El negocio de las vías en Colombia

Los estrictos controles a los conductores debería traducirse también al estricto control de las vías y sus contratistas

Por: wilson chaux cabrera
marzo 30, 2017
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El negocio de las vías en Colombia

Desde hace unos días, el gobierno nacional viene publicitando la construcción del tercer carril de la vía Bogotá – Girardot con valor aproximado de $4,197,840,000,000, el proyecto de la doble calzada, que aún tiene muchos inconvenientes y detalles que no han concluido, como la alta accidentalidad por falta de controles reales en la vía, muchas zonas de esos 147 kms, y sus dos peajes que nunca fallan, tienen laderas muy susceptibles a derrumbes, pues no se solucionaron al cien por ciento ese tipo de fallas, al empezar a bajar a Boquerón, al igual que en la parte vecina a Tolemaida, por colocar dos ejemplos, dichas laderas desnudas son solo una mezcla de tierra y rocas, muy propensas a desprendimientos con la lluvia, desprendimientos que son frecuentes, pero que al parecer no son responsabilidad de nadie evitarlos. Podemos agregar también el tema de las fallas geológicas, cuya solución es únicamente el letrero que las anuncia.

¿Quién controla y supervisa a estos contratistas?

Para transitar en Colombia es indispensable para la ciudadanía tener toda la documentación al día, Soat, tecnicomecanica, licencias y demás, son requisitos que debes cumplir sin excepción y dicho incumplimiento acarrea sanciones que son aplicadas sin ningún tipo de contemplación, a diario vemos en todas las vías de Colombia a la Policía Nacional, además de los agentes de tránsito de ciudades y municipios en esta tarea de supervisión de los conductores colombianos, y en muchos sitios del país se están implementando sistemas electrónicos para “pillar” infractores. La pregunta que surge es ¿por qué no se aplica el mismo juicio e interés en supervisar nuestras vías y a sus contratistas?

La vía Bogotá – Girardot y su nuevo contrato para un tercer carril, se me hace un desperdicio enorme de recursos, pues el principal problema de esta vía, siempre ha sido y será el ingreso a Bogotá, puedes tener diez carriles en la vía, pero de Soacha a Bogotá, nadie ha buscado solución y ese tiempo que te ahorras en carretera se pierde al ingresar a Bogotá. El tiempo de viaje entre Bogotá y Girardot con este tipo de vía implementada actualmente debería ser de dos horas, dos horas y media a lo sumo, pero a simple vista y sin ningún tipo de estudio a la mano, quienes realizamos este trayecto seguido nos damos cuenta que el tiempo puede ser el doble. Tiempo que se incrementó desde hace unos años con la implementación del servicio de Transmilenio Bogotá - Soacha. Y es que en este país del Sagrado Corazón, a una ciudad como Bogotá, que desde el siglo pasado está atrasada en la construcción de vías y un sistema de transporte público “responsable”, a alguien se le ocurrió un sistema de transporte masivo donde se le entregaron a operadores particulares, a un precio mínimo, un gran porcentaje de las principales vías de la ciudad, en total contra vía con los países desarrollados a nivel mundial y del más leve sentido común, donde desde hace siglos se enteraron que los sistemas férreos son la solución. A Transmilenio le pasa lo del dicho “En tierra de ciegos el tuerto es Rey”, pues sus creadores y patrocinadores le alaban su función, y muestran datos de su operación hablando de la cantidad de personas que transporta a diario, pero siendo único, la verdad no hay mucho con que comparar a nivel nacional.

Transmilenio transporta aproximadamente 2.5 millones de personas al día. El metro de ciudad de México mueve al día entre 4.5 a 5 millones de usuarios; el de Medellín 800.000 usuarios día, aproximadamente. Pero en razón a seguridad, calidad del servicio incluyendo puntualidad, no hay comparación con los otros sistemas. Con los agravantes de la enorme congestión que genera para el resto de las vías que este sistema de transporte se apropie de más de un 40% de las vías principales de la capital colombiana, y el prejuicio económico que genera pues Bogotá se queda con solo el 5% del negocio Transmilenio.

En resumen, el nuevo proyecto tercer carril Bogotá – Girardot, parece ser un nuevo elefante blanco que no solucionara muchas cosas y que solo el tiempo nos dirá quiénes serán los grandes beneficiados de este proyecto. Y del nivel de abandono estatal de sus ciudadanos frente a estos contratistas, cuyo único interés es el monetario. Con el total beneplácito de las autoridades de turno, para quienes es más fácil colocar a todas las autoridades (Policía y demás) a esculcar el bolsillo del colombiano del común, que evitar los enormes desfalcos y despilfarro de sus funcionarios y contratistas.

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