“Yo maté porque me tocó”: Confesiones de un desmovilizado

El hombre no contó que está acusado de violar y matar a una niña de 16 años, decapitar a un hombre e inculpar personas inocentes de pertenecer a las Farc

Por: Enrique Olmos
marzo 19, 2017
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“Yo maté porque me tocó”: Confesiones de un desmovilizado

Wilson* habla con rabia. Su frente se arruga buscando respuestas. Por cada pregunta que le hago tiene un nombre que me manda a apuntar con vehemencia en la libreta. “Apunte bien joven, apunte que ese hijueputa seguro sigue allá haciendo maldades”. Decido guardar la libreta porque presta más atención a que los nombres y los alias que da sean apuntados, que a mis preguntas. “Claudio Manuel Zapata alias El Japonés*. Así se llamaba. Ese era un infiltrado del ejército. No se le olvide”.

-¿Por qué cree que él era un infiltrado?

-Porque hacía daño. Yo reconocí a varios infiltrados porque el infiltrado llegaba al campamento a hacer daño. Le echaban sal al café, rasgaban las carpas, dejaban el fúsil botado… Una vez hice que mandaran a consejo de guerra a uno que pillé por la noche con un espejito apuntando hacia el cielo para que nos bombardearan de allá. Era un pelado como de 23 años que le decíamos cabezarroja. Al pelado le descargaron una ráfaga de metralladora y ¡PRAAAA! Le partieron el cráneo… Lo recogimos y echaron el cuerpo más arriba en la montaña.

Lo que no dijo

Wilson da una serie de acusaciones tan delicadas como extrañas. Por lo tanto le pido su número de cédula para verificar que se trata de un desmovilizado de la Farc. Al buscar su nombre real en Google se encuentran varios documentos. Uno es el proceso legal que adelanta para exigir el pago de subsidios junto a otras víctimas del conflicto armado, del cual me había comentado. Sin embargo, hay otro documento del que no había hablado. Se trata de una denuncia pública hecha por una ONG del suroccidente colombiano.

Según este papel, Wilson me omitió algunos detalles, empezando por la naturaleza de su relación con alias El Japonés. El documento del 9 de febrero de 2016 consta de una demanda al Estado y al Ejército. Presenta acusaciones en su contra tales como causar el desplazamiento forzado de habitantes de Caloto (Cauca), extorsión y homicidios.

En este se le señala como responsable de la violación y asesinato de Abelaida Campo, una menor de edad de 16 años en 2008. La denuncia cuenta que la joven se encontraba junto a Wilson y El Japonés en una discoteca. Los hombres le dieron licor en exceso y luego fue vista abandonar el sitio en una motocicleta junto a ellos. Tras varios días sin aparecer, la guardia indígena la buscó y fue encontrada en el río Palo. Según medicina legal fue golpeada, violada, sus senos mutilados y le hallaron palos al interior de la vagina.

Se le acusa, junto a El Japonés también, del asesinato de Luber Urban Secue en 2009. Ambos lo habrían sacado de una fiesta y al día siguiente apareció degollado. La demanda también habla del asesinato en 2011 de una señora en un bus, dando a entender que ambos hombres estarían involucrados en él. Estos, y otros crímenes, habrían quedado en impunidad.

También se dice que Wilson y El Japonés eran parte de la red de informantes del Ejército en el Cauca y testigos de la fiscalía. Ambos se dedicaban a señalar ciudadanos inocentes de pertenecer a las Farc, a cambio de dinero. Se habla del caso de James Barona Avirama y Gerardo Barona Avirama, quienes junto a otras 9 personas permanecieron detenidos 15 meses entre 2012 y 2013 acusados de pertenecer a las Farc.

No hay duda que se trata del mismo individuo que se me presentó en la Plaza de Bolívar como un desmovilizado víctima de las falsas promesas del Estado. No solo sus dos nombres y apellidos coinciden, sino que el alias que se le atribuye es el mismo que él me dijo haber tenido.

