La empresa que nació en Chapinero en 1981 pasó por una reorganización durante tres años, pero no logró salvar el negocio y ahora deberá vender sus activos

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Presto, una de las cadenas pioneras de hamburguesas en Colombia, entró en liquidación judicial por orden de la Superintendencia de Sociedades en octubre de 2026. La marca, vinculada al fondo costarricense Mesofoods llevaba tres años en un proceso de reorganización.

La historia de Presto comenzó en 1981, cuando abrió su primer restaurante en Chapinero, Bogotá. En el local de la calle 59, cerca de la carrera 13, los clientes encontraron la hamburguesa Súper Presto, una propuesta que ganó popularidad en una época en la que las cadenas comerciales de hamburguesas todavía no tenían la presencia que alcanzarían después. La marca fue pionera en el desarrollo de la comida rápida en el país y su eslogan, “Lo rico es ir a Presto”, quedó en la memoria de varias generaciones.

En sus primeros años, la compañía contó con el respaldo de uno de los grupos más importantes de Colombia. Detrás de Presto estaba el Grupo Santo Domingo, a través de Valores Bavaria. El conglomerado era liderado entonces por el empresario Julio Mario Santo Domingo (fallecido el 7 de octubre de 2011), bajo cuya dirección estratégica el holding se diversificó más allá de la industria cervecera, incursionando en sectores como la Aviación (Avianca), los medios de comunicación y la comida rápida.

Después de la apertura en Chapinero, la cadena amplió su presencia y consolidó un modelo de servicio estandarizado. Durante las décadas de 1980 y 1990 vivió una etapa de expansión por los principales centros comerciales y avenidas de las capitales colombianas, con el tiempo tuvo que enfrentar una competencia cada vez más intensa.

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Foto: Redes Sociales Presto

En 1995 llegó McDonald’s al país, con un restaurante en el centro comercial Andino, en Bogotá. La apertura atrajo a numerosos visitantes y se recuerda por las filas que se formaron durante sus primeros días. El mercado también contaba con El Corral, creado en Bogotá en 1983, y las hamburguesas del Oeste originarias de Medellín que se expandió a Bogotá a principios de los años 80, que competían por el mismo mercado de comida rápida. La llegada y el crecimiento de distintas propuestas transformaron el negocio de las hamburguesas y redujeron el espacio que la marca Presto ocupaba.

A inicio del siglo XXI, el grupo Santo Domingo comenzó un proceso de simplificación corporativa desinvirtiendo en filiales menores y en 2012, Presto fue adquirida por el fondo costarricense Mesoamérica, bajo el liderazgo del empresario Luis Javier Castro. La operación dio paso a iniciativas de modernización de los restaurantes, renovación del menú y expansión mediante franquicias. En un momento, la marca llegó a tener más de 140 puntos de venta en el territorio nacional. El fondo, que creó su plataforma gastronómica Mesofoods, también estuvo relacionado con negocios de la tradicional cafetería Oma, fundada en Bogotá en 1968, a través de las líneas Toscafé y Restcafé.

Sin embargo, el panorama cambió durante la década siguiente. El auge de eventos como Burger Master, el crecimiento de las hamburgueserías artesanales, la expansión de cadenas de bajo costo y el aumento de los arriendos presionaron el negocio. En 2023, Presto acudió a la Superintendencia de Sociedades para iniciar un proceso de reorganización bajo la Ley 1116 de 2006. La medida buscaba encauzar sus obligaciones y mantener la operación, pero no fue suficiente.

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Con pasivos reportados superiores a los $31.000 millones de pesos, la propia compañía solicitó terminar las negociaciones de salvamento al determinar que no podía continuar como un negocio en marcha. En octubre de 2026, la Superintendencia ordenó la liquidación judicial de la cadena y nombró un liquidador para hacer el inventario y avalúo de los activos de la empresa (valorados en cerca de $46.000 millones de pesos, que incluyen inmuebles, equipos y la marca) con el objetivo de venderlos o rematarlos para pagar primero las deudas laborales de sus empleados, seguidas de las obligaciones fiscales (DIAN), créditos bancarios y proveedores.

La decisión marca un nuevo capítulo para una marca que durante décadas formó parte del paisaje gastronómico colombiano y que, pese a su trayectoria y a los intentos de reorganización, no consiguió superar sus problemas financieros.

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Por Mauricio García

Narrador de la actualidad con mirada crítica y humana, convencido de que el periodismo es puente entre la sociedad y sus desafíos.