Luis Morales, 40 años de vida sindical en El Bagre (y II)

Luis Morales López se lucía en sus momentos de gloria haciendo la voz del artista, muchos años antes de que la televisión saliera al aire con este tipo de programas

Por: Carmelo Antonio Rodríguez Payares
agosto 09, 2022
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Luis Morales, 40 años de vida sindical en El Bagre (y II)
Foto: Cortesía

A Lucho le decíamos en confianza Roberto Carlos, un cantante brasileño muy de moda por allá a mediados de los años setenta que hizo de la canción Un millón de amigos un verdadero himno que se entonó desde la Patagonia hasta el último rincón del Bajo Cauca y el Nordeste. Pues bien, antes de caer en las redes del sindicalismo, Luis Morales López se lucía en sus momentos de gloria haciendo la voz del artista, muchos años antes de que la televisión saliera al aire con este tipo de programas, recuerda hoy quien compartió pupitre en uno de los salones de la Institución Educativa Santo Cristo de Zaragoza, Álvaro Chedid Amariz.

Cuenta, además, que por esas necedades juveniles, cuando estaban en el quinto de bachillerato, en 1977, fueron expulsados por tres días y se reivindicaron un año después a través de un equipo de fútbol que participó en el Interclases con el soberbio nombre de “Los condenados 1978” y allí también se lució con la camiseta número 10, cual Pibe Valderrama, de modo que estilo para ganarse la vida de otra manera si tenía, lo que pasa es que hay misiones que lo eligen a uno. O, en palabras sagradas, son los designios de Dios.-

Después de la última convención colectiva que abarcó hasta comienzos del año 1990, la empresa vivió lo que se conoce una paz laboral confirmada cuando pactamos el nuevo acuerdo cuando muchos de nosotros creíamos que era el más difícil.- La historia es esta.- Resulta que para esa vigencia el IPC, es decir, el índice de precios al consumidor, que es el dato para fijar los nuevos salarios, se trepó al 25 % y nosotros le dijimos a la empresa que las aspiraciones estaban por los lados del 28,5 %, con la esperanza de negociar esos tres puntos de diferencia.-

No hubo tal.- El doctor Gonzalo Gómez, luego de haber chuleado los demás puntos convencionales, nos llamó para decirnos que estábamos equivocados con aquella petición y casi vimos naufragar el pliego. “Muchachos”, dijo el gerente, “este año a la empresa le ha ido muy bien y como prueba de ello se aprobó un incremento para el primer año de la vigencia del 31 %”, algo tan increíble que ni siquiera nuestros afiliados en El Bagre lo creyeron y esa misma noche armaron una fiesta en el Club Amistad.

Recuerdo que la junta del sindicato la integraban Gustavo de la Ossa Fernández en calidad de presidente, Luis Morales López como vicepresidente, Rodrigo Ulloa Castro era el Secretario General; Marcos Mercado Turizo ejercía las funciones de Tesorero y como Fiscal participaba César Tolosa Acosta.- Hoy, con el paso del tiempo, dice Morales López, allí hubo una especie de manzana envenenada porque justo a la firma de la convención se presentaron unos cambios por parte de la empresa y fue la salida de Gonzalo y la llegada de Rafael Roldán Jiménez que venía del cargo de la Superintendencia de dragas con un estilo que iba en contravía a lo que nos acostumbramos, razón por la cual se presentaron los primeros roces y los atropellos con el personal.

Algo macondiano nos pasó después porque acuérdate que el país atravesó por una crisis de energía que hizo que el presidente César Gaviria Trujillo se inventara un cambio de hora, la famosa “hora Gaviria”, que consistió en adelantar los relojes de manera que cuando fueran las seis, en realidad eran las cinco y nosotros no quisimos acogernos a ese cambio en los relojes. Esta medida, para los que ya perdieron la memoria, comenzó el lunes 2 de marzo de 1992 a las 10 de la mañana cuando el gobierno pensaba que iba a ser aceptada por ser una novedad que nos ponía a la altura de los países europeos, pero no.

Sucedió que más de mil alcaldes, de los 1.024 que habían entonces, pusieron el grito en el cielo porque eso era romper con muchas de nuestras costumbres. Finalmente la crisis energética terminó el 7 de febrero de 1993 y se acabó el racionamiento. Quizá y con mucha razón se dice que las normas a veces no pegan en nuestros territorios. Nadie en ese momento diría que aquella cosa diera para desatar un paro como el que hicimos nosotros de 18 días en defensa de mantenernos con la hora colombiana.

