Maravilla de sal, orgullo de Colombia

La catedral subterránea de Zipaquirá

Maravilla de sal, orgullo de Colombia

No solamente de sus futbolistas vive el orgullo colombiano. El país en general y su capital en particular, pueden presumir, y mucho, de prodigios de la mano del hombre como el que se esconde bajo el suelo del municipio de Zipaquirá. Visitar Bogotá y no acercarse a esta joya de La Sabana es casi como ir a Egipto y no ver las pirámides. No concibe ningún capitalino, en su calidad de anfitrión, excluir del itinerario de sus invitados semejante monumento. Además es infalible, no hay turista que salga indiferente de la mina. Personalmente lo he comprobado con gente de Estados Unidos, de Namibia, de México y de España. Absortos, su testimonio será la mejor promoción para atraer a nuevos visitantes a la Catedral de Sal.

La primera vez tuve el honor de ir bien guiado. Salimos de la gran urbe por la autopista norte dirección Chía. A ambos lados de la carretera todo se fue tiñendo de verdes muy variados. Hatos de reses pastaban en los enormes prados a los lados de la vía. Sebastián, taxista a ratos, guía a otros, sabía de la admiración turística ya no solamente por el contacto con esta naturaleza peculiar, sino por la belleza de algunas poblaciones que han crecido desde tiempos inmemoriales al regazo de una Sabana que adquiere en el altiplano un matiz poco ortodoxo respecto a su referencia geográfica africana. Ni encontramos altas temperaturas ni prolongados periodos de sequía, característicos de estos ecosistemas. Más bien un territorio de frecuentes lluvias y un promedio climático por debajo de los 20 grados centígrados. El fundador de Bogotá, Gonzalo Jiménez de Quesada, denominó a La Sabana como "El Valle de los Alcázares", tras contemplar las numerosas aldeas muiscas extendidas por la planicie.

CATEDRAL DE SAL

Tierra fértil, de bellas haciendas con sembrados de flores, ganadería de leche y criaderos de caballos, aquí el agua es una constante y acoge una destacada reserva de flora y fauna, con una amplia variedad de especies de mamíferos, reptiles y aves, con más de 70 especies de aves migratorias, gran variedad de especies endémicas y vegetales. Desde lagunas llenas de leyenda, como la de Guatavita, hasta lugares de recreo, esparcimiento y contacto con la naturaleza, como el embalse del Sisga, La Sabana de Bogotá posee un sistema de lagunas naturales y ciénagas que reciben, como si de esponjas se tratara, los caudales del río Bogotá y sus afluentes. El agua dulce que hoy conocemos convivió con la salada hace muchísimo tiempo, los geólogos estiman que hace unos 70 millones de años un mar interior se hallaba en medio de la cordillera oriental colombiana. Al secarse dejó bajo el suelo un gigantesco depósito de sal. Un preludio para lo que nos espera.

Surge en paralelo a nuestra ruta una vía ferroviaria cuyo destino es también la imponente villa de Zipaquirá. Un tren turístico con una locomotora, émula de tiempos pasados, recorre bajo el nombre de Tren de La Sabana esta tierra milenaria en perfecta fusión con el entorno natural. Si la naturaleza ha sido generosa con estos parajes, la intervención humana ha logrado también habilitar en Zipaquirá toda una maravilla natural de obligada visita. La Catedral de Sal ubicada en las minas de esta localidad pasan por ser, y no sin razón, la primera gran maravilla colombiana (posee el título de Primera Maravilla de Colombia desde febrero de 2007 -me apuntaba mi guía-, recibe una media de 50.000 visitantes al mes y se estima que la han visitado ya cerca de 14 millones de personas).

CATEDRAL PLAZA DEL MINERO

Obra del trabajo de manos mineras, conjuga hoy en día un excelente juego de luces que realza este ambiente solemne y subterráneo. Mi primera visita fue justamente en aquel segundo semestre de 2011, recién inaugurada la nueva iluminación, capaz de jugar con los tonos, los espacios y las sombras para ensalzar la majestuosidad de este espectacular homenaje humano al Dios creador.

Zipaquirá no deja de envolverme de sensaciones por dentro y por fuera por más veces que uno va. Una energía especial se palpa no solamente en las plazas y calles de esta localidad, sino en su alrededores, en sus paisajes, aires frescos y apacibles pastos. Camino del Parque de la Sal se eleva el terreno para poner a los pies de la retina y los objetivos panorámicos una postal inolvidable. En la plazoleta que sirve de homenaje a los mineros queda sitio en el ambiente para emular el duro trabajo que desde tiempos ancestrales hicieron a los lugareños, y constituye un ejemplo de esfuerzo y superación, reflejado en la enorme estatua que preside el recinto.

La memoria criolla se remonta a los primeros años del siglo XVII. Sin embargo, desde mucho antes, los primitivos habitantes del altiplano acudían a lo que ellos conocían como Chicaquicha para obtener el oro blanco, una sal que hoy día sigue dando dividendos gracias al turismo y que incluso atrae a la poderosa industria cinematográfica. Las vecinas minas de Nemocón sirvieron recientemente de locación para el film que sobre el célebre rescate de los mineros chilenos de la mina San José protagonizará el actor español Antonio Banderas, cuya presencia revolucionó la vida de la zona los meses pasados durante el rodaje. Unos ingresos para la zona muy distintos a los que hace dos siglos facilitaron la financiación que gracias a la sal se hizo de las campañas libertadoras de Nariño y Bolívar.

CATEDRAL 4

La explotación salina fue el origen de todo. La idea de construir un templo subterráneo a base de sal difícilmente podía ser siquiera imaginado por una población indígena, ajena entonces a la futura evangelización que se les venía, que se asentaba en la zona hoy conocida como Pueblo Viejo hasta que se fundó la actual Zipaquirá con la conquista en la fecha del 18 de julio de 1600.

Fue declarada ‘Ciudad de Blancos’ según rezaba el decreto virreinal. Casi 400 años después, en 1995, a 180 metros bajo tierra, se inauguraba la nueva mina después de extraer 250.000 toneladas de roca salada. No hay lugar en el mundo con tal concentración de roca sal. Mucho menos con todo un Vía Crucis subterráneo con diferentes estaciones, con cruces encrustradas en la piedra, camino a una catedral con tres naves, dedicadas al nacimiento, pasión y resurrección de Jesucristo, adornadas todas ellas con esculturas talladas por las manos curtidas de los mineros y las talentosas de los escultores. Imposible no admirar La Piedad de rasgos indios o el majestuoso Ángel Guardián, una pieza convertida en referente de los fotografías preferidas de los turistas junto a la cruz del Nártex y el espejo de agua, una antigua salmuera.

CATEDRAL 2

La visita al complejo incluye el Museo de la Salmuera, la Ruta del Minero y la visualización de un video tridimensional. Se puede programar almuerzo pues cuenta con una zona de comidas de gran capacidad. La catedral es testigo de matrimonios que han elegido darse el ‘sí quiero’ bajo tierra. Los alrededores invitan a una vez de regreso del subsuelo, poderse uno sentar a masticar detenidamente lo que acaba de ver. Es un orgullo para los colombianos, y para el ser humano en general, tan dado a la destrucción, demuestra en lugares como este que la inteligencia puede ser puesta al servicio del bien y de la creación.

CATEDRAL ENTRADA

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