Ni rajan ni prestan el hacha: personalidades atornilladas al poder

Ni rajan ni prestan el hacha: personalidades atornilladas al poder

Aferrados al poder como los expresidentes o atornillados en cargos como los políticos, algunos líderes han mantenido sus puestos sin ánimo de bajarse del trono

Por: Germán Vargas G.
junio 10, 2022
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Ni rajan ni prestan el hacha: personalidades atornilladas al poder
Fotos: Archivo/Instagram

Técnico o presidente extranjero

Nada más ridículo que el drama alrededor del fútbol: sus grupos de interés actúan como si estuvieran firmando la paz o la justicia social. Lecciones para las elecciones.

Entre el brillo de los equipos inflados con el dopaje del narcotráfico y el prestigio de las selecciones fundadas por Francisco Maturana, las expectativas de Colombia se agrandaron.

Renunciamos a la singular oportunidad de realizar el Mundial y alguien llegó a decir “equipo que cojamos mal parado, lo goleamos”.

Siendo pésimos administradores del éxito y el fracaso, ambos escenarios se detonaban con dos Floreros de Llorente: jugamos como nunca (y perdemos como siempre) o la famosa “rosca paisa”.

Esa milagrosa generación se envejeció, sin haber sido incondicionalmente gratificada, por causa de nuestra eterna insatisfacción.

Cada tanto, la prensa bautizaba a algún mortal como sucesor de cualquier crack; el recuerdo de aquel cuarto de hora atormentaba al respectivo presente y el oportunismo de nuestros pésimos periodistas e hinchas fomentaba la polarización.

Tuvimos por televisión mundiales hasta que emergió un equipo que, desde mi perspectiva, nunca fue superior a la antedicha, aunque la abundancia de oportunidades con las que crecieron se tradujo en mejores resultados. Originalmente, el factor diferencial fue la nominación de un seleccionador extranjero.

Pékerman tuvo suerte, y eso es insostenible. Aunque su trayectoria presuponía aportes a las categorías juveniles, nunca asumió esa responsabilidad.

Pese a haber tenido sorteos generosos y jugadores en momentos estelares, en las instancias determinantes planteó partidos tacaños; jamás influyó en el diseño de los campeonatos locales y nuestra representación en torneos internacionales es mediocre.

Sin embargo, la prolongación de la era Pékerman se volvió asunto de Estado. Ahora, tras un escandaloso periodo, desembocamos en la designación de su mano derecha: un advenedizo que no debería haberle quitado el puesto a Gamero (ya no insisto con Osorio, pues su conducta en América me decepcionó).

Esa polarización, codependencia y continuismo es análoga a la de nuestra política. Además del permanente sometimiento que impone la derecha, por primera vez en nuestra historia casi toda la izquierda logró ponerse de acuerdo y el centro arruinó la fiesta improvisando una coalición pegada con babas.

Los problemas no eran el estrés postraumático de Ingrid o la cancerígena egolatría de Alejandro Gaviria. Los Galán corrompieron el apellido del papá y Fajardo se divorció de su fórmula vicepresidencial exhibiendo divergencias de criterio que habrían guiado al país a un desgobierno como el de Duque.

Es una vergüenza que hayan actuado en nombre de Mockus, quien sí construyo identidad entre sus simpatizantes, y cultura ciudadana.

Colombia se merece periodistas deportivos y políticos, así como representantes en las ramas del poder de origen extranjero. Yo propondría nacidos en los países nórdicos o en Nueva Zelanda.

El establecimiento tiene etiqueta "Made in USA" y aunque a Petro le endilgan la comunista, en realidad ostenta la francesa o italiana.

Dios Antonio se cree Yamid Amat. Peláez, a quien admiré mucho, tampoco se jubila.

Aferrados al poder como los expresidentes o atornillados a los cargos como los congresistas. Nos metieron a sus delfines y tampoco fueron capaces de formar sucesores dignos.

La política es tan resultadista como el fútbol. Todo vale. Incluso, hay quienes ruegan que Petro gane, así sea obteniendo una victoria pírrica, de apenas 50% de los votos más 1.

De nada serviría. Tocaba ganar por goleada, por  una mayoría calificada o absoluta, pues ni siquiera contamos a los abstencionistas.

La mayoría común frustró a la paz. En algún momento se inventaron los desempates con Gol de Oro o con Lanzamientos desde el Punto Penal.

Aquí debería existir el sistema de conteo Borda: eliminar la segunda vuelta y reducir los redundantes órganos legislativos, eligiendo además expertos en temas específicos, antes que generalistas amparados por el transfuguismo.

No hay coherencia filosófica en estos juegos. No pudimos reparar los daños que heredamos. Y nos sentimos excluidos, como extranjeros o parias en nuestro país.

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