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“Me dieron ganas de llorar y vomitar. Por los golpes no reconocí a Leidy Franco”

Manuela González estudió con Leidy en el colegio en Popayán. Así recuerda a esta joven que fue la última víctima de una brutal golpiza por su pareja

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Septiembre 14, 2017
“Me dieron ganas de llorar y vomitar. Por los golpes no reconocí a Leidy Franco”

Sentimos el aire de nuestro jardín pesado, sabemos que hay mala hierba, y es curioso cómo nos comportamos al querer deshacernos de ella sin siquiera saber qué es exactamente y mucho menos en dónde se encuentra su raíz.

Estaba sentada tomándome un café y mi hermana me mandó una imagen por Instagram. Yo, por lo que estoy acostumbrada a ver la mayoría del tiempo en redes sociales, pensé que iba a ser una de las tantas publicaciones, de temas variados, agradables por lo general, pero no. Fue ver la foto de una mujer con la cara golpeada y ensangrentada, bastante por no decir brutalmente.

Lo primero que hice fue pensar en abuso, porque desde ese instante me puse en modo de: ver imagen de mujer con nariz reventada y ojo de puño, lo cual equivale a maltrato, lo más predecible al ver una foto de ese estilo hoy en día. Probablemente la pareja, supuse. Pensé que era alguien que no conocía, pero cuando vi el lado izquierdo de la foto, había una selfie de una niña que estudió en mi colegio. Me la encontraba en bastantes reuniones sociales, tenemos varios amigos en común, la considero una persona como cualquier otra, sociable, simpática. Me impactó mucho reconocer la cara de alguien que por causa de los golpes no pude identificar inicialmente. Me dieron ganas de llorar y de vomitar.

Ahora Leidy Franco es una mujer de 24 años, una abogada de Popayán quien tuvo el valor y la inteligencia de transformar su vergüenza y temor en ejemplo de carácter publicando sus fotos y denunciando a su agresor. Inclusive, después de haber recibido amenazas hacia ella y su familia por parte de la familia del agresor un día después. Justamente mencionó que el hecho de las amenazas fue lo que la hizo tomar la determinación de sacarlo todo a la luz.

Al reaccionar de su estado de inconsciencia, en la noche del sábado 9 de Septiembre, dentro del carro de su entonces pareja, se vio llena de sangre, sintió su nariz quebrada e intocable por causa del dolor y su ojo hinchado. No podía ver bien, no tenía mucha claridad acerca de lo que estaba pasando. Leidy quiso  llamar a sus papás desde su celular, pero Diego Felipe Barona había tomado con anterioridad el aparato en su poder, y en lugar de dejarla llamar a pedir socorro a su familia, valiéndose del estado de desorientación de ella, llamó fue a sus papás a contarles que su novia había sufrido un accidente.

Ella, sin mayor remedio dentro de su fragilidad violentada, tuvo que dejarse llevar por su mismo agresor al hospital. Podría decirse que su vida estaba prácticamente en las manos de él en ese momento, aparentemente por la simple causa de que él la superaba en fuerza física, pero lo que en realidad me pesa es pensar que Diego probablemente se sintió con cierto grado de dominio sobre ella por el hecho de tener el papel masculino en una sociedad machista.

Esa sensación de sentirse su dueño, esa creencia, fue la que lo hizo pensar que estaba en completo derecho de decidir por ella en todo momento; en qué momento debió ser mirada, cuándo no, si llamaba a sus padres o no, cuándo ser golpeada, o socorrida. Todas estas decisiones por decreto personal. En una entrevista radial Leidy mencionó entre lo ya señalado, que su exnovio al parecer si tiene antecedentes de haber sido agresivo, no solo con ella, también con anteriores parejas, lo cual demuestra a mi parecer un patrón de conducta y no una simple reacción fuera de la personalidad habitual del agresor.

Yo me pregunto, ¿Qué es lo que a este tipo de agresores se les pasa por la cabeza cuando creen ser dueños del cuerpo y vida de alguien más? Más aún cuando todos sabemos que el cuerpo masculino puede doblar en fuerza física el de una mujer, o inclusive más. Ellos producen testosterona en altos niveles comparados con los nuestros.

