princesas domésticas, ni débiles, ni obedientes, ni pasivas, ni que no nacimos para ser solo madres.

Es que no se imaginan lo que sentimos al vivir a partir de lo que otros han hecho con nosotras.

Emma Goldman sostenía que el desarrollo de la mujer debe surgir por nosotras mismas, a partir del rechazo del derecho que cualquiera pretenda ejercer sobre nuestros cuerpos, negándonos a engendrar hijos a menos que lo deseemos, porque todas las mujeres concebimos ideas, pero no todas concebimos hijos.

Aun en nuestra época, la lucha por el derecho al aborto libre y gratuito está restringido a la normativa de la pareja heterosexual y de la familia, limitado a fines reproductivos, anulando la sexualidad femenina. Hacen inexistente la sexualidad de la mujer, a la par que van cosificando nuestro cuerpo, escondiendo la realidad y el deseo a través de los tabúes que hoy conocemos.

Que el aborto sea un delito es problema, y lo que complejiza la situación es que nos hemos visto obligadas a acudir a sitios clandestinos que no cuentan con las garantías ginecológicas, ni higiénicas, que representan un elevado riesgo para nuestras vidas ¿Por qué es tan difícil comprender la necesidad de proteger los intereses personales y socio-económicos que tenemos? ¿Cuándo aceptarán que poseemos iniciativa y voluntad consciente como para poder tomar nuestras propias decisiones? Ese cuento de que “Todos los ciudadanos nacen libres e iguales ante la ley” no se corresponde con la realidad. El día en el que tanto hombres como mujeres tengan la valentía de aceptarnos como seres humanos libres, ese día cambiará la historia y seremos historia.

Alejandra Kollontai hace una caracterización con la que estoy de acuerdo, necesitamos la mujer nueva como aquella capaz de construir un mundo mejor, que defienda el amor libre, la legalización del aborto, la capacidad de cambiar la vida íntima y sexual de las mujeres. Debemos contribuir a construir un lugar en el que estemos satisfechas de ser mujeres y de sentirnos libres de tomar verdaderas decisiones. Nuestra gran labor es la de sacudir a una sociedad profundamente machista, para destruir ese modelo que se nos ha impuesto.

Nos han hecho creer que el aborto es delito, que nuestra sexualidad se da en el marco de la procreación, y por eso, han querido censurar el placer de lo que esta ‘allí abajo’, de lo que muy pocos hablan o apenas susurran (nuestro clítoris, ese que lleva consigo muchas historias excéntricas), pero es necesario desprendernos de los mitos, la vergüenza y los miedos, empezar a tomar las riendas de lo que nos pertenece exclusivamente a nosotras, para tener la valentía de decir yo también soy lesbiana, yo también aborte, yo también me he masturbado, yo también soy mujer y yo decido.

[1] Shakespeare, W. El Rey Lear.

  1. Ensle, E. Monólogos de la vagina. Bestseller internacional. Barcelona, España. 2003.
  2. Millán de Benavides, C. & Estrada, A. Pensar (en) género. Teoría y práctica para nuevas cartografías del cuerpo. Editorial Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, Colombia. 2004.
  3. Varela, N. Feminismo para principiantes. Ediciones B S.A. Barcelona, España. Marzo de 2005.

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