No me importa si las encuestas le atribuyen el 10%, el 3.9% o si marcan 20%. Creo, simplemente, que cada ciudadano debe votar por quien considera la mejor opción

 - No quiero el voto útil: voto FajardoNo quiero el voto útil: voto Fajardo

El 31 de mayo votaré por Sergio Fajardo.

No me importa si las encuestas le atribuyen el 10%, el 3.9% o el 0.9%. Tampoco si marcan 20%. Creo, simplemente, que cada ciudadano debe votar por quien considera la mejor opción.

No deberíamos votar en primera vuelta bajo el cálculo táctico de “me gusta fulano, pero voto por mengano para frenar a perencejo”. Ese es el llamado voto útil: un voto movido por el miedo, no por la convicción.

Votemos a favor, no en contra.

Y juguemos limpio: reconozcamos los resultados, tanto en primera como en segunda vuelta. Es inaceptable que el presidente Gustavo Petro deslegitime el sistema electoral. Él, que ha sido elegido congresista, alcalde y presidente, no puede sembrar dudas sobre el proceso cuando los resultados no le favorecen.

Pero también es inaceptable la deslegitimación desde el otro extremo. Los ataques contra el candidato Cepeda —incluyendo la absurda y perversa insinuación de responsabilidad en el magnicidio de Miguel Uribe Turbay— cruzan una línea que una democracia no puede tolerar.

Este clima de desconfianza y manipulación es precisamente lo que alimenta la narrativa del voto útil.

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Nos quieren empujar a votar con miedo.

Las encuestas, la forma en que se formulan las preguntas y los ecos amplificados en redes sociales convergen para presionarnos: “tu candidato no tiene opción, vota estratégicamente”. Así, se instala la idea de que si nuestro candidato está de tercero o cuarto, debemos abandonarlo y apoyar al que tenga más probabilidades de frenar al que rechazamos, de derecha o izquierda.

Ya lo vivimos.

Millones votaron por Rodolfo Hernández en el 2022 para impedir que Petro ganara. Otros votaron por Petro para atajar al ingeniero. No fue un voto de adhesión, sino de contención.

Hoy, la misma lógica se despliega de nuevo en primera vuelta.

Desde un lado, se impulsa la idea de que solo una candidatura, la de Paloma - Oviedo, puede frenar a Cepeda en segunda vuelta. Desde el otro, se promueve la narrativa de que es mejor garantizar el triunfo de Cepeda que arriesgar un retorno político indeseado (Uribe).  En medio de estas presiones, el votante de centro es el principal objetivo: persuadirlo de que su voto “sincero” es, en realidad, un voto desperdiciado.

 El votante de centro es el principal objetivo: persuadirlo de que su voto “sincero” es, en realidad, un voto desperdiciado

Incluso a los votantes de Abelardo se les insiste: “no desperdicien su voto, súmense al que sí puede ganar”, es decir a la llave Paloma – Oviedo.

Considero que el voto útil, en primera vuelta, es una forma de renunciar a la libertad del elector.

La primera vuelta debería ser el espacio de la autenticidad democrática, en la que cada ciudadano expresa, sin cálculo ni miedo, su preferencia real. La segunda vuelta traerá otros desafíos: será el momento de las alianzas, de las decisiones estratégicas.

Más allá de su programa, de su experiencia como alcalde de Medellín y gobernador de Antioquia, y de su respeto por los recursos públicos, considero que Sergio Fajardo representa una forma distinta de hacer política: una que busca gobernar para todos los colombianos, sin exacerbar divisiones ni deslegitimar al contrario. En lo personal, considero que Fajardo está en la línea de la forma de hacer política de Antanas Mockus. Las diez conclusiones reseñadas por La Silla Vacía en su espacio Micrófono Abierto son de lectura obligada para ciudadanos que consideren que los argumentos deben pesar en la política.

A veces pienso, quizás ilusamente, que el día en que se acepte de parte de los líderes de derecha e izquierda, que las víctimas de la violencia en Colombia, todas y no solo las que se consideran afines, son acreedoras de verdad, justicia y reparación, habremos dado un salto hacia la verdadera reconciliación. Son profundas las heridas de los falsos positivos y profundos los dolores que dejaron secuestros y asesinatos. Verdad, justicia, reparación para todos. Veo a Fajardo en esa línea.

Así, votar por convicción es, tal vez, el último espacio de libertad que nos queda como ciudadanos.

Del miso autor: Manual para ganar elecciones en redes

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