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Opinión

No ganó Trump

Los movimientos sociales y los momentos históricos son los que determinan la evolución social y política de las naciones; los grandes cambios no los crean los individuos, solo los encarnan

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Noviembre 16, 2016
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Decir que no ganó Trump no es poner en duda su elección sino afirmar que son los movimientos sociales y los momentos históricos los que determinan la evolución social y política de las naciones, y que los grandes cambios que marcan hitos en ese proceso no los crean los individuos sino solo lo encarnan: ganaron quienes votaron por el Sr. Trump, quienes lo escogieron en las primarias y lo subieron a la Presidencia; y debemos entender quiénes son y cómo y por qué sucedió eso pues es lo que permite precisar lo que significa y lo que puede traer ese triunfo.

La propuesta del Presidente Monroe en 1823 al proclamar “América para los americanos” fue cuando todavía por América se entendía todo el continente y no sólo los Estados Unidos, y los americanos éramos los habitantes de todos los países que podían ser influenciados por los países colonialistas europeos.

El mensaje de la campaña Trump más que ‘volver América grande’, fue la de ‘América para los americanos’ en el sentido que lo entenderían hoy.

 

El mensaje de la campaña Trump
más que ‘volver América grande’,
fue la de ‘América para los americanos’

 

Tal vez para volver más republicano el eslogan —recordando el éxito de Reagan—, se optó por aquel. Pero las propuestas y los programas eran claramente en esa dirección: acabar con los TLC; culpar del deterioro de la industria al traslado al extranjero de las empresas para favorecerse de condiciones más laxas de la mano de obra en otros países; salirse las guerras en los países de Oriente; impedir la competencia de los inmigrantes ilegales que además de quitar puestos de trabajo tendían a hacer bajar el salario interno; oposición al Pacto Trans Pacífico (PTP); el muro con México; etc.

Los Estados Unidos por su origen como población de emigrantes cuasiexilados tenía y tiene una tendencia al individualismo y al aislacionismo. Basta recordar que nunca quisieron entrar voluntariamente a ayudar a quienes resultaron siendo sus aliados en las dos guerras mundiales, y que fueron los enemigos quienes forzaron su entrada con el hundimiento del Vigilantia por parte de los alemanes en la primera, y el bombardeo a Pearl Harbor por parte de los japoneses en la segunda.

En particular La ‘América profunda’ no convive con el mundo ni comparte con el gobierno central sus preocupaciones, y por el contrario los americanos de los estados viven distanciados incluso del gobierno federal, insertados dentro de su propio contexto y limitados a los problemas de su vida local.

A esa posición de la América profunda se sumó lo que produjo el abandono de las fábricas en las zonas industriales y la competencia de la producción extranjera, lo que se concentró y manifestó en el deterioro de vida de la clase trabajadora. El mapa electoral que siempre había sido republicano en el centro y del Partido Demócrata en las costas se volvió de derecha también en los núcleos industriales donde antes los sindicatos eran firme apoyo de los candidatos de izquierda. Por eso perdieron en Michigan, Wisconsin, Ohio, Carolina del Norte, Pensilvania que eran los estados que consideraban ‘el cinturón blindado’ que les garantizaba la victoria.

Y el otro elemento que falló fue el contar con el voto latino. En parte porque los latinos que pueden votar son los que ya tienen ciudadanía americana —es decir, son americanos y son la mayoría de la clase trabajadora y, exceptuando a quienes tiene parientes en condición de ilegales que se sienten perjudicados por las políticas antiinmigrantes, tienen los mismos problemas y motivos para votar que cualquier americano—. Y en parte porque en la Florida –que siempre se consideró el posible pivot de las elecciones— estos son en su mayoría cubanos de extrema derecha, enervados además por los acercamientos ‘incondicionales’ al régimen de los Castro.

El modelo prevaleciente de los últimos 25 años —el de la globalización, las burbujas y los rescates del sector financiero, la desregulación del Comercio, el neoliberal— habían deteriorado la calidad de vida de los blancos ‘olvidados’ que espontáneamente se alineaban con Trump; pero también a quienes dirigía su mensaje Trump era a quienes se les aseguraba que estaban convirtiéndose en clase media, pero que al mismo tiempo las necesidades que está ‘promoción’ les traía se convertían en frustraciones por no poder satisfacerlas. Su ingreso nominal aumentaba pero en términos de poder adquisitivo disminuía. Y ese modelo lo representaba más que nadie Hillary Clinton que era la clase política por antonomasia y con ocho años de gobierno de su marido, cuatro de senadora y otros dos periodos de secretaria de Estado no podía estar más comprometida y más identificada con eso que el electorado quería desechar.

La clase política –Congreso y Partidos políticos— venían sufriendo el mismo rechazo que en todas partes. El mismo Obama había sido elegido por ser un outsider sin vinculación alguna con la élite política de Washington o la élite económica de Wall Street.

 

Obama había sido elegido por ser un outsider
sin vinculación alguna con la élite política de Washington
o la élite económica de Wall Street

 

Desde 1994 (gobierno Clinton) el péndulo se venía moviendo hacia la derecha y el Partido Republicano paulatina pero sistemáticamente consolidando su poder en el Congreso (ya tenía mayoría en ambas Cámaras) e internamente con el ascenso del sector del Tea Party. Mientras tanto la dirigencia del Partido Demócrata, al tiempo que dependía del poder mediático y de las grandes compañías, se alineaba con la defensa de las minorías. Pero estas además de ser eso —minoría— solo ofrecían beneficios a sus capas más altas de clase media pues muy poco le cambiaba a la clase trabajadora.

Incluir estas consideraciones en los análisis es bastante más constructivo y positivo para manejos futuros que las calificaciones de ‘sexista’, de ‘espantoso’, de ‘payaso’. Igual que aquí, el voto en cierto modo tuvo mucho contenido de plebiscito contra el modelo económico y contra el gobierno que lo representaba. Aquí valdría la pena tener claridad que él No del plebiscito no fue de Uribe —pues sus seguidores apenas llegan a 2 millones—, sino de los que hoy aceptan que con los ajustes y un mejor conocimiento de lo que el Acuerdo implica (no es apoyar o no al gobierno), se subsanan los puntos que los indujeron a votar de esa manera.

 

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