Me volví a enamorar de montar en bus y arrancar para un pueblito

Ahora que todo parece estar volviendo a la normalidad, hemos empezado a hacer las cosas que durante un año, por lo menos, no hicimos. Una de ellas, montar en bus

Por: Jorge Luis Rodríguez
septiembre 14, 2021
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Me volví a enamorar de montar en bus y arrancar para un pueblito
Foto: Flickr

Me volví a enamorar de montar en bus. Llevaba varios años sin hacerlo y la pandemia nos limitó, y aún lo hace mucho. Claro, me refiero a montar en bus desde la terminal de transportes y arrancar para algún pueblito de Antioquia, que en su mayoría son bonitos y encuentra uno algo que hacer. En algunos no se hace nada, pero no importa, a veces hay que salir a eso: a no hacer nada.

Por pandemia, retomo, nos limitamos en las salidas y paseos. Ahora que la cosa parece estar volviendo a la normalidad, hemos empezado a hacer las cosas que durante un año, por lo menos, no hicimos. La economía se resintió. Pero no siempre hay para comprar tiquetes de avión y arrancar para Miami, porque para eso está nuestro departamento, cada vez con mejores vías, o cualquier ciudad del país. Sale más barato y se pasa bueno.

Con las ganas de pasear me fui con unos amigos en plan aventura. Sin saber a dónde nos iba a llevar el bus, llegamos a la terminal del norte y quedé muy sorprendido. Repito, llevaba muchos años sin montar en bus y la percepción que tenía no era la gran cosa, pero al llegar me encontré con algo satisfactorio.

La terminal del norte (Medellín tiene dos terminales, la otra es la del sur) en sí es un centro comercial. Me quedé sorprendido con la oferta y los precios dentro de rangos normales (allá no se encuentran almojábanas a 12.000 pesos). Se encuentra de todo y para todos los gustos. Es un lugar limpio, agradable, con espacios adecuados y, en general, muy organizado.

Fuimos a preguntar en información, esos lugares que ponen en todas partes y que hacen de todo menos dar información. Pero ¡oh sorpresa!, una señora muy amable (¿raro o será que soy muy prevenido?) nos atendió bien y nos indicó cómo llegar a la taquilla en la que podríamos comprar nuestro tiquete. Habíamos decidido irnos para Jardín. Compramos los tiquetes y nos sentamos a esperar. Obvio, hay incomodidades por la limitación de sillas y el distanciamiento social, que algunos seguimos respetando, pero la espera fue corta y agradable. Además, en dos ocasiones pasaron unos funcionarios con chaleco negro a ofrecernos alcohol para las manos. Bien por esa logística de bioseguridad.

En fin, pudiera uno escribir muchas cosas de la experiencia, pero no es del caso. Solo quise tomarme el tiempo de reseñar esto porque a veces tenemos la percepción errada de muchas cosas que hay en la ciudad, más si son públicas, y cuando nos damos la oportunidad de mirarlas con otros ojos, la conclusión puede ser diferente. Esto me pasó en la terminal del norte.

Bueno, pero no todo es color de rosa, y si debo indicar que me sorprendió el valor a pagar por entrar al baño, por lo cual uno no debería pagar, pero entiendo que es necesario porque el agua y el papel cuestan y son rubros elevados. Eso sí, a pesar del costo, al ver la organización de la terminal y el aseo adecuado, asume uno que los recursos están bien invertidos. Contrario sería ver un lugar mugroso a que le cobren a uno por entrar, o como cuando se paga un peaje y la vía está llena de huecos.

Bueno, dense un paseíto en bus y me cuentan cómo les parece la terminal del norte o la del sur. La conversación la podemos dar de otros temas. No siempre de la misma política de odios a la que nos acostumbró este país.

 

 

 

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