"No pude hablar, no pude gritar, no pude llamar a la policía"

"No eran las 12 de la noche, no caminaba ebria, no tenía un escote, ni usaba minifalda, pero si así hubiera sido qué sería diferente"

Por: Adriana Paz Vidal
julio 24, 2018
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Foto: Las2orillas

En la mañana caminaba sola, dirigiéndome a una pequeña reunión en la ciudad de Popayán. Había algo de comercio, pero nada diferente a otras mañanas.

Noté que había un tipo, no le presté mayor atención, hasta que me habló y caminó hacia mí diciéndome que le colaborara con monedas, que era venezolano.

Le respondí de una manera muy cordial que no tenía dinero y que me disculpara, pero debía marcharme. No contento, decidió caminar a mi lado. Yo le manifesté mi desagrado, estaba asustada. Pensé en tomar mi celular para llamar a alguien, pero podía robarme y no había nadie cerca.

Intenté tranquilizarme, diciéndome que estaba siendo muy dramática. Me enfoqué en caminar rápido, pero el tipo caminó a mi ritmo. Mi corazón latía a mil. Entonces recordé que en un pequeño bolsillo de mi bolso tenía unas monedas. Él quería monedas, ¿no?

Entonces abrí con mucho miedo el bolsillo y le dije: "aquí tengo monedas, tome, que esté bien". Pero el tipo no se fue. A cambio de eso, me tomó del brazo con una mano y con la otra me agarró el pecho muy fuerte, ¡agarró mis senos! Aún siento su horrible mano sobre mí y recuerdo el morbo de su voz intentando acercarse para poder besarme. Quedé aterrorizada.

Con el terror que sentí en ese preciso momento, solo pude susurrar que me soltara (aunque por dentro sentía gritar con el alma) y sacar un poco de fuerza para empujarlo, logrando que se alejara. Se alejó, riéndose, mientras yo sentía que mis piernas se caían de miedo junto a mi dignidad.

No pude hablar, no pude gritar, no pude llamar a la policía ni a nadie, solo caminé. Caminé cada vez más rápido y empecé a llorar. Entonces miré a un policía y con un poco de fuerza, pude decirle que un hombre le había hecho daño a mi ser, y que aunque el daño ya lo había causado, no podía permitir que le pasara eso a otra mujer.

Sin embargo, lo único que hizo aquel policía fue enviar a una patrulla para que vigilara el sector y pedir mi número por si tenía más información para después llamarme y así, sin más, me despachó. Sentí rabia por todo: por haber pasado por aquel lugar, por no ser fuerte y correr o poder defenderme dándole un golpe.

Pero, ¿fue mi culpa?, ¿a quién debo culpar?, ¿a Nicolás Maduro por todo el daño que le ha causado a su país y ocasionar que aquel tipo estuviera en ese lugar?, ¿a la inseguridad de mi país?, ¿a mí por ser mujer y no ser lo suficientemente fuerte?, ¿al tipo sin corazón, sin valores, que se reía por su maldad?

¿Cómo elimino esto que siento? No eran las 12 de la noche, no caminaba ebria, no tenía un escote, ni usaba minifalda, pero si así hubiera sido qué sería diferente. Es de noche y aún espero la llamada por parte de la policía.

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