Ni Bolívar fue de izquierda ni Santander de derecha

Una reivindicación histórica a raíz de algunas opiniones sobre estos dos personajes que se han hecho populares en los últimos tiempos

Por: JOSE ALVAREZ
julio 29, 2021
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Ni Bolívar fue de izquierda ni Santander de derecha

En el marco del estallido social que se vive en Colombia desde hace casi tres meses, uno de los blancos de la indignación ciudadana han sido las estatuas de diversos personajes, desde Colón hasta Pastrana Borrero, pasando por Belalcázar, Nariño y sobre todo Santander. Sus esculturas han sido blanco de la furia popular en ciudades como Popayán, Manizales o Cali. Todo esto se explica en un contexto en el cual la izquierda ha hecho de Bolívar su héroe y Santander ha pasado a ser el villano, siendo asociado con lo más conservador de la historia nacional.

La historia no siempre fue así. Hasta mediados del siglo XX era impensable que a Santander se le fuese a asociar con la derecha y a Bolívar, con la izquierda. Por el contrario, el retrato del caraqueño siempre presidía los salones de eventos de los más reaccionarios políticos del país, siendo vindicado por el Partido Conservador el ser sus legítimos herederos y por ideólogos de la talla de Lucio Pabón Núñez o Gilberto Alzate Avendaño. En tanto, el cucuteño, al ser asociado con el Partido Liberal, era el santo de la devoción de cualquier mente progresista o revolucionaria del país.

Tanto es así que cuando la Universidad Nacional inaugura su campus en 1936, el nombre que las bases del ala revolucionaria del partido liberal, los gaitanistas y los comunistas escogen para su plaza principal es la de Plaza Francisco de Paula Santander. Además, cuatro años después, se le encarga una estatua a los famosos escultores Luis Pinto Maldonado y Bernardo Vieco para que la juventud progresista y revolucionaria honrara al hombre de las leyes en la universidad pública más importante de Colombia. Para entonces, era impensable que cuatro décadas después, esa estatua fuera a ser derribada durante las protestas estudiantiles de 1976 y que el nombre de la plaza fuese a ser reemplazado por el de un brillante revolucionario ya no del siglo XIX sino del siglo XX: el Che.

Ese cambio de paradigma frente a los héroes de derecha y de izquierda ha sido analizado por historiadores como el maestro Jorge Orlando Melo, quien da cuenta de cómo a mediados del Siglo XX con la aparición de la biografía de Simón Bolívar escrita por Indalecio Liévano Aguirre, Bolívar empieza a tener un papel de “héroe” también en las filas de la izquierda. Sumado a eso, influyó mucho el gobierno de Rojas Pinilla, ya que por su origen militar y conservador era un fiel seguidor del Bolivarianismo. A la par que prohibía el comunismo, Rojas Pinilla incorporaba en su gobierno a Antonio García, un intelectual cercano a la ideología socialista, quien en 1952 había escrito una biografía de Bolívar en una línea similar a la escrita tres años antes por Lievano Aguirre, donde se exaltaba a Bolívar como un liberal del ala militarista y popular, opuesta a la de un Santander civilista, el cual, en su concepto, representaba un liberalismo de élites. Ese culto por Bolívar durante el gobierno del general Rojas, va a ser luego heredado a comienzos de los años 70 por la guerrilla nacionalista del M-19, formada en su mayoría por hijos de militares de ese periodo de gobierno, y por militantes de la Anapo, partido político fundado por el general tunjano para competir en las elecciones de 1970, siendo su secretario Milton Puentes determinante en la influencia para la reivindicación ideológica del bolivarianismo por la nueva guerrilla.

Por otra parte, las Farc también van a empezar a reivindicarse como “bolivarianos”. Sobre la ideología de dicho grupo, para nadie es un secreto que Jacobo Arenas fue su gran ideólogo. Arenas igualmente era un gran admirador de Bolívar. Su bolivarianismo posiblemente haya sido adquirido durante sus largos años como soldado del batallón Guardia Presidencial en los años 30 y 40, cuando el ejército estaba altamente influenciado por la ideología conservadora, en tanto que la policía para esa época era cercana al liberalismo y santanderista. Eso, sumado a un intento de la URSS en los años 70 por reivindicar héroes nacionales a lo largo y ancho del planeta e incluso, presentar como “antiimperialistas” a personajes que vivieron cuando el imperialismo aún no había aparecido, llevó a que muchos sectores de izquierda empezaran a reivindicar como su héroe a quien años antes era visto como un ideólogo más del conservatismo.

