Mirá ve, ¿vos sabés por qué en Cali se habla así?

La Sultana del Valle se vio influenciada, entre muchos otros, por acentos españoles como los de Andalucía o Extremadura, que en la época colonial se mezclaron en la región

Por: Juan Manuel Arias
septiembre 13, 2019
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Mirá ve, ¿vos sabés por qué en Cali se habla así?
Foto: Fernando Rueda - CC BY-SA 3.0

Resulta bastante particular, notorio y hasta risible detectar en nuestros amigos y allegados que habitan o provienen de regiones distintas a la nuestra la forma en la que modifican la pronunciación, bien sea sobre determinadas palabras, consonantes y terminaciones, o cómo entonan con singular gracia las frases mientras conversan, así como la imposibilidad de omitir dichas “costumbres lingüísticas”.

La pregunta sobre el origen y el porqué de los acentos no es fácil de contestar, como tampoco por qué algunos son más marcados que otros. En todo caso, básicamente todas las personas la mayoría del tiempo ignoramos la existencia de este en nosotros, empero resaltamos las diferencias cuando detectamos el acento de otro.

No se sabe a ciencia cierta por qué se producen, pero se ven relacionados con la interacción social y se delimitan por razones geográficas. Así, el acento se ve influenciado por patrones migratorios, por la simple imitación, por relaciones más frecuentes con otras lenguas y hasta por la clase social.

Según estudios científicos, la habilidad del cerebro identificar este tipo de información comunicativa es excepcional, de hecho, una persona puede reconocer un acento ajeno en muy poco tiempo: toma 30 milisegundos. De acuerdo con estudios sociológicos, los grupos de personas inconscientemente autodiferencian su manera de hablar para definir su identidad.

Tal y como lo afirman los expertos en idioma Germán Patiño y Ana María Díaz Collazos , en Cali son característicos los cambios de “S” por “J”, las terminaciones con M en lugar N —como cuando vamos a comprar el pam para el desayuno—, así como las consonantes relajadas, los ritmos lentos y los característicos “mirá” y “oís”. Igualmente, hay determinadas palabras que parecen ser de uso exclusivo, debido al dialecto de la región.

De acuerdo con la RAE, no existe una forma “mejor” de hablar el español, pues los diferentes dialectos tienen sus orígenes milenarios. Y es que, según Víctor García de la Concha, exdirector de la Real Academia de la Lengua Española, en varios de los jóvenes países americanos se decía que la rebeldía debía hacerse frente al mal gobierno de España, no frente a una lengua que es patrimonio de todos. Según lo afirmado por García, Colombia tiene la gloriosa tradición de cultivo de la lengua porque desde el momento mismo de la independencia los próceres se preocuparon de cultivarla.

Aclarado lo anterior, podemos volver al origen del “oís” caleño. Según los expertos Germán Patiño y Ana María Díaz, se tiene que la Sultana del Valle se vio influenciada, entre muchos otros, por acentos españoles como los provenientes de Andalucía o Extremadura, y que en la época colonial se mezclaron en nuestra región no solo estas dos, sino de casi todas las regiones de España. Así, por ejemplo, gracias a esa influencia nosotros pronunciamos iguales la “Z” y la “S”, dado que el acento andaluz lo asimila de esa manera, a diferencia de los norteños españoles. Otra característica de Andalucía, es la de suprimir la “S” al final de las palabras, o en su defecto, reemplazarla por una “J” : “nosotroj somoj”. ¿No les suena un tanto costeño?

De la misma manera, en Cali también cambiamos la “S” por “J”, pero en medio de vocales: “¿qué vajajer con ejo”? O “¿va-jair?”. A esta particular característica se le conoce como “jejeo”.

Las consonantes andaluces son muy débiles, y en especial la “B”, “D”y “G” se pronuncian bastante suave, mucho más si se está entre vocales. Por esta razón en Cali decimos —casi sin notarlo— “toas” en lugar de “todas”.

Por su parte, las terminaciones con M en lugar de N, como el famoso “pam”, provienen de león, del norte de España, pues solo allí se han encontrado registros de palabras como “pam” y “biem”. Esta tendencia, además, actualmente solo la compartimos con los mexicanos de Yucatán, que pronuncian su región como “Yucatám”.

En cuanto al “vos”, su origen se da en el idioma latín, y actualmente en nuestro idioma es reemplazado por usted, aunque en su momento significaba “ustedes”. En el siglo XVI se decía “vos”, pues así hablaban las personas distinguidas que imitaban —no siempre tan bien— los vocablos latinos, pero finalmente desapareció en el siglo xvii. Esto, claro está, en España, pues aquella costumbre lingüística pasada de moda de decir “vos”, siguió vigente en la américa española.

De igual forma, las terminaciones con “S” “dijistes”, “cantastes” provienen de una línea antigua, del mismo idioma latín. La palabra “chuspa”, en cambio, tiene un origen quechua, que significa “morral”. Incluso, algunas palabras tienen un origen portugués, debido a la influencia de las islas canarias, como cuando decimos “siéntesen” en lugar de siéntense.

Por último, el habla vallecaucana se formó en las haciendas donde las nanas negras educaban a los niños, de ahí que estos hablaran el castellano, no como lo entendían los españoles, sino de una forma más melódica, complementada con onomatopeyas y diminutivos, a ello debemos palabras como el “velo” “ois” o “ve”. De esta forma la élite americana terminó hablando un castellano con influencia africana.

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