Marbelle y los racistas "kingkongnazos" contra Francia

El grado de melanina en la piel de las personas es uno de tantos motivos de segregación. También se segrega por sexo, por edad, por clase, por religión, por deporte

Por: César Curvelo
agosto 04, 2022
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Marbelle y los racistas
Fotos: Archivo

Por los racistas “kingkongnazos” y otros ofensivos improperios contra Francia Márquez, la cantante Marbelle pronto será llamada a una sesión de conciliación por la Fiscalía. Ágil con su lengua como con sus dedos, quizás se hará presente. O enviará a un apoderado. Si se resiste y no asiste, ni envía un representante, es posible que el caso vaya para largo en una oficina de un  juzgado atestado hasta el cielorraso de demandas y contrademandas. En el entretanto habrá noticias amarillistas de los medios y usuarios criticones de redes que ya sabemos.

El grado de melanina en la piel de las personas es uno de tantos motivos de segregación. Segregar, según la RAE ―academia idiomática del Reino de Chapetonia, digo, España― significa: “...Separar y marginar a una persona o a un grupo de personas por motivos sociales, políticos o culturales.”

Hay muchos tipos de segregaciones malosas. Veamos.

Por raza. Quizás la más ominosa. ¿Qué culpa tiene una persona de ser haber sido procreada por padres cuyos ancestros vivieron en zonas intertropicales, expuestas al sol canicular? ¿O ser blanca por estar tener ascendientes que habitaron en áreas templadas o cercanas al polo norte?

Cabe aclarar, en cuanto a la segregación contra nuestros hermanos negros, algo del prefijo «afro». Se puede comprobar en textos de geografía que África no está poblado en forma total por amigas y amigos de raza negra, puesto que hay cobrizos, blancos, amarillos y toda suerte de mezclas ―pavos reales, según la canción disco de José Luis Rodríguez “El Puma”, el felino cantante que recién retornó a Venezuela con el rabo entre las piernas―, o sea mestizos.

De tal manera que el término “afrodescendiente” es incorrecto, puesto que afro hace referencia a lo africano, no a lo negro. Por tanto, utilizar el prefijo «afro» sumándole una referencia nacional, por ejemplo, “afrocolombiano”, no es adecuado. Esto es de simple lógica.

Afromoreno podría ser un término más correcto para nuestra muy apreciada gente de pelo quieto. Cabe recordar que, en una sesión de acusación judicial al activista antiapartheid sudafricano Steve Biko, un juez le pregunta que por qué se proclama negro cuando en realidad él es marrón. Biko responde que por qué el juez se hace llamar blanco cuando en más bien rosáceo. Véase la película Grito de libertad, 1987.

Por sexo. La padecen ante todo las mujeres en Afganistán ―las estudiantes desde kínder a universidad llevan un año sin clases por prohibición del régimen talibán―, otros países países musulmanes y quizás se hubiera acendrado la cuestión en Colombia si hubiera tomado el poder el misógino de “Ogrodolfo” Hernández. Se incluye aquí la segregación a miembros de comunidades Lgbti+.

Por política. Se da por rechazo de quienes son de un partido a quienes pertenecen a movimientos políticos contrarios. Según “Polo Polo”, los patrones neoliberales deben botar a los del Frente Amplio liderado por el Pacto, o segregarlos en el trabajo. Por otra parte, es obvio que un frente político en el poder, llámese como se llame, tiene que aplicar la segregación en puestos de mando a quienes rivalizan en cuanto a ideología.

Por edad. Aquí en nuestro subdesarrollado país, según uno que otro patrón retrechero feudal-neoliberal, si pasas de 40 ruedas ya eres un viejo decrépito.

Por la clase socioeconómica. Hay barriadas estrato social 1 o 2 que son verdaderos guetos de segregación clasista económica.

Por religión o filosofía. Es la que aplican ciertos pastores, curas y jefes de una iglesia, secta o culto al contratar o recomendar para cargos a personas que solo son de su religión o filosofía.

Por nacionalidad, regionalismo, ciudadismo o zonismo. En este caso hay natosegregados, regiosegregados, urbosegregados, zonisegregados e incluso barrisegregados, debido a la creación de fronteras-líneas-rojas entre pandillas de delincuentes de barrios colindantes. Deberían poner atención a la letra del tema Café y petróleo, de Ana y Jaime: “No importa dónde se nace, ni dónde se muere, sino donde se lucha”.

Por el cuerpo. Quizás por ser gordo o flaco. O por llevar tatuajes. Bueno, si son tatuajes diabólicos o vulgares…

Por diferencia especial. Cuando se trata de amigas y amigos sordomudos, ciegos, parapléjicos y casos que se puedan asimilar.

Por gusto musical. Hay salsómanos que solo ponen música salsa. Y solo-sinfónicos, solo-vallenatos, solo-cumbiamberos, solo-merengueros, solo-rockeros, solo-reguetoneros, solo-baladas, solo-boleros, etc. Espero que seas ecléctico y te guste la música variada. Como a la gran mayoría de la gente.

Por fanatismo deportivo. Ante todo por la “pasión mundial”, el fútbol, próxima a tener su cita orbital en Catar y ya veremos a “brasileños” y “argentinos” colombianos quizás segregándose en estaderos. En cuanto al menoscabado campeonato nacional, lo mejor y más recomendable es ser aficionados cautos. Por el simple hecho de portar una camiseta puede que algunos violentos de equipos contrarios ―posiblemente borrachos o drogados―, la pueden tomar contra ti o el grupo de hinchas con quienes vayas.

Como puedes apreciar, hay segregacionismos a la lata, por desgracia. Toda persona tiene un poco de uno o algunos de ellos. Tú, él y ella, nosotros... Y no vengas con el cuento que tú eres ciento por ciento cumplidor de los derechos humanos y no tienes ni pizca de esto.

Así que, a cambiar el chip en tal sentido.

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