Lo que ocasionó la agresión fueron justamente celos, de esos posesivos y perturbadores que muchas conocemos. Se encontraban en la fiesta de graduación del hombre, si es que así me permito llamarlo generosamente. Él le empezó a decir que por qué estaba mirando a todas partes, que quién la estaba mirando, etc. Aparentemente se encontraba más inseguro de lo normal. Pienso que en parte debido a que además de la belleza física natural de su novia, ella estaba vestida y arreglada para una ocasión especial. Me imagino que no faltarán los típicos comentarios de: “pa’ qué se comporta o se viste así de provocadora” como si tener un cuerpo de mujer y sentirse pleno con ello sin importar lo que los demás digan o piensen estuviera mal, me parece que éste tipo de comentarios reflejan poca humanidad, cuando nos hacen pensar que hay algo malo con nuestro ser mujer. Él, seguramente sintió que esa belleza solo podía ser de él, una vez más, que cosa con la posesión.

Después de haberle montado “una de sus acostumbradas escenas de celos”, como Leidy menciona, incluyendo agresiones verbales, Diego salió del lugar en donde se encontraban celebrando y ella salió tras él en búsqueda de una explicación, Leidy mencionó que era temprano y a pesar de estar en celebración, no habían tomado mucho alcohol. El impulso terminó en una golpiza en la cara de ella, únicamente en la cara. Me pregunto por qué solo fue la cara.

Viendo el lado bueno, Leidy sobrevivió y está mejorando, ya lo denunció, adoptó medidas de seguridad y recibió una incapacidad por parte de medicina legal. Esperemos que se haga justicia y que no termine empeorando la situación. Ya se está comenzando a generar consciencia de que no es aceptable cometer una agresión de este tipo bajo ninguna circunstancia, pero si se alimentan la violencia y agresividad con más de su misma medicina, así termina todo en destrucción. Vi un comunicado que publicaron de parte de carcelarios hacia Barona informándole que allá lo esperaban para educarlo con “modernos métodos para que experimente, de primera mano, lo que es ser una mujer indefensa en esta sociedad.”. También he visto comentarios en internet diciendo que quién sabe lo que ella habrá hecho para provocar al tipo. Esta clase de comentarios como el último me indignan profundamente, más aun viniendo de personas que tienen al menos un grado básico de educación y pueden interactuar a través del lenguaje escrito en redes sociales.

Es curioso pensar que la vulnerabilidad de la masculinidad en nuestra sociedad es tanta que si un hombre o niño, en cualquier gesto inconsciente espontáneo da indicios de su lado femenino, ya no es macho. Que ilusión la masculinidad machista, tan sólo basta una lágrima para comenzar a agrietarla. Pienso que los hombres son las primeras víctimas del machismo, de sí mismos, porque reaccionan positivamente a los estímulos machistas, si Diego hubiese estado consciente de que no puede creerse el dueño de Leidy, probablemente no se hubiese comportado de la misma manera. Las mujeres también somos víctimas, claro; a veces inocentes, pero sin darnos cuenta muchas veces en nuestra vida cotidiana, no.

Un día pensé que la inocencia y la consciencia se excluyen entre sí. Pero si a diario ocurren hechos que nos demuestran claramente la realidad de la sociedad machista en la que vivimos; no necesariamente hechos publicados, sino cosas que nos pasan y que hacemos o dejamos que pasen en nuestro mismo barrio o ciudad. Por ejemplo, la familia de un agresor apoyándolo a pesar de su comportamiento violento, yendo a amenazar a la propia víctima violentada. Entonces no somos inocentes, pero tampoco conscientes, somos ignorantes porque queremos serlo, indiferentes y resistentes a la transformación y al cambio. Y en un país en donde está arraigado el machismo en la cultura, es difícil rebatir esta clase de pensamientos y generar consciencia desde la educación.

Vamos a un restaurante o bar y es más probable que los meseros les paren más bolas a los hombres. Como mujer corro riesgo caminar sola, porque sí, lastimosamente soy vulnerable. Me monto a un bus, veo dos puestos vacíos, uno al lado de un hombre común, otro al lado de una mujer común, ¿adivinen cuál elijo?; porque si intento luchar en contra del pensamiento machista, me puedo montar relajada al lado del hombre, pero tal vez no me sentiría muy cómoda, porque él probablemente, ni siquiera está consciente de que está siendo machista con su lenguaje corporal, historias de morbo en buses hay por montones. Nos asombra que una mujer denuncie de esa forma un hecho que va en contra de la justicia, cuando debe ser lo más normal. Si nos van a incendiar la casa, sarcásticamente podríamos denunciarlo con mayor facilidad, siendo un daño material y no humano.