Eso tomó un camino serio porque la empresa aceptó nuestra petición, pero en cambio el gerente general en ese momento, Juan Fernando Rico Calle, que estaba en Europa, una vez se enteró se pegó del techo y por eso fue que se dio el conflicto. Entonces nos tocó irnos a Bogotá a vernos cara a cara con el ministro de Trabajo, el señor Francisco Posada De la Peña, un barranquillero muy reconocido en la Costa Caribe y en todo el país por haber ocupado cargos como el de gobernador del Atlántico, director del Diario del Caribe y haber sido miembro de juntas directivas en empresas de seguro y bancarias. Fue además embajador en cinco misiones diplomáticas, dos de ellas, la de Estados Unidos y Venezuela. Tremenda figura y todo por una nimiedad, diría uno hoy.

Y como el palo no estaba para hacer cucharas, el ministro lo único que nos dijo, tanto a los voceros de la empresa como a los del sindicato, era que nos dejaba solos para tomar una decisión y que en todo caso El Bagre tenía que ceñirse a las reglas generales del país y se nos apareció el fantasma del paro de 1963, el mismo que duró 101 días y también terminó con los contratos de 101 trabajadores. “Ese paro no le sirve a nadie”, dijo en todo caso el jefe de la cartera laboral.

Estaba de alcalde en El Bagre el señor Manuel Tovar Ruiz y de nuevo nos pidió tomar las cosas con calma porque en el despacho del ministro reposaba nada menos que la cancelación de nuestra personería jurídica, con todo lo que ello significaba, además de declarar ilegal nuestro movimiento.- Hay que reconocer que la empresa se la jugó y se hizo un arreglo tipo salomónico que consistió en reconocernos aquellos 18 días en calidad de préstamo, al fin de no aporrear los bolsillos y acogernos a los mandatos del gobierno. De suerte que hoy, cada vez que liquidan a un trabajador de la época, le descuentan por ventanilla los 18 días como recuerdo de la famosa Hora Gaviria.

Pero no todo fue color de rosa porque el cese afectó a la draga 9 que por aquellos días estaba en reparación y además era la que más producía oro y se hundió en mal momento, lo que hizo que la empresa tomara la drástica decisión de despedir a 18 trabajadores y por la misma vía suspender los contratos de trabajo a 180 de nuestros compañeros.

En medio de esa emergencia nos dispusimos a presentar el pliego de peticiones, que sería el primero en la nueva administración del doctor Roldán y nos encontramos de entrada que la empresa pedía desmontar 14 puntos de nuestra Convención, todos ellos sensibles y en abierta contradicción a las luchas que habíamos ganado a través del sindicato, lo que hizo que las relaciones se pusieran cada vez más tensas y ello nos condujo a una nueva huelga, esta vez de 106 días que transcurrieron desde el 10 de noviembre de 1992 hasta el mes de febrero del año siguiente. Nos vimos avocados a ir a un tribunal de arbitramento, en donde las dos partes designan un vocero y el gobierno nombra un tercero y en ese espacio no tuvimos problemas porque nos mantuvieron las pretensiones, pero en cambio hubo un ajuste muy modesto en materia salarial. Para 1994 se logró firmar un nuevo pliego en medio de un clima mucho más comprensible y amigable, pero no logramos el bono que siempre se acordaba para los trabajadores luego de la firma de una convención.

1995 llegó con la famosa ley 100 o de seguridad social que comenzó a regir con el fin de ponerle orden al sistema de salud y de pensiones que en el país estaba en las manos del desaparecido Instituto de los Seguros Sociales y en donde la mayoría de los colombianos, salvo los trabajadores formales, gozaban de algún precario sistema de salud. La mencionada ley nos condujo a un nueve cese laboral, esta vez de 75 días, y fuimos afiliados a las malas en las recién creadas EPS Colmena, tanto en aseguramiento como en riesgos laborales.- Allí aparece la figura del político Álvaro Uribe Vélez, ponente de esa iniciativa en el congreso colombiano, quien abogó por nosotros en el sentido de dejarle claro a la empresa que debía respetar nuestros derechos adquiridos, pero en la necesidad de armonizar la nueva ley con nuestras aspiraciones y eso, por fortuna, tuvo buen resultado.

Hoy en día, los trabajadores sindicalizados, 537 en total, son beneficiados en salud porque la empresa asume lo concerniente a este renglón, mientras al principio lo que no estaba definido en el POS corría por cuenta de la compañía.- En ese estado avanzamos en los siguientes años con un Roldán Jiménez un poco más sereno, de manera que pudimos sacar adelante los procesos de los años 1997, 1999; el 2001, 2003 y el 2007, cuando nos encontramos con una nueva realidad. Llegó la hora de las negociaciones y la empresa puso como límite el aumento del 5 %, mientras nosotros aspirábamos a un aumento similar sólo que con un 1.5 % para unos trabajadores ocupados en algunas áreas específicas y eso desembocó en otra huelga de 67 días y la convocatoria de un tribunal de arbitramento que al final nos reconoció el 7.5 % y los demás puntos por encima de lo inicialmente presentado.

