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Opinión

Ni Black Friday ni Cyber Monday: lo popular se resiste

“Compa, yo pa’ el otro año, ni haré Bla Friday ni muchos menos voy pa’ el Civermondá, eso es puro peñón (mentira)”.

Por:
Noviembre 30, 2016
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Hace unos tres años, se conoció la noticia de un hombre que a las afueras de un almacén en New York, dio muerte a otro, luego de una disputa, al parecer, por la última Barbie en rebaja. Pasó durante el llamado Black Friday (Viernes Negro), día que en Estados Unidos se anuncia la temporada de consumo navideño, así la Navidad de luces, adornos,  y serpentinas haya comenzado al día siguiente de Halloween.

A pesar de los comentarios de otros consumidores y de la prensa local  sobre la irracionalidad de la conducta de aquel homicida, la desmesura marcada por el afán de tener, sigue expandiéndose. El día anterior al Black Friday los campamentos a las afueras de los grandes centros comerciales (Mall dirían los expertos) se levantan como desamparados, cuando en realidad son víctimas de la autoestupidez. Las filas se alargan como si se tratara de un nuevo pogromo comercial propuesto por las grandes marcas y los almacenes de cadena.

El Black Friday tiene su historia. Ligada a prácticas culturales como el Día de Acción de Gracias, momento en que la movilidad, los trancones, los accidentes y el caos vehicular  se elevan por las ansias de la  gente por comerse un pavo en familia; tener una cena generosa y devolverse al sitio de origen. Ese día de regreso fue bautizado como un día negro, otra frase que adjetiva, dirán los afros y por supuesto “discrimina”, exclamarán los del movimiento “Black is beautiful”, (tenemos una copia cartagenera).

Lamentable que hayamos caído en las mismas prácticas de manera dócil, serena, afable como aquel que propone una transformación radical, y es acogida por el público sin que se genere ningún tipo de resistencia, reclamo o cuestionamiento.

 

Estamos en la época de la reproductibilidad de referentes,
del copy and paste, de adoptar realidades ajenas,
ante la imposibilidad, pereza o desánimo de reconstruir las propias

 

 

Nunca antes la tarea de copiar fue tan intensa. Estamos en la época de la reproductibilidad de referentes, del copy and paste (copia y pega), de adoptar realidades ajenas, ante la imposibilidad, pereza o desánimo de reconstruir las propias.

Convertimos nuestros espacios en remedos de paisajes de otras latitudes, sin preguntarnos qué historia nos liga con esa realidad o qué elementos se nos presentan como piedras filosas en el zapato.

Hace solo un par de días, una amiga me regaló: “Un alce de Navidad”, eso dijo.

¿Un alce? Estaba envuelto en un cristal nevado, tenía una bufanda de paño inglés envuelto en su cuello, con los cuernos llenos de escarcha multicolor; las patas y el rabillo sucio de nieve chorreante. “Es importado, lo compré en el Black Friday”, agregó, llena de generoso orgullo.

Se pregunta uno si con la extensa fauna que tenemos, alguien, algún artista, artesano podrá crear un arreglo navideño con animales locales. Algo como un ñeque, armadillo, guartinajo, cotorro o chigüiro navideño, sin acudir a extrañas realidades, que se convierten en remedos de otras geografías y la negación de contextos locales.

 

vendedores de arepa 2

 

Un vendedor ambulante de arepas de queso y patacones, frente a un centro comercial de la ciudad, sorprendido por la cantidad de gente que acudía durante el Black Friday, tomó la iniciativa de vender un patacón y regalar media arepa, o viceversa. “He trabajado más y ganado menos —me dijo— Eso del “Bla Fridai” es pura carreta, pero la gente come cuento (es engañada) y caen como pendejos”.

Le digo que en pocos días vendrá el Cyber Monday. Abre sus ojos y se queda preocupado, mientras asimila el alcance de mis palabras. Sin preguntar, muestra su conocimiento sobre la realidad del consumo global y lanza su sentencia llena de inteligente sabor barrial: “Compa, yo pa’ el otro año, ni haré Bla Friday ni muchos menos voy pa’ el Civermondá, eso es puro peñón (mentira)”.

Lo popular se resiste, pienso, mascando mi arepa con queso y mi medio patacón.

 

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