En estos días hablé con una amiga que lleva 15 años estudiando problemas de género y me dijo que es muy peculiar el caso del machismo colombiano, porque, si se comparan cifras de mujeres empleadas en Colombia con muchos otros países, vamos por buen camino, sin embargo, hablando en general, en lugar de existir un compañerismo, existe rivalidad femenina, además de los abusos y amenazas sexuales por parte de colegas de trabajo. Se supone que vivimos en una sociedad machista, pero la mujer manda en la casa, es la señora, la que normalmente manda la parada, pero son los hombres son quienes abusan, tal vez porque se quieren sentir dominantes de alguna u otra forma, entonces además de machista, es una sociedad con grandes rasgos de violencia y un temor que se escuda en formas agresivas. Digo esto porque pienso que más allá de un resentimiento, como lo pensé en algún momento y lo he escuchado, es una sensación de temor a ser superados o sobresaltados por lo femenino, pero no por las mujeres exactamente, sino porque ellos mismos no quieren reconocer en sí mismos su lado femenino, justamente por la forma de machismo irracional que se les ha inculcado.

Frases como “véala cómo cocina, le va a ir bien en la vida”, “ella es una niña muy tranquila, muy de casa”, “me gustas porque eres callada”. Las escuchamos a diario, sin darnos cuenta de que así vamos inculcando una forma de pensar de cómo debe ser la conducta adecuada del rol de la mujer.

Hay una raíz profunda de maleza en nuestra sociedad. Una raíz tan descompuesta debido a su pobreza de espíritu y falta de fundamentos con sentido, que se ha vuelto tóxica y todos llegamos a inhalar y exhalar algo de sus nauseabundos aires. Me refiero a que, todos estamos contaminados en poca o gran medida, todos lo hemos acolitado, de forma consciente o inconsciente.

Hace poco vi la película “La mujer del animal” de Víctor Gaviria. Salí sin hambre y lloré, más por el impacto circunstancial que viene después de la película, por saber que la sala estaba casi vacía, la película se ganó reconocimientos a nivel internacional, pero aquí en Colombia la mayoría de salas nacionales en ese entonces continuaron con su tráfico habitual de audiencia en películas comunes del entretenimiento y fantasía. No estoy en contra de estos dos últimos, pero saber que la diferencia es abismal entre las preferencias de contenidos, y que a pocos les interesa concientizarse de éste tipo de hechos que hacen parte de lo que ellos mismos son como seres sociales y culturales, no me parece. Pienso que el machismo y el sexismo son dos cosas que nos afectan y moldean más de lo que nos imaginamos, que se han pasado a través de generaciones, y muchos nos lo tomamos a la ligera, contribuimos a la perpetuación en lugar de cambiar algo negativo.

Me he hecho la pregunta de qué prefiero, si ser hombre o mujer, y siempre llego a la misma respuesta. No voy a hablar de orientación sexual, voy a hablar brevemente de lo bello que hay en lo femenino. Hay hombres admirables, y hay mujeres detestables, eso lo sabemos todos, pero quiero ir al instinto natural femenino, esa fuerza de vida y amor, la que si el machismo no oprimiera, sería probablemente motor de vida y protección, no un testigo silencioso que termina siendo cómplice de actos destructores como el de esta historia.

Como Leidy, muchas otras mujeres experimentan el machismo a un grado, quisiera decir diferente al, pero parece que no, cotidiano. Parece que lo cotidiano se ha vuelto la violencia, teniendo en cuenta que no es solo física. Ya nos sabemos todo el cuento de las agresiones, ya hemos visto, inclusive salido a marchas en contra al maltrato femenino, esas protestas que se oponen a esa tendencia de dominación que, fuera de haber sido impulsada por el machismo, termina pareciendo la conducta normal y aceptada por ambos hombres y mujeres en la sociedad. No he escuchado la versión de Diego, pero me parece que anda escondido sin dar la cara, debe estar asustado porque hay mucho público enfurecido, me da hasta pesar, pero es que nada justifica golpear de tal forma a otra persona, ni hombre ni mujer, debemos intentar erradicar todas las formas de violencia porque tenemos el poder de hacerlo.

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