Los varones electorales no eran tan “barones” como parecían serlo

"Movidos por la ambición y falta de ideología ofrecieron solícitos su supuesto caudal o botín electoral"

Por: carlos alberto ramírez cardona
mayo 31, 2018
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Los varones electorales no eran tan “barones” como parecían serlo
Foto: Colprensa

Es evidente y manifiesta la lectura política que sacamos del resultado de las elecciones pasadas; es imposible amarrar el voto o guardarlo cautivo para el cargo a la primera magistratura de la nación, como lo pretendían hacer creer los llamados barones electorales del conservatismo; palabra muy decente para éstos ávidos y rapaces personajes, adictos al sabor de la dulcete mermelada, quienes al iniciar la contienda cerraron filas en torno al candidato santista, seducidos por las  prebendas y promesas burocráticas.

Los Andrades, entre otros, movidos por la ambición y falta de ideología ofrecieron solícitos su supuesto caudal o botín electoral, ello era un secreto a voces e inocultable. Ahora histéricos y compungidos rasgan sus vestimentas, se ofrecen penitentes y como hipócritas hijos pródigos, solicitan se les reciba en la casa del gran “Duque”; lógico, serán aceptados, pues estúpidamente se cree que suman, no obstante lo insignificante y pírrico de sus aportes.

No debe olvidarse del independentismo y la nueva clase política pensante colombiana, cuya voz se hizo sentir con Sergio Fajardo, así como el extraordinario fenómeno político de Álvaro Uribe Vélez, además del carisma y preparación intelectual, seriedad y coherencia de Iván Duque en el manejo responsable del Estado.

Será el pueblo quien tome la decisión, solo el elector primario en conciencia y en la intimidad de la urna. Sergio Fajardo tampoco es dueño de sus votos, son de opinión, cambiantes, esquivos y dulcemente racionales; desastroso sería si decidiese apoyar a Petro, no porque le sumara los votos necesarios para su triunfo, sino porque llegaría a una campaña pendenciera, que invita a la confrontación, la injuria y al insano odio de clases, manejada por el comunismo internacional y las hordas farianas.

De contera acabaría con su naciente movimiento de opinión, donde la política recuperó su verdadero significado, el arte de gobernar y el bienestar común se alejó de la vocinglería, los insultos, injurias y  la fuerza de las emociones primarias e instintivas. Desde mi posición de derecha, estoy convencido de que la mejor opción para el país sigue siendo Iván Duque.

Quisiera que por el bien de la política colombiana no tomara alianza con ninguna fuerza, si lo hace en la de Petro, no obstante la gran simpatía que despierta el profesor Fajardo, se diluiría sin pena, ni gloria. ¡La salvación de la patria está primero! Así como el Estado de derecho y el goce de las libertades, el respeto a la propiedad privada, al trabajo y emprendimiento individual, contra el despojo rapaz comunista.

¿Sobre qué población educaría el profesor Sergio Fajardo en este caso?  ¿Acaso sobre una más polarizada y necesitada?

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