Maduro, un punto de quiebre en nuestras elecciones

“Faltan días pero cualquier cosa puede cambiar el destino. Una de ellas, que se asoma como un monstruo, son las elecciones de Venezuela”

Por: Natasha Corrales
Mayo 16, 2018
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Maduro, un punto de quiebre en nuestras elecciones

A días de las elecciones, ya muchos decidieron su voto. Colombia está en el momento más importante de estos tiempos y será la oportunidad para encauzar el país en una ruta que sea equitativa, próspera y de mayores oportunidades para los miles de desempleados y para las millones de víctimas que sigue produciendo la máquina de guerra de la violencia.

Tuvimos meses de encuestas y pronósticos que fueron debatidos, refutados y que tuvieron en las firmas promotoras su mayor punto de controversia. La forma en la que se realizan los sondeos y los criterios para la formulación de preguntas, la cobertura, las muestras y técnicamente las posibilidades que aplicaron para acercarse un poco a un resultado de algo que no se deja dominar como lo es la política electoral será el insumo de noticias para los días venideros.

Hoy la foto es una, mañana es otra. Aquí el partido es de 90 minutos. Faltan días pero cualquier cosa puede cambiar el destino. Una de ellas, que se asoma como un monstruo, son las elecciones de Venezuela. ¿Afectaría el triunfo de Maduro, las aspiraciones de Gustavo Petro? ¿Será que Maduro se referirá en su discurso a las elecciones en Colombia creyéndose el libertador de América? Hemos comentado con algunos amigos la repercusión de esta noticia en nuestro proceso electoral.

En general, la derecha sacaría el mayor provecho para volver a meter al candidato Petro en la burbuja del castrochavismo y acrecentar el miedo y la duda de los indecisos que encuentren simpatías en el líder del progresismo. Casi no le alcanza el tiempo a Petro para desmarcarse de un discurso que mantuvo durante un tiempo y que moderó al final, pero la tarea la hizo. Sus recientes declaraciones dan cuenta de una crítica hacia el gobierno de Maduro y de una preocupación respecto a los efectos de la crisis venezolana en nuestro país. Ha dicho que Chávez se equivocó y que el castrochavismo apoyado en una economía petrolera fue motivado e incentivado por los gobiernos de derecha.

Si le damos el beneficio de la duda, diríamos que Petro recapacitó y que ahora encuentra un mejor centro y un modelo de país que ya no admite izquierdas radicales. Colombia ya tuvo una larga lección de extremismo y en esa lógica, la izquierda lleva la peor parte porque su inspirada lucha revolucionaria se convirtió en una violencia armada que finalmente perdió el rumbo ideológico para enredarse en las redes del narcotráfico. Eso es más notorio en la izquierda que en la derecha, y menos tolerante para los primeros que para los segundos, pues fue más fashion ser traqueto, que ser guerrillero.

Pero siguiendo con la ruta del cambio, en estos momentos, el triunfo de Maduro podría inclinar un poco la balanza del miedo y darle entonces un aire a la derecha. Un hecho que debemos mirar con detalle a ver cómo migran los votos.

Otro asunto que se ha notado es el crecimiento de Fajardo. Songo sorongo, nuestro profe ha aumentado en favoritismo y cuenta con la mejor imagen, según las encuestas. Esos guarismos corresponden a dos cosas: el cansancio de la controversia politiquera y el desencanto de muchos por sus candidatos de derecha. En lo primero, muchos decidieron oír otra cosa. Fajardo no promete, explica. Es otro discurso y no dice el qué, sino el cómo. Es un paso que pocos dieron en su afán de decirlo todo, a todos los públicos. Él se concentró en pocos temas bajo la premisa: no más de lo mismo, y en su férrea convicción que se puede de otra manera —a veces se queda corto en otros temas, pero con que tenga la fuerza tranquila de esa premisa, para muchos es suficiente—. Y la educación, terreno en el que no le gana nadie, y que finalmente logró calar como programa de crecimiento económico, social, político, cultural y etc. Con la educación, todo se puede. Ya.

En el segundo aspecto, la migración hacia Fajardo es de menor impacto, pero le favorece. Es probable que muchos seguidores de Duque y Vargas encontraran algo distinto en Fajardo y decidieron cambiar su opción. Igual con la gente de izquierda. Fajardo, es un centro cómodo, donde nadie es o está radicalizado y que permite matizar convicciones. Vargas quiso serlo, pero el tiempo no le alcanzó. Duque, por su parte, se ha mantenido radical y seguirá así hasta el final.

De tal suerte que puede ser que Fajardo marque bien para la primera vuelta.

Por las toldas de Duque, el Centro Democrático está con todo su poder en territorio.

En Cundinamarca tiene sedes en casi todos los municipios, por lo menos en los alrededores de Bogotá (cosa que me llama la atención porque hasta donde sé, el Gobernador de Cundinamarca es vargasllerista). Y de la izquierda no se ve nada, pero anuncie plaza pública y salen de hasta debajo de las piedras. Duque tiene una ventaja de arrastre muy grande y concentra en todo su esplendor el miedo, como bandera de campaña. Los que no se quieren ir de Colombia, votan por Duque. Los que no quieren a Venezuela como modelo, votan por Duque. Y de esos son muchos. Y en ese orden de ideas, Maduro elige a Duque, no a Petro.

Por los lados de Vargas, la aparición de Santos le está restando puntos. Hace días, el mandatario estaba “desaparecido”, pero ha sacado nuevamente la cabeza y eso atiza el voto en contra. Vargas concentra el disgusto que hay contra el actual gobierno por el tema de paz ( que ya sabemos), por el tema de infraestructura ( noticia en desarrollo), por el desempleo ( de todos los días). Vargas hereda ese golpe. No es muy claro que le alcance la maquinaria para la segunda vuelta, por ahora todos a rezar 50 rosarios para que ojalá Santos se quede donde está quietico, calladito, mientras pasen las elecciones.

Michelle Bachelet ha dicho que a Santos lo reconocerá la historia; es cierto, la historia. Pasarán por lo menos dos generaciones mientras eso sucede porque las cuentas de la paz duradera son para 15 años —según DNP— con todo e implementación. Entonces, el Nobel será lo que Gabo. Así es la vida.

Por lo pronto, terminemos estas elecciones. Encomendemos a Dios lo que toca: la patria, el país, la nación. Una vez gane Petro, o gane Duque, o gane Vargas, todos volveremos a ser colombianos de a pie, con los mismos problemas que solo los resolvemos nosotros y nuestra suerte. Porque volver a ver o tocar a los candidatos… será en otros 4 años.

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