Las vueltas de hoy y ayer

Wilson Mena pasó ocho años como guerrillero de las Farc en las montañas del norte del Cauca. Se desmovilizó en 2011 y hoy, a sus 43 años, junto con su mujer y su pequeño hijo de 4 años vive en Bogotá.

-La verdad yo ganaba más en el monte que acá. Pues, allá uno hace de todo tipo de vueltas. Por vuelta daban hasta 200.000. Al mes podía estar haciendo casi 3 millones.

-¿Qué tipo de vueltas?

Por ejemplo, una vez cogí un secuestro de 150 millones y la familia del tipo como vio que yo era un man serio me mandaron a bajarme a los secuestradores ¿Y pues como me mandaron, uno qué más hace? Yo pienso que en esta vida mi Dios no deja nada suelto y todo se devuelve.

Maryuri*, su esposa es la encargada del manejo de la chaza de dulces que les da de comer. “Uno puede hacerse entre 40 y 60 al día”. Cuenta ella mientras nos trae dos tazas hirvientes de agua negra cuyo sabor tiene más de azúcar diluido que de tinto. “Mijo pero cuéntele que también vivimos de los 300 por el arriendo de la habitación a Carmelo y a los trabajos que le salen a usted”. Así come la familia completa y pagan los 600.000 que vale el arriendo de la vivienda de estrato 2 en el barrio Toscana, de Suba.

La vivienda es de aproximadamente 50 metros cuadrados. A un lado de la entrada está la chaza repleta de papas, maní, mentas y bombombunes. En el segundo piso de la vivienda habita su dueño, quien no exigió referencias gracias a que conocían a Carmelo* Castro, el inquilino que arrienda la habitación. Se dedica a la música. Es compositor y promociona sus canciones por la web. Cuenta que le escuchan en Miami y España, y quiere promocionarse. “¿Joven, usted que es de por allá de la costa me puede ayudar a que Carlos Vives o Silvestre Dangond canten alguna de mis canciones?”

Un gran hombre

“Wilson es un gran hombre” asiente Carmelo “Él, como todos los que han estado en el monte tiene su pasado pero créame, es una buena persona”. Carmelo Castro conoció a Wilson Mena en la Unidad para las Víctimas del Gobierno Nacional, donde ambos adelantan procesos de restitución de tierras.

Maryuri estaba casada cuando conoció a Wilson. Fue durante las fiestas del pueblo. “Yo quería poner un puesto de chuzos y como él era amigo del organizador me ayudó para que no me tocara pagar por el espacio”. La relación floreció sin importar que Wilson fuera militante de las Farc y ella terminó cambiando a su entonces marido. “Lo dejé porque me daba mala vida. En cambio Wilson nunca me ha alzado una mano”.

-¿Wilson, usted qué opina de la gente que está acampando en la Plaza de Bolívar?

 “Esa gente que está allá en la Plaza de Bolívar son unos vividores. Si quisieran cambiar las cosas deberían hacer una toma ¿si hay tantas víctimas no entiendo por qué no se reúnen todas y hacen una toma?”.

De acuerdo con un informe de la Fundación Ideas para la Paz, en Colombia el 24% de los desmovilizados reincide en la delincuencia. La ACR tiene un registro de 54.000 desmovilizados entre 2002 y 2016. La desmovilización se divide en partes y una entidad distinta maneja cada una. El Ministerio de Defensa y la Oficina del Alto Comisionado para la paz son responsables del desarme. Sin embargo, el reto más difícil es la reintegración, labor de la ACR. Un informe de la periodista Constanza Bruno de 2007, muestra que en el departamento de Córdoba los municipios que tuvieron mayor número de muertes violentas fueron los mismos que recibieron más desmovilizado de las AUC. Se estima que tras el proceso de paz se desmovilicen 17.000 hombres. Wilson ya es uno de ellos.

*Nombres cambiados por solicitud directa

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