El multifacético y poderoso hijo de Óscar Iván Zuluaga

David pasa de estar acusado por su cercanía con el hacker Sepúlveda a recitar poemas con el expresidente Uribe para recoger fondos. ¿Quién es él?

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mayo 12, 2014
El multifacético y poderoso hijo de Óscar Iván Zuluaga

David, el hijo de Oscar Iván Zuluaga, cruza la calle mientras desde su celular organiza las primeras reuniones del año de la campaña de su papá. Se sienta en la terraza de un café de Bogotá y hace señas a un embolador para que se acerque. Saluda al señor por su nombre y éste se sienta sobre su caja de betunes para comenzar la tarea de lustrar sus zapatos de cuero. David conoce el nombre de todos los meseros del lugar, del señor de la esquina que le vende sus cigarrillos Marlboro Light e incluso el de uno de los clientes del café que se para a saludarlo. Viene vestido con un saco de lana rojo, una camisa blanca que deja ver su cuello por encima de éste y unos pantalones beige. No tiene ni una arruga en su atuendo. Tiene 24 años y aunque nació y estudió en Bogotá habla con un hacendoso acento paisa con el que pide un tinto para acompañar los cigarrillos que fumará mientras habla de política.

David se graduó Magna Cum Laude de filosofía en la Universidad de Harvard y antes de tomar la decisión de venir a ayudar a su papá había comenzado un doctorado en teoría política en la Universidad de Princeton. Él entró a este programa con la idea de dedicarse a la vida académica, pero tras la noticia de que Óscar Iván Zuluaga se convertiría en el hombre del uribismo para llegar a la Casa de Nariño ha estado a su lado viajando por las regiones del país y lidiando con los gajes de una campaña histórica.

Desde muy joven ha tenido un gusto por la política. En los últimos años de colegio entró a participar en modelos de Las Naciones Unidas organizados por diferentes colegios de Bogotá. Sin embargo, le molestaba el excesivo centralismo tanto social como geográfico de este tipo de ejercicios y decidió comenzar a organizar un modelo similar pero basado en el Congreso colombiano. “Cuando yo estaba en el colegio a mi me tocó conocer todo este tema de los modelos de Naciones Unidas y siempre me pareció curioso, por no decir paradójico, que una cantidad de estudiantes jóvenes de tantos colegios del país, inteligentes, brillantes y elocuentes, tuvieran un interés tan marcado por conocer y entender una institución como la ONU pero no hubiera un escenario similar para aproximarse uno a las instituciones colombianas”. Desde ese entonces, además de la cercanía que su padre le ofrecía al mundo del ejercicio público, David cultivó un profundo interés por temas de importancia nacional y también por el mundo académico que más adelante descubriría en Estados Unidos.

David era representante de los estudiantes en su colegio y sin duda alguna era un alumno sobresaliente. En un principio, y siempre con el interés político en su mente, pensó entrar a estudiar Derecho a la Universidad Javeriana. En el proceso de elegir un camino profesional algunas personas le sugirieron evaluar la posibilidad de estudiar en el exterior e incluso la idea de aplicar a Harvard. “Alguien me propuso que me fuera para Harvard. Cuando me hicieron esa sugerencia en principio me pareció un poco descabellada. Yo pensaba que a Harvard solo se podía ir si uno era Einstein y además sí se estaba forrado en plata”. Le tomó cerca de un año preparar los exámenes y ensayos para cumplir con los requisitos que más adelante le permitirían entrar a estudiar filosofía. Para ello, entre muchas otras cosas, hizo dos ensayos que saltan a la vista por su particularidad. El primero fue sobre la experiencia que tuvo al conocer a un desmovilizado de la Farc, experiencia que le “permitía conocer algo a lo que no tenía acceso de primera mano”. Y el segundo ensayo que hizo fue sobre el protagonista del Barón Rampante, un libro de Italo Calvino. Éste cuenta la historia de Cossimo Piovasco de Rondó, un personaje que por un capricho de infancia decide irse a vivir a la copa de los árboles de un bosque que heredó de su papá.

David, al igual que su padre, habla con mucha seguridad de la labor del Ex-presidente Uribe. Tiene claras las cifras de seguridad o de desempleo en su cabeza. Mientras intenta ignorar algunos mensajes que recibe en su celular, describe la relación con su padre de la siguiente manera: “sobre todo tenemos una relación de mucha camaradería, total confianza, absoluta sintonía con lo que él está haciendo y de mucha confianza de mi parte en que lo que está haciendo es bueno y es importante para el país”.

Aunque dice que encuentra muy estimulante el trabajo en la regiones y la construcción de un proyecto de gobierno, David confiesa la falta que le hace leer de la misma manera en que lo hacía antes y la rutina de la vida académica: “es un poco difícil el hecho de que uno no tenga tantos espacios de conversación, sobre todo, en temas de interés académico. En una universidad como en las que llevo cinco años estudiando uno está todo el día rodeado de los contertulios intelectualmente más estimulantes que uno pueda encontrar. Cuando uno está dedicado a esta labor de campaña no tiene tantos espacios de esos”.

Familia Zuluaga Martínez en pleno.

Familia Zuluaga Martínez en pleno.

David vive muy pendiente de que el nombre de su papá registre en todos los medios nacionales posibles.

David vive muy pendiente de que el nombre de su papá registre en todos los medios nacionales posibles.

A pesar de que le hace falta la lectura rigurosa de la filosofía y las tertulias con sus compañeros y profesores, David encuentra un tipo de aprendizaje distinto en el trabajo que hace hoy: “El hecho de estar en contacto con tanta gente, de conocer el país mucho más, de viajar y descubrir una cantidad de regiones, de entender como es de diversa Colombia más allá de los estereotipos que uno se pueda crear antes de salir a palpar esa realidad, eso es estimulante. Es un tipo de estimulación distinta”. El día de trabajo es muy variado por la condiciones mismas de una campaña. Su papá arranca a trabajar muy temprano atendiendo diferentes entrevistas para la radio. “Hay que estar muy informados de todo lo que está pasando. Uno tiene que estar, desde temprano en la mañana, muy informado de lo que pasa en el país. Y acaba muy tarde, porque uno tiene que tratar de monitorear todo lo que pasa en el país”, dice David mientras apaga otro cigarrillo.

Cuando no está en Bogotá, David colabora en la logística de los recorridos por el país. Dentro de lo poco que habla del funcionamiento del proyecto político de su papá, cuenta que le interesa recoger ideas de las diferentes regiones y hacerlas encajar dentro de las propuestas de campaña. En sus propias palabras, se considera “un todero de campaña dentro de un gran equipo de trabajo”. Sin embargo, aunque David muestra cierta modestia al describir sus labores, basta estar algunas horas con él para darse cuenta de la responsabilidad y prestigio que tiene entre los diferentes asesores del candidato uribista. Hace llamadas a diferentes lugares del país y conversa con las personas más cercanas al candidato. Es algo más que un simple todero.

Pase lo que pase con la campaña de Óscar Iván Zuluaga, David regresará a terminar su doctorado en los Estados Unidos. Está aprovechando un año de licencia que le otorgó el programa y en menos de un año estará de regreso en los seminarios, las tertulias y las lecturas rigurosas. Mientras tanto habla con mucha propiedad de la política del país, de la cantidad de votos que esperan conseguir en tal o cual región y de la próxima reunión con los diferentes colaboradores de campaña.

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