Me tocó ser guerrillera

"Nací sin saber que en Colombia, dependiendo de la procedencia, se es guerrillero, paramilitar, narcotraficante o puta"

Por: Inty Buelvas
octubre 07, 2016
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Me tocó ser guerrillera
Foto Archivo El Espectador

“Eso de fotogénico tiene poco y requiere años. Todas la cámaras se han ido ya a otra guerra.” Fin y principio. Wislawa Szymborska

En mayo de 1964, en Marquetalia, Tolima, nacieron las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- FARC. En enero de 1990, en un lugar quizás igual de olvidado y escondido; El Carmen de Bolívar, nací yo. Llegué a este mundo en un país con un conflicto que empezaba a recrudecer, llegué cuando las FARC tenían la edad que poseo, 26 años. Nací sin saber que en Colombia, dependiendo de la procedencia, se es guerrillero, paramilitar, narcotraficante o puta.

La primera vez que me llamaron guerrillera tenía 12 años, marcha altiva llevando un bastón en la Banda de Paz de mi colegio; con uniforme azul, quepis y una cola de caballo en el pelo. Caminaba airosa por las calles de un pueblo ajeno. El desfile partía de una escuela para llegar a la plaza principal, cada tanto nos deteníamos en las esquinas, donde las personas se agolpaban para vernos. Un hombre me pregunto: -Niña, ¿de dónde vienen? Sonriente y orgullosa le respondí -Somos de El Carmen de Bolívar. En ese momento la cara del hombre se descompuso y su voz inquisidora sentenció: - ¡guerrillera! Yo quedé fría ¿En qué momento me había convertido en eso? Pero el desfile continuaba, no tuve tiempo para preguntarle.

Era la época en que Montes de María, mi región, aparecía casi que a diario en los medios anunciando su desastre, su muerte, su desolación, los tiempos en que adquirimos el alias de “La Mancha Roja”.

En un país donde las personas repiten sin parar lo que la televisión les dice, donde las ciudades solo ven la guerra en las pantallas, los medios ayudaron a construir imaginarios sobre los pobladores de las zonas en conflicto. Los protagonistas de nuestra guerra han sido los actores armados, no las víctimas, los discursos en los medios se enfocan en los violentos; esta postura dividió al país y permitió la indiferencia ante una guerra que sucedía por televisión, en anónimos lugares apartados.

El 2 de octubre, cuando tuvimos la posibilidad de reescribirlo todo con solo dos letras, la S y la I, se decidió en lo urbano una guerra que se pelea en lo rural. Los territorios como el mío, que son los que han puesto los muertos le demostraron al país que son capaces de perdonar, que quieren acabar con el absurdo y el horror. Ayer el país le falló a ellos, ganó la indiferencia. Ayer no ganó nadie, perdimos todos.

La última vez que me llamaron guerrillera fue paradójicamente un día antes del plebiscito; cenaba con una amiga y sus tíos, uno de ellos lanzó la temida pregunta ¿De dónde eres? - De El Carmen de Bolívar, conteste igual de sonriente que la primera vez, y al escuchar el rótulo que por mucho tiempo hemos llevado los carmeros, volví a ponerme fría, pero esta vez no tenía que seguir, pude contestar que El Carmen de Bolívar es mucho más que una mancha roja y que yo no era guerrillera y que de serlo estamos en un proceso de paz y ya sería una ex guerrillera. Quería que ganara el Sí; era la forma de que a mí y a mi gente ya no se nos tildara de guerrilleros, que no se nos matara, ni se nos persiguiera por ser lo que no somos, era la oportunidad de que nos dejaran de llamar guerrilleros y nos empezarán a llamar campesinos, indígenas, gaiteros, aguacateros.

No puedo ocultar mi tristeza por los resultados del pasado domingo, pero mi compromiso con la paz ha sido contribuir a una “imagen” de este conflicto donde se dé voz a las víctimas para construir paz desde lo pequeño. Mi responsabilidad, hoy es coser las heridas  de la esperanza, levantarme del suelo y sacudir la tierra de las rodillas, nos toca continuar, seguir trabajando por la paz. Yo por mi parte seguiré acompañando a los Montes de María para que los silenciados de la guerra puedan construir una imagen y una voz propia, una verdadera comunicación para la paz.

Tenemos que volver al optimismo, nadie puede arrebatarnos la esperanza.

@lapecado

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