No se confundan: en Colombia, la mayoría somos gente de bien

"Ante la ridiculización que hace la izquierda es necesario fortalecer la batalla ideológica en contra de la conspiración totalitaria que busca envilecer a las masas"

Por: Ariel Peña González
marzo 27, 2019
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No se confundan: en Colombia, la mayoría somos gente de bien
Foto: Pixabay

El marxismo cultural nacido con la escuela de Fráncfort en 1923 ha buscado acabar con las tradiciones occidentales, para crear un bloque de poder hegemónico que cambie de raíz todos los valores sociales, morales y culturales. Con esto se busca lumpenizar a los ciudadanos colombianos, para que sean más proclives a los dogmas de la trampa comunista y así poder montar una dictadura totalitaria sempiterna.

Por eso desde hace algún tiempo en el país se presentan burlas en contra de la gente de bien, enmarcándola como si existiera única y exclusivamente en las altas esferas económicas y no fuera el bien un patrimonio de la inmensa mayoría de los ciudadanos al cual le tienen un gran sentido de pertenencia. Esa ridiculización tiene su sello político que pretende que las personas no lleven una vida ordenada y decente, sino que sean presa fácil de los más bajos instintos, como condición necesaria para ser dúctiles a intereses políticos mezquinos.

La gente de bien existe por todas partes, ya que la gran mayoría de los colombianos no son delincuentes, no andan haciéndole mal al prójimo, no buscan la toma de poder político mediante la violencia utilizando la estrategia de la combinación de todas las formas de lucha, no siguen los manuales del terrorismo marxista ni tampoco han hecho parte de bandas criminales financiadas con el narcotráfico. Esos ciudadanos de bien los encontramos en las personas humildes, en las capas medias y en gentes encopetadas o de dedo parado como se dice popularmente, lo cual demuestra que la gente de bien no pertenece a un estrato socioeconómico en especial.

De acuerdo a lo anterior es menester preguntar por qué la mofa de la llamada izquierda con la gente de bien. La respuesta la da el proyecto político totalitario, que busca enajenar y adocenar a las personas para que pierdan la sensibilidad y así convertirlas en una manada que obedezca a una élite marxista. Es que al determinar que la gente de bien únicamente está en un sector de la sociedad se busca que el resto de personas se sientan desubicadas y marginadas, para luego ser utilizadas por los comunistas que con sus diferentes etiquetas buscan la depravación de la población.

La gente de bien se encuentra por doquier: entre los vendedores ambulantes, los lustrabotas, las señoras que venden tinto y empanadas, los vendedores de lotería, los choferes, los obreros, los maestros, los artistas, los intelectuales, los deportistas, los comerciantes, los industriales, los ganaderos, los agricultores, los desempleados, los subempleados, los campesinos, los indígenas, los afro, los sindicalistas, los que creen y no creen, los policías, los militares, los empresarios, los empleados públicos, los estudiantes, los profesionales, etc. Desde luego que en los sectores acaudalados de la sociedad está también la gente de bien, aunque no se puede olvidar que hay individuos impregnados por la corrupción, el narcotráfico y delitos de cuello blanco, amén de otras fechorías, pero mayoritariamente ese grupo es parte de la gente de bien.

Decir que los políticos son gente de bien puede causar resquemor en la ciudadanía por los altos índices de corrupción, que lleva a una pérdida cercana a 50 billones de pesos anuales del erario público. Sin embargo, no es apropiado tomar a rajatabla a todas las personas que actúan en la actividad partidista, porque aunque hay altos índices de deshonestidad, existen muchos políticos comprometidos con valiosos ideales que buscan el bienestar de la nación. A pesar de eso, hay que dejar algo claro: por su conducta desafortunada no se podrían calificar como gentes de bien a los políticos inmersos en actos de corrupción y doctrinas totalitarias.

Para cerrar, en Colombia cuando el marxismo cultural desconoce que la gente de bien es casi la mayoría, busca hacer sentir mal a las personas. Para ello, además, maneja la manipulación semántica comunista, que le permite falsear la verdad para sus fines destructivos en contra de valores, como son: la familia, la religión, las libertades individuales, la democracia liberal y todo lo que tenga que ver con la axiología. Entonces, ante la tergiversación y ridiculización que hace la denominada izquierda sobre la gente de bien es necesario fortalecer la batalla ideológica en contra de la conspiración totalitaria que busca envilecer a las masas.

 

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