Los virus y otras enfermedades que si llegan a Colombia

El turismo de élite que llega al país, puede traer consigo consecuencias nefastas como daños al medioambiente o el contagio de algunas enfermedades

Por: César Arturo Castillo Parra
febrero 28, 2020
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Los virus y otras enfermedades que si llegan a Colombia
Foto: pixabay

Con mucha facilidad las personas hablan sobre las maravillas de la globalización, como si nunca hubiera existido, sin recordar que para los poderosos tiene miles de años de historia y nos ha dejado unas consecuencias muy diversas. Aquí llegaron los españoles a traernos enfermedades que no tenían nuestros antepasados. Se importaron la cristiandad, la inquisición y la espada para exterminar a los impíos. Bajo este largo periodo colonial-neo-colonial se han desconocido los conocimientos acumulados por nuestros ancestros y nos siguen imponiendo la idea de que todo cuanto sabemos del universo se lo debemos a la tradición griega y romana.

Gracias a los globalizadores modernizantes hoy importamos ciencia, tecnología, carros, teléfonos, ropa, millones de chucherías y la creencia de que debemos integrarnos a los mercados internacionales para crear cualquier tipo de empresa turística, que nos permita atraer extranjeros y facilitar la llegada de ríos de dólares.

Pero por estos días que el coronavirus nos ronda con su cara pálida, asistimos a un silencio sepulcral por parte de los gobernantes vendedores de sueños. Unos empresarios están preocupados por sus negocios, mientras los otros tratan de sacar provecho, mientras la gente se va dejando arrastrar por la xenofobia y el miedo. Lo más interesante es que no hay quien se atreva a señalar que son los turistas los que se han encargado de propagar la enfermedad porque los efectos nefastos del turismo son un tabú para los que quieren hacer dinero. Nadie quiere analizar con cabeza fría que mientras las élites van por el mundo haciendo ostentación con sus gustos derrochones, destrozando los paisajes naturales y las peculiares formas de vida social, a la inmensa mayoría de las personas les toca vivir en la miseria.

Hace unas semanas asistíamos a una cascada de noticias sobre el despelote que estaban causando en la costa Caribe los promotores del turismo y aunque ahora no hay quien lo quiera recordar, hay que decir que los flujos desmedidos de turistas promueven, entre otras cosas, la destrucción de los espacios naturales, el crecimiento urbano incontrolado, la prostitución, las expansión de las enfermedades venéreas, los negocios ilícitos como la delincuencia y el narcotráfico, la pérdida del trabajo campesino y pesquero, las formas de corrupción política y el deterioro de los lazos comunales o el tejido social. No vale la pena detenernos en casos particulares porque quienes viven con el afán del dinero, ya se han apoyado en el cuento de la libertad de empresa para ir hasta los rincones más apartados del mundo a defender sus intereses.

En el presente, los desastres no son mayores porque asistimos a un turismo de élites, pero el día en que los siete mil millones de personas puedan darse el gusto de viajar por todos los continentes en poderosos aviones y cruceros, en cada uno de los periodos de vacaciones, ese día acabaremos con lo que queda del planeta.

Entonces, aunque pocos quieran escucharlo, hay que decirlo: el futuro no está en alcanzar los estilos de vida de los ostentosos, sino en disfrutar de los entornos más cercanos con inteligencia y responsabilidad.

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