En medio de las discusiones nos vimos abocados a presentar los balances financieros de la empresa, que ella debe presentar ante las autoridades reguladoras, en donde las cifras mostraban unas utilidades que no podían esconder y esa fue la razón por la cual el tribunal nos concedió la razón, aparte de reconocerle al sindicato unos rubros para que pudiera desarrollar su tarea, tanto en la región, como en el resto del país.-

Sin embargo, nuestra tarea sindical no fue basada siempre en hacer los reclamos normales, porque ha de saber que nuestra misión es precisamente buscar el bienestar de nuestros afiliados, pero si no hay una empresa que respalde esa tarea, la nuestra sería vana. En tal sentido me regreso a los años 90 cuando la compañía fue el blanco predilecto de las guerrillas del ELN con sus múltiples ataques, así como su ensañamiento con la industria petrolera, y para nosotros fue muy delicado al punto que la empresa estuvo al punto de cerrar, y ese panorama era el peor, no tanto para la clase trabajadora, sino todo lo que de allí se deriva en materia de impuestos para el municipio y de un sinfín de elementos que no es el momento de recordar.

Por eso el sindicato se arremangó y le dijo a la empresa que estaba dispuesto a defender su causa, que era la nuestra, cuando se presentó el atentado que hundió la draga 4 y el derribamiento de más de 20 torres de conducción eléctrica, amén de los secuestros e intimidaciones que a cada rato se denunciaban por parte de los trabajadores que tenían que acceder a unas zonas inhóspitas donde estaban las dragas o algunos campamentos de paso. Ese gesto, que para nosotros era de sentido común, le mereció a la prensa nacional asomarse al conflicto y de allí que el diario El Tiempo, uno de los más influyentes, nos dedicara un editorial y de paso el periódico El Mundo de Medellín, ambos liberales, hay que decirlo, nos concediera el premio Mundo de Oro en categoría sindical el 20 de marzo de 1990.

Con el correr de los tiempos y con el apoyo brindado por mis compañeros de junta, en el 2012 asumí la presidencia nacional de Sintramienergética, ante la muerte accidental del presidente Raúl Sossa Avellaneda, razón por la cual nos ocupamos en defender a un sector importante para el país, ya que se trata de la minería, no solo de oro, sino de carbón, plata, hidrocarburos, y gas, y estamos presentes en Marmato, Caldas; Carmen de Atrato, Zaragoza, Puerto Boyacá, Barranquilla, el Cesar y, por supuesto, en El Bagre, que reúne a unos 6 mil 500 trabajadores.- Esto, por supuesto, nos pone mayores responsabilidades a pesar de que es una actividad que a veces resulta muy ingrata porque en el imaginario de muchas personas queda la sensación de que somos amigos de los paros y las huelgas, por eso en algunas regiones esa imagen no nos favorece.- Le cuento que solo en El Bagre encontramos un apoyo genuino de parte del comercio cada vez que ha habido una huelga; en cambio en otras partes eso no ocurre.-

Gracias a estas gestiones he podido asistir a eventos importantes fuera del país, como cuando fui el invitado por el Sindicato Único Minero del Carbón en Estados Unidos en el 2010, evento que se realizó en Charleston, en el estado de Virginia Occidental, tanto en su plenaria como en los seis días de discusiones junto con dos directivos de la Drummond y tres del Cerrejón. En 2012 estuve en Santiago de Chile en el Seminario de Seguridad Industrial de minas de altura y en el 2014 asistí en calidad de vocero de Sintramienergética ante la Conferencia Anual de la Organización Internacional del Trabajo, OIT, en Ginebra, Suiza, en donde la ponencia central se ocupó de la Ilegalidad de las huelgas y la violación de los derechos de los trabajadores mineros en Colombia.

Sueño con el día en que la empresa Mineros Aluvial S.A.S., que hoy cuenta con una pirámide gerencial que se ajusta a los cambios del nuevo siglo, para que en una señal de generosidad le anuncie a El Bagre, y en especial a la comunidad estudiantil, su decisión unilateral de construir un nuevo colegio que como vemos ahora, está en una crisis por las continuas inundaciones, las mismas que se repetirán a lo largo del tiempo.- Esta obra, por supuesto, debería salir de los recursos de la empresa, dice finalmente Luis Enrique Morales López, quien de paso anuncia que una vez concluya su período institucional frente al Sindicato, saldrá a gozar de su pensión, mientras que algunos amigos siempre lo asociarán con su espíritu alegre, de buen componedor de litigios, pero al que nunca se le ha visto sin la mochila arhuaca que desde hace muchos años hizo como parte de su manera de ser. Ah, y que de nuevo se anime a cantar aquellas canciones de Roberto Carlos que le abrieron las puertas en el siglo pasado ante sus compañeros de colegio en Zaragoza.

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