Luis Ernesto Gómez y la audacia desde el poder

Se sacudió el Partido Liberal parar hacer política de otra manera y se encontró con Claudia López, quien lo volvió su aliado en el experimento de permitir la protesta sin Esmad

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enero 21, 2020
Luis Ernesto Gómez y la audacia desde el poder

Cuando en febrero del 2015 se posesionó como viceministro de Trabajo, Luis Ernesto Gómez se presentó a la ceremonia en la Casa de Nariño de tenis cnverse. Contrastaba con la formalidad del presidente Juan Manuel Santos, quien quiso posesionarlo en presencia del entonces ministro Luis Eduardo Garzón, cuyo nombre le había llegado a través de su antecesor Rafael Pardo, con quien manejó la oficina de Planeación del recién creado ministerio.

En ese momento todavía vivía en su apartamento al estilo bohemio en el barrio Quinta Camacho de Bogotá. En su closet reposaban los cuatro pares de tenis que iba alternando día a día. A él eso de calzarse con mocasines de cuero además de incómodo le resultaba ajeno a su estilo juvenil a los 33 años. Fresco y directo, de ideas abiertas y audaz se abrió camino en el gobierno Santos y a los 6 meses pasó a ocupar un puesto del mismo rango pero con mucha mayor responsabilidad política: el viceministerio del Interior encargado de la participación e igualdad de derechos, con Juan Fernando Cristo como jefe. Esa fue su gran escuela de relacionamiento social que está poniendo a prueba como secretario de Gobierno en la Alcaldía de Claudia López.

Su encuentro con el senador Rafael Pardo en Alemania en el 2006 le trazó su rumbo político a este paisa entusiasta que se hizo a pulso. Entonces era un estudiante de la Universidad Humboldt de Berlín cuando como pasante en el parlamento alemán formó parte del equipo encargado de recibir la visita de parlamentarios colombianos. En la delegación viajó el senador del Partido Liberal Rafael Pardo. Su primer contacto con un político colombiano, y tres años después empacaba maletas con una maestría en políticas públicas de la London School of Economy en mano, para regresar a Colombia a acompañar a Rafael Pardo en su aspiración presidencial en el 2010 desde el Partido Liberal en el que se desempeñaba como director de estrategia política y electoral. La ruta política de Luis Ernesto Gómez había quedado trazada.

Pero su camino hasta llegar allá no había sido fácil. Tenía apenas 17 años cuando falleció su papá quien había trasladado la familia a vivir en Bogotá cuando Luis Ernesto tenía ocho años. Las dificultades económicas no se hicieron esperar y ésta situación familiar marcaría su entrada al nuevo siglo. Buscó alternativas para que su educación no tuviera mayores costos y en el último año de colegio en el San Carlos se dedicó a estudiar idiomas, además del obligatorio inglés. Sus pinitos en alemán pusieron a Berlín en el radar como opción para adelantar la universidad. Para asegurar sus recursos de subsistencia mientras estudiaba economía hizo de todo, un físico rebusque: lavó baños, fue mesero, atendió ancianos y persistió. Todo lo cuenta en la charla TED que dio en el 2017 con la Universidad Externado como escenario:

La pulsión por el sector público no lo ha abandonado desde que se probó al lado de Rafael Pardo. Después de renunciar a su cargo como viceministro del Interior en 2018, se metió de lleno a la campaña presidencial de Humberto de La Calle, a quien le manejó las comunicaciones y movilización. Después de la derrota electoral y con la victoria de Iván Duque, el presidente del Partido Liberal, César Gaviria, decidió hacer una alianza con el uribismo, algo que Gómez no aceptó y decidió renunciar al trapo rojo en medio de una desbandada de jóvenes militantes y algunos otros viejos dirigentes. Gómez fundó su propio colectivo, Activistas, con el que incluso buscó ser alcalde de Bogotá; sin embargo, fue el primero en subirse al bus de las alianzas junto a Claudia López.

Entró por la puerta grande a la campaña de Claudia López y desde el primer día logró su confianza. Allí se sentía cómodo junto a su mentór Rafael Pardo quien había apoyado a Claudia López desde la consulta interna en la que derrotó a Antonio Navarro, y se encargó de acercar a la causa y armar puentes con dirigentes liberales como Humberto de la Calle, Juan Fernando Cristo, Guillermo Rivera –nombrado veedor distrital- y a través de la  redes sociales ampliar el  espectro de la candidata que debía moverse entre el Partido Verde y los sectores más de izquierda del Polo. Su cargo de secretario de Gobierno estaba cantado desde el triunfo el 27 de octubre cuando además la recién electa alcaldesa no dudó en mencionarlo entre sus apoyos fundamentales. Cuenta pues con todo su respaldo para buscar caminos distintos para afrontar la nueva realidad de la Alcaldía de Bogotá que estará marcada por las protestas sociales y las movilizaciones, porque tal como dijo López en su discurso de posesión: una fue la ciudad para la que la eligieron y otra en la que tendrá que gobernar.

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