No obstante, mantener esos estereotipos en pleno siglo XXI solo conduce a absurdos. Si se hace una lectura seria de la historia, hay hechos objetivos e incontrovertibles sobre la vida de Santander y de Bolívar que hoy nos permiten saber que ni Bolívar fue de izquierda ni Santander de derecha. Así, por ejemplo, es innegable que Santander encarnó la ideología más revolucionaria de su época: el liberalismo.

Santander fue federalista, impulsor decidido de la educación pública gratuita mediante leyes como la 8 de 1821 que estableció la instrucción pública obligatoria para niños entre 6 y 12 años de edad, la ley del 11 de marzo de 1822 que impulsó la educación indígena mediante becas, o la creación de los más de veinte colegios mayores, muchos de los cuales son el origen de universidades como Unicauca, la Universidad de Cartagena, o la Universidad Central, antecesora de la Universidad Nacional.

Santander fue amigo y promotor de pensamientos "subversivos" como el de Jeremías Bentham y el utilitarismo; enemigo del militarismo; hábil guerrillero en los llanos orientales armando a campesinos e indígenas para la lucha contra España; masón; defensor del Estado Laico y de la separación de la iglesia y el Estado; defensor del sufragio universal; vio con recelo la injerencia de Inglaterra en América; fue un hábil administrador público, que recibió a una colonia quebrada y endeudada y aun así hizo maromas para financiar las campañas militares de Bolívar; fue defensor de la Unidad de la Gran Colombia, como lo demuestra su decidido rechazo al intento separatista de Páez durante el incidente de La Cosiata y fue enemigo de los gobiernos autoritarios o cuasi monárquicos como el que encarnó Bolívar en Alto Perú en 1825 y en la Gran Colombia después de 1828.

Bolívar, por el contrario. Su trasegar histórico dista mucho del imaginario que de él tienen algunos sectores de izquierda. Era centralista; defensor del estado confesional católico; militarista; partidario de gobiernos autoritarios y vitalicios como el establecido en la Constitución Boliviana de 1825 y en el Decreto orgánico de la Dictadura de 1828. Bolívar prohibió estudiar a Bentham y el utilitarismo por "subversivo"; fue amigo de terratenientes y esclavistas como los Arboleda, los Mosquera de Colombia y los Sucre o los Urdaneta de Venezuela; coqueteó con el imperio inglés con quienes endeudó al país hasta los tuétanos; quiso gobernar de manera vitalicia y que cuando muriese, viniese un príncipe europeo a ser su sucesor.

Bolívar no abolió la esclavitud a pesar de que gobernaba por decreto y le hubiese bastado una firma, la suya propia, para hacerlo. Le temía a “la pardocracia” y ese miedo lo llevó a mandar matar a líderes militares con orígenes negros que estaban a favor de la abolición de la esclavitud: Manuel Piar en Venezuela y Padilla en Colombia. Bolívar desde el 10 de octubre de 1817 estableció una jerarquía injusta y absurda frente al destino de las tierras confiscadas a los españoles: A los jefes militares (que eran terratenientes) se les daría propiedades por hasta 25.000 pesos. Mientras que a los soldados de a pie, sería solo por 500 pesos. Lo peor de todo, a los civiles, esa masa pobre e inerme de agricultores que no tenían donde caerse muertos pero que cultivaban el alimento que consumía la tropa, no se les daría nada. El resultado fue el esperado: militares protegidos por Bolívar como Cedeño, Mariño, Arismendi y Páez terminaron quedándose con la mayor parte de la tierra y a la tropa se les pagó con vales que al final muchos de ellos ni siquiera pudieron cobrar.

De los seguidores y aliados de Bolívar a excepción del gran José María Melo, todos los demás terminaron militando en los partidos conservadores de Ecuador, Colombia y Venezuela. Entre tanto, los seguidores de Santander fueron quienes adelantaron las grandes reformas liberales de mediados del Siglo XIX en Colombia, las cuales, lograron avances como la desamortización de bienes de manos muertas o la abolición de la esclavitud, siendo ésta una promesa que Bolívar no le cumplió a Petión, pero que sí la cumplió un santanderista partícipe de la insurrección de septiembre de 1828: Jose Hilario López.

Por ello, si la izquierda quiere reivindicar personajes de la independencia como modelos a seguir, debería por coherencia buscar a personajes distintos a Bolívar. Finalmente, el héroe fue el pueblo que puso la tropa y los muertos, y el que se sacrificó para que hubiese una transferencia de poder entre la casta borbónica y la casta criolla. Quienes quisieron interpretar el verdadero sentimiento de las masas y su anhelo de un verdadero cambio, de una verdadera libertad sin esclavos ni amos, como es el caso del gran Manuel Piar, terminaron fusilados por el Libertador. Santander no llegó a esos extremos abolicionistas y gracias a ello no corrió con la misma suerte de quienes sí lo hicieron.

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