La absurda costumbre de salir de Bogotá en fin de año y perderse lo mejor de la ciudad

Es la mejor época para quedarse. No es casual que durante estos días la ciudad se llene de visitantes de la costa quienes huyen de las multitudes que caen allá

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diciembre 18, 2019
La absurda costumbre de salir de Bogotá en fin de año y perderse lo mejor de la ciudad

El sueldo no alcanzó. La prima se fue pagando culebras o sencillamente no hubo trabajo. Digamos que sea cual sea que haya sido la razón usted se queda sin plata para salir de la capital en fin de año. Calma. No hay por qué entrar en depresión. Salir de Bogotá en fin de año es una costumbre cuyo sentido no termino de entender muy bien. Es como si hubiese una necesidad colectiva e injustificada por huir de la ciudad en esta época ¿qué tiene de malo celebrar un 24 y 31 de diciembre aquí?

En diciembre a la gente no le importa ir a embutirse en una playa de Cartagena con la misma gente que pasa el resto del año embutida en Transmilenio. La última y la primera semana del año son las únicas en que es posible pasar una tarde montado en un Transmilenio escuchando música recorriendo la ciudad de extremo a extremo pagando solo el valor de un pasaje. Mientras tanto, las playas de la Costa colapsan porque no les cabe un alma más. Ciertamente esta es la única época del año en que no se justifica cambiar la tranquilidad de Bogotá por ninguna playa del país.

 

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En la esquina de la carrera quinta con calle 8 se erige uno de los templos más impactantes de Bogotá. Habrá quienes lo amen y quienes lo odien pero no pasa desapercibido ante los ojos de turistas y lugareños. El Santuario de Nuestra Señora del Carmen es una construcción que sobresale por su particular diseño adornada por franjas blancas y rojas. Tiene varios tipos de influencia arquitectónica pero lo que más me llamó la atención es que tiene elementos árabes. . Su construcción terminó en 1929. Sufrió daños durante el bogotazo, que fue en el 48. Luego serían el tiempo y el olvido sus mayores enemigos. En 1987 iniciaron obras de restauración que duraron hasta el 94. Desde entonces es monumento nacional. . Uno podrá ser ateo (lo cual no es mi caso) pero observar iglesias, mezquitas y todo tipo de templos que hayan sido construidos para alabar a Dios es todo un plan para amantes de la arquitectura.

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Por si fuera poco la ciudad se vuelve más fotogénica que nunca. Como las calles están más vacías que de costumbre es posible apreciar la arquitectura de sus diferentes zonas. Barrios tradicionales como Teusaquillo, la Soledad, Palermo y Quinta Camacho se llenan de absoluta paz en medio de tardes cálidas y soleadas porque hasta el sol se enciende como en ninguna otra época del año. Poco probable es ver un aguacero y nubes grises durante estos días. Es muy buen momento para descubrir restaurantes o cafés en el Park Way de la Soledad o en la Zona G por Rosales.

Las noches son ideales para recorrer los alumbrados que adornan sitios como Usaquén o el Parque Nacional que se llenan de familias que salen a verlos. No es casualidad que en fin de año Bogotá se llene de visitantes provenientes de la costa que buscan huir de las multitudes que se la toman. En el histórico barrio de La Candelaria es posible ver todo tipo de turistas nacionales y extranjeros que eligen -muy sabiamente- esta época para conocer Bogotá. En la Plaza de Bolívar es común encontrar espectáculos gratuitos ofrecidos por la Alcaldía. El de este año fue "El Sueño de Isidro" que por medio de un show de pirotecnia y acrobacia combina luces con vídeo para llevar al público por algunos de los lugares más representativos de Colombia.

 

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El centro comercial más antiguo de Bogotá está en pleno corazón de la ciudad. Entre carreras 9 y 8, y calles 12 y 12b hay una joya escondida que pocos conocen. . La última década de los años 1800 fueron una época en que Bogotá todavía tenía aires de colonia española que quería erradicar. La ciudad, que por entonces tenía algo más de 100.000 habitantes, aspiraba a ser una metrópoli con brillo propio. En un intento por emular a las galerías de las grandes capitales europeas el distrito encargó a los arquitectos Juan Ballesteros, Arturo Jaramillo y Gastón Lelarge para que diseñaran este pasaje de dos plantas con 17 locales cada una. . En su momento era el sitio más “in”. En la planta de arriba había oficinas de prestigiosos ingenieros, abogados, médicos y sastrerías. En la de abajo se conseguían todo tipo de regalos importados como licor, joyas, ropa y adornos. Todo ese glamour se perdió porque hoy se venden corrientazos, minutos, tamales, fotocopias y cerca de una decena de locales están cerrados. El Pasaje Hernández es algo así como un fósil en mitad del centro de Bogotá. Quizá por eso mismo es todo un viaje a otra época caminar por él.

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Otro plan infaltable para estos días de cielos azules y calles vacías es recorrer Bogotá en bicicleta. Esto teniendo en cuenta que los niveles de contaminación bajan y el aire se vuelve más limpio. Además, hay menos peatones obstaculizando la ciclovía y esta se siente mucho más despejada. Los ciclistas aficionados tienen 392 kilómetros de ciclorruta para deleitarse en la ciudad con más ciclovías de América Latina. Por otra parte, los amantes de la naturaleza también tienen alternativas. Esta época es ideal para caminar por los senderos ecológicos de los cerros orientales. Es posible caminar por quebradas como La Vieja -que fue reabierta este año- y el sendero de La Aguadora con previa inscripción en la página del acueducto. Los cupos son limitados y en cualquier otro momento es difícil encontrar espacio.

 

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