No solo del reguetón vive el hombre

Por fortuna, con los nuevos medios virtuales, ‘Mala mía’ de Maluma tiene su contraste en ‘O sole mio’ de De La Espriella

Por: LUIS FELIPE VÁSQUEZ ALDANA
Noviembre 09, 2018
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No solo del reguetón vive el hombre
Foto: Instagram @Maluma / @elaespriella_style

El año pasado, cuando Totó la Momposina nos regaló la siguiente frase “El reguetón embrutece a la humanidad”, la cantautora colombiana aseveró que las letras de este género no dicen ni aportan nada a la música. En este sentido, si no se aportan aspectos de mayor cultura a nuestra cotidianidad, en una antítesis de darwinismo, será el hombre el que se convierta en mono.

La cultura popular que venía oscurecida por el peso de las expresiones de las bellas artes, donde, sin lugar a dudas, las minorías de élite y academia se enseñoreaban de la alta cultura, tanto en producción creativa como consumo, fue desde principios del siglo XX que se precipitó un nuevo valor estético en la expresión de la cotidianidad.

La cultura del ocio y personajes de bohemia dieron paso a movimientos artísticos que, aunque en oposición a la anterior élite, sí vincularon aspectos de las bellas artes y acogieron la influencia de lo clásico en la manufactura creativa de lo usual: el rock, el jazz, el pop, entre otros géneros musicales; el cómic y el pop art en lo visual, y en lo narrativo, nuevos géneros literarios, pues la novela como tal ya había ganado su lugar en las bellas artes.

En la música, la mejor muestra de ello es la laureada voz y obra de Freddie Mercury, cuya historia de vida está ahora en las salas de cine en el filme Bohemian Rhapsody. Lejos de ser una herejía, la voz del rockero es una leyenda viviente, considerada por expertos como mejor que la de un intérprete de ópera, incluyendo a Pavarotti o Andrea Bocelli. Según los estudios del 2016 por Logopedics Phoniatrics Vocology, las variaciones tonales de Mercury alcanzaban una frecuencia de 7.04 Hertzios, donde el rango promedio de un vibrato es de 5.4 Hz a 6.9 Hz.

Mejor dicho, en la cultura pop, o en este periodo del siglo pasado, podías encontrar un barítono como Mercury en el rock o el pop; podías encontrar una poesía en las letras interpretadas por Enmanuel, Miguel Bosé, Camilo Sesto, entre todos; podías degustar del placer estético con una de las mayores cargas intelectuales, en una historia aparentemente costumbrista y de cotidianidad, como las de Gabo, Rulfo, Faulkner o Steinbeck. ¿Quién me baila este trompo en una uña?

Pregunto, ¿por qué lo estético, lo clásico y lo intelectual quedó plasmado en la cultura pop del ayer? Hoy estamos en una decadencia infinita, la revolución desciende a la subcultura. ¿Culpables? Yo les tengo unos cuantos, con conocimiento de causa, por lo menos en la música el primero es la payola, que bien fue usada desde los años 20 y pocos escaparon de ella, sin embargo, nos trajo el karma cuántico del reguetón, sonoro y con ritmo sí, pero de letras y estética “pocón, pocón”. Cabe recordar que la payola es el acto punible de comprar al Dj (locutor), a cambio de que programe la música del artista.

Pero bueno, el punto es que el acto ni comienza ni termina ahí. Los medios de comunicación, en este caso las cadenas radiales, tenían una responsabilidad social de educar e informar y, en el caso, de entretener con música. Este fue un hecho muy alejado de construir la cultura y, por el contrario, propició la ordinariez desde sus micrófonos, apoyados en esta suerte de lumpen y género musical.

Aunque hoy, la era digital que los desplaza a un paso más vertiginoso que lento, no los exime de su responsabilidad y de asumir su papel en la hegemonía cultural, la historia nos dice que la cultura pop nunca dejó de ser estética ni intelectual. La pregunta es: ¿hoy conocemos algún tenor cantando reguetón? Por fortuna, en estos nuevos medios virtuales, Mala mía de Maluma tiene su contraste en O sole mio de De La Espriella, y nos devuelve la idea de disfrutar con placer del arte. Esto es un acto de equilibrio cósmico para la producción artística colombiana. Por cierto, quienes consumen lo clásico recuerden: no solo de reguetón vive el hombre.

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