Los "ultimos momentos" del colombiano ejecutado en China

"Esta es una crónica imaginada de los últimos momentos de vida de Ismael Arciniegas"

Por: Ricardo Rodriguez Rojas
febrero 28, 2017
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Mis odios están tapados y los ojos pesados, las manos me hormiguean y siento como estos minúsculos animales que en fila india van incomodando con su sincronía el sistema nervioso central, me llenan más y más de esa desesperación que sentimos cuando algo malo va a pasar. Después se vuelve un mar de sudor, que ahoga cada centímetro de la palma de la mano y recorre el antebrazo hasta llegar al hombro y las axilas, subiendo como los salmones contra la corriente llega a la frente que evidencia con un par de gotas que hacen reír a los que me están viendo.

Tengo las manos y las piernas atadas, no hago esfuerzos para liberarme ya que cualquier intento es inútil y lo que hace es aumentar la ansiedad, el mareo y la confusión. Escucho frases que no entiendo pero que con señales me indican que la hora se acerca.

Lo único que pude hacer fue tener  media hora de charla con mi hijo por teléfono,  demostrando esa tranquilidad que todo padre transmite a sus hijos en momentos difíciles, sin embargo, escucho los sollozos, frases cortas de amor y de buena voluntad hacia lo que queda de vida.

Se asoma una lagrima.

Me acorde de una frase que decía: “Uno solamente paga odio con odio, pero la mente nunca estará en paz, algún día serás capaz de ver el error, porque en la redención yace la recuperación”, ese día lo entendí horas antes de morir. Por primera vez en la vida quería estar cerca a mi familia volver a sentir lo que de joven viví, estar tranquilo sin tener que esconderme a cada paso que daba. Porque durar 7 años amarrado a la pata de la cama por 3 kilos de susto en un cuarto pequeño hace romper cualquier fibra emocional que queda en un ser humano y estar devolviendo constantemente las manecillas del reloj mental hasta el momento justo para tomar otra dirección en la vida, arruga el sentimiento hasta sus más infinitas profundidades.

Porque no es lo mismo morir en su tierra donde uno sabe que al menos esta entre conocidos que estar al otro lado del mundo escuchando frases que no entiende y viendo rostros desconocidos que miran con desprecio y rencor a un ser que invadió su privacidad con porquerías occidentales.

“Pero me voy feliz, me voy al cielo a reunirme con los demás familiares que han fallecido. La vida es una comedia y esta comedia se acabó”

Es ejecutado en tierra de todos. 27 de Febrero del 2017

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