Mientras el país se derrumba, el gobierno está de rumba

"Mientras se muere la población como consecuencia de los contagios y la falta de atención y cuidado a la propia vida, las élites solo se preocupan por sus negocios"

Por: Carlos Alberto Cano
abril 29, 2021
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Mientras el país se derrumba, el gobierno está de rumba
Foto: Twitter @infopresidencia

Los problemas que se han suscitado desde el inicio de la pandemia han mostrado la realidad de un gobierno ineficiente y carente de una visión prospectiva. Desde el principio, tanto el presidente como el grupo de ministros no supieron vislumbrar un plan contingente apropiado para afrontar la crisis que se veía venir, esto en parte se debe a la falta de profesionalismo y también a la figura que ha acompañado a nuestro país en mucho tiempo “la improvisación”.

Primero encerró a la población cuando el virus apenas estaba tocando las puertas por vía aérea a nuestro país (pues como alguien en su momento dijo: “el COVID-19 viaja en avión y se propaga en trasporte público”). Este primer paso en falso fue un desacierto, dio el primer llamado de alerta a las empresas (que en el caso de nuestro país en su mayoría son de servicios) y por su puesto abrió las puestas a los bancos para que hicieran su “agosto” (refinanciando deudas que no era necesario refinanciar y congelando los pagos por seis meses), hoy estas deudas no se están amortizando, luego de levantar esta “gabela” sino que se están pagando intereses, una bomba de tiempo, para una crisis del sector financiero. Al llegar el inicio de los contagios de forma significativa, las personas ya se encontraban en la calle con los famosos y poco eficientes, pico y cédula, esto en todo el país con el aval de los ediles y bajo la orientación del gobierno nacional.

Segundo paso en falso, cuando los empresarios comenzaron a dar señales de problemas, se inventó los días sin IVA, unos días que unidos con las fechas especiales, dieron paso a  la primera ola de contagios, a esto se le unió la tragedia de las islas de  San Andrés, Providencia y Santa Catalina, que le sirvió al gobierno como sofisma de distracción para justificar sus estupideces, pero también hay que darle crédito a la población en este sentido, ya que como borregos al matadero —literalmente— siguieron las indicaciones de un presidente irresponsable, y salieron a: pasear, comprar, comer, bailar, con la falacia de la reactivación económica. Pero mientras el país se derrumba y se muere la población como consecuencia de los contagios y la falta de atención y cuidado a la propia vida, las élites solo se preocupan por sus negocios.

Por otra parte, de manera sosegada: compran aviones militares, incrementan los sueldos de los congresistas, crean la prima para los magistrados y personas que trabajan es esa línea, incrementando el gasto público  llevando al país a una crisis real y muy grave, no por los subsidios ridículos que se entrega a la población que está sufriendo las consecuencias del COVID-19, sino por la falta de planeación y la priorización a aspectos no relevantes —se está confundiendo lo urgente con lo importante— (prepara a los militares para una confrontación con Venezuela en las fronteras, discute de manera errada la viabilidad de los acuerdos de La Habana, descuida a los representantes de las comunidades y a los guerrilleros reinsertados, para que los asesinen, entre otros aspectos).

Veo con preocupación, que este gobierno al igual que otros anteriores, solo se preocupa por posicionarse como el primero en el mundo en:  corrupción, narcotráfico, paramilitarismo, masacres de campesinos y de otra índole, delincuencia común y organizada, además de las acciones que veo, quiere ser el primero en número de contagios y muertos por COVID-19. Esto con el ánimo de buscar ayudas internacionales para estos problemas, ¿por qué más bien no hacen su trabajo, piensan en quienes los eligieron y sacan adelante al país?

Los descuidos dieron pie a la segunda “ola”, más muertos por COVID-19 y más contagios. Llegó la era de a las vacunas, entonces, el gobierno siguió una línea internacional para identificar a los beneficiarios del inmunológico —porque también hay que decirlo, no es capaz de pensar de manera autónoma y tomar decisiones racionales—. Entonces, priorizó a las personas de la tercera edad, desde los 80 años y a los profesionales de la salud que se encontraban en la “primera línea”, pero también se colaron algunos zánganos y se inmunizaron. A ellos “afortunadamente” no les va a pasar nada, porque no hay entidades de control que realmente hagan bien su trabajo.

¡Llegó la segunda fase! Entonces se acabaron las dosis para cubrir la segunda dosis de la primera fase —parece un trabalenguas, como los discursos vacíos y diarios que da el presidente en la franja entre 6 y 7 de la noche, que por cierto valen un platal—. Las personas angustiadas salen en búsqueda de información y el “superministro de Salud” emerge repartiendo información sobre el tiempo de espera entre la primera y segunda dosis —sin argumentos científicos—. A esto hay que sumarle las compras de vacunas que causan trombos, la norteamericana y la inglesa y el gobierno sale otra vez a defender la compra de estas vacunas, con la ayuda de los medios de comunicación nacional. Mientras los medios internacionales, anuncian la restricción en algunos países europeos y en los Estados Unidos del uso de estos inmunológicos.  Hay que señalar que el gobierno inició las negociaciones de las vacunas de manera tardía, otro error que denota la falta de experiencia en el arte de la negociación por parte de nuestros “connotados” gobernantes.

Llegó la tercera ola, como consecuencia de la alternancia y las vacaciones de Semana Santa que de todo tienen menos de “santa”. Por lo que estamos presenciando un número muy alto de contagios y de muertos, que no se había visto en las dos anteriores, pero si lo habían sufrido los europeos en la primera ola, que llevó a los confinamientos y cierres en gran parte de este continente. Nosotros, por el contrario, protestamos con justa causa, por la estupidez del único país del mudo que propone una reforma tributaria en uno de los momentos más sensibles de nuestra era (desempleo, desigualdad, inseguridad, hambruna…) y, ojo, comienzan a salir los oportunistas con sus discursos de cambio, claro, no me acordaba, el próximo año hay que reelegir a los mismos y seguir, por la misma ruta del “cambio y el progreso”.

Al final, lo que importa es la vida, no se puede pensar que un grupo de personas elegidas por el pueblo y para el pueblo, que cada día demuestran ser más ineficientes, van a definir nuestra existencia, sino que cada uno debe velar por su cuidado y protección, porque en nuestro país al parecer predomina la ley del más “vivo” y olvidamos el bien común (que está por encima de los intereses particulares) que debe prevalecer.

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