No todo en la vida es fútbol: los deportistas invisibilizados en Colombia

¿Por qué James o Falcao merecen más admiración que Yuri Alvear, Óscar Muñoz y Natalia Sánchez?

Por: Sebastián Camilo Leal Daza
julio 05, 2016
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No todo en la vida es fútbol: los deportistas invisibilizados en Colombia

En una sociedad plural, democrática, donde debería existir una gama de múltiples opciones, los medios de comunicación y la sociedad parecen reducir el deporte nacional en uno solo.

¿Cómo negar la pasión que despierta ver jugar a la Selección Colombia? Muchos sufrimos con los penaltis, con los goles que se esfumaron por pocos centímetros; sufrimos para gritar gol, fundirnos en un abrazo y festejar. Todo ello parece ser de las pocas cosas que convocan a las masas para escapar de una realidad que muchas veces nos parece triste, difícil y llena de derrotas. Los colombianos vemos en la selección los triunfos propios, la alegría propia. Sin embargo, más allá de lo que debería unirnos, muchas veces este fenómeno futbolero nos separa, marginando a otros e invisibilizándolos, y no hablo solo del caso vergonzoso de cuando algunos hinchas (que no son más que ladrones u homicidas en potencia que se ponen una camiseta) se apuñalan los unos a los otros Aquí es necesario hablar también de los otros excelentes deportistas, de los otros deportes que son invisibilizados por los medios y que no tienen la atención que tiene el fútbol masculino en nuestro país.

Analicemos:

Los medios, desde los noticieros hasta la prensa escrita local, ponen en sus primeras planas, triunfos o derrotas de la selección, incluso con nimiedades y superficialidades de la vida personal que no deberían por qué importarnos de aquellos que los mismos medios y la misma sociedad se han encargado de endiosar. Por supuesto, un deportista como Falcao, James, o como el recientemente frustrado y derrotado Messi (Que fue digno de recibir cartas y voces de apoyo desde todas las partes del mundo), ha luchado duro y sus capacidades físicas y éxitos deportivos mercen admiración, pero ¿Son por ello más heroicos, más admirables que un valiente campesino pobre, que azotado por el conflicto armado se la sigue luchando todos los días por seguir cultivando la comida que usted seguramente comerá mientras ve el partido? ¿Serán ellos más heroicos que esos médicos y enfermeras que en las noches y en las madrugadas salvan cientos de vidas? ¿Serán más heroicos que una madre soltera que sacó sola a sus hijos, a pesar de las dificultades? Ahora, merecerán más admiración que otros deportistas, y no solo estoy hablando de un Nairo Quintana, de una Mariana Pajón, de una Caterine Ibargüen o de un Esteban Chávez (para citar algunos), sino de muchos otros que han sido campeones en sus respectivos deportes y prácticamente no existen, porque ni los medios les interesan o hablan de ellos, ni a la larga a la sociedad colombiana. Aquí lo que deberíamos ver es la perseverancia, la verraquera, el ímpetu de muchos de ellos, que aún aguantando hambre, sin un peso de apoyo de del Gobierno, y frente a unas y mil dificultades, siguen corriendo, siguen nadando, siguen saltando, siguen pedaleando, siguen luchando con todas sus fuerzas, como el caso de Yuri Alvear, campeona mundial de yudo en 2009 y 2013, además de ser medallista de bronce en los Juegos Olímpicos de 2012; de Óscar Muñoz medallista de bronce en Londres 2012, o de Natalia Sánchez,  campeona Panamericana en 2007, Suramericana en 2006, 2010 y centroamericana en 2010 de Tiro al Arco. Solo por nombrar  algunos.

El deporte no debe ser solo para reconocimientos, o para intentar ser mejor que otros. Estos deportistas merecen también la atención de los medios en un sesgo parcializado (por no decir patrocinado) y una excesiva atención que le han dado al fútbol masculino. Y eso sin adentrarnos en el machismo del mismo, pues hasta las mismas futbolistas femeninas son invisibilizadas por ser mujeres, a pesar de obtener el subcampeonato en el Sudamericano Femenino de 2010.

Sabemos, por un lado, que los grandes patrocinadores (12 compañías entre las que están Bavaria, Movstar, Coca-Cola o Bancolombia) se han encargado de hacer del fútbol masculino un negocio mediático y publicitario. Sabemos de la corrupción de la FIFA. Sabemos los miles y miles de millones que se mueven con los fichajes, la publicidad de los futbolistas etc, y por ende la promoción en cualquier noticiero, cualquier valla, cualquier periódico que regalen. Pero, por otro lado, somos nosotros mismos los que cultivamos en la mente de nuestros hijos, sobrinos, familiares, esa semilla de la pasión por el fútbol (que no tiene nada de malo) pero que por momentos parece que sirve para radicalizar odios competitivos al equipo contendor, y para hacerle ver a los niños que solo existe un deporte, y que la vida solo se hizo para los que ganan en el fútbol y para los que son mejores en él. El bebé no ha empezado a caminar y ya tiene puesta la camiseta de Millonarios, del Nacional, del Santa Fe, o de cualquier equipo. Incluso si es extranjero. Lo mismo sucede con el partido político de la familia, con la religión de la familia, o con la manera de pensar de la familia.

Recientemente, el país supo del campeón mundial de gimnasia Jossimar Calvo, lastimosamente no por su reciente triunfo que no tuvo tanto eco como los del fútbol, sino por los atentados en el aeropuerto de Estambul en donde él ese encontraba haciendo una escala. Seguramente seguiremos amontonándonos en los bares, en las casas y restaurantes para sufrir, llorar y celebrar con la selección. La gente seguirá sacando excusas para no ir a trabajar e incluso los congresistas cortarán la luz del Congreso para escabullirse e ir a mirar el partido para seguir ganando de todas formas la módica suma de 27 millones de pesos.

Seguramente muchos seguirán comprando las camisetas que dicen James en la espalda. Sin embargo, quizás  a alguien se le ocurra, poco a poco, ponerse una camiseta que tenga el nombre de Nairo o el apellido de Ibargüen. Quizás a algunos muchos se les ocurra compartir las noticias de estos otros éxitos deportivas en las redes sociales. La invitación es a celebrar igualmente con los triunfos y de apoyar en las derrotas a todos nuestros deportistas sin excepción. Y más allá de ponerse una camiseta con el nombre de nuestro ídolo del momento, es reconocer, apoyar y celebrar, en el día a día, los héroes que nos cultivan la comida, que salvan vidas, que nos protegen, que enseñan en las aulas y que nos sacan adelante y, que por el momento no merecen camisetas, una sección en el noticiero ni millones de pesos. Regalémosle nuestro reconocimiento y nuestra admiración también.

 

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