Opinión

Los sueños rotos del fútbol

Por:
junio 14, 2013
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El fútbol es para la mayoría de los colombianos de escasos recursos la mejor vía para salir de la pobreza y la ruta más fácil para alcanzar fama y reconocimiento. Dinero, premios, mujeres y una vida sin preocupaciones es el ideal que se forman una vez incursionan en el mundo del balompié; una profesión soñada y perseguida por muchos colombianos en miras de un mejor futuro. Algunos creen inconcebible que por el simple hecho de patear un balón una persona se gane  fortunas como las que comúnmente vemos que amasan las figuras del fútbol mundial. Pero tengamos en cuenta que la carrera futbolística no es una profesión que se prolongue por mucho tiempo en la vida. Estamos hablando de que la utilidad de un futbolista, si le va muy bien, llega hasta los 40 años, más o menos. Y el tigre no es como lo pintan. No todo es color de rosa en el mundo del fútbol, los sueños de la mayoría de los aspirantes a futbolistas se quedan solo en eso, en sueños.

Sin embargo, lo primero que se publicita en los medios son las millonarias sumas que algunos afortunados reciben en el exterior. Esto es lo que llama la atención de los hinchas: Falcao pasará a ganarse con el Mónaco la increíble suma de 2.863 millones de pesos al mes, casi 100 millones de pesos al día; jugadores del fútbol colombiano que se meten al bolsillo más de 70 millones de pesos al mes, figuras, claro está, como Giovanni Hernández, Juan Pablo Ángel o Freddy Montero —quien  gana 95 millones de pesos mensuales en Millonarios con apenas 25 años—. Nos encontramos con una situación que desde la perspectiva colombiana es paradójica. En este país de inseguridad y violencia se hace alarde de sueldos estrambóticos y esto bien podría llevar a sufrimientos y malaventuranzas para quien lo demuestre. Que lo hagan en los países primermundistas está bien, no hay ningún problema, ningún peligro. ¿Pero acá? Quizá las medidas de aseguramiento se den ya para quienes acumulen un sueldo de este tamaño. Quizá no. No obstante, la realidad no puede estar más distante de este paraíso de ricos. A pesar de que siempre se muestran los que encabezan esta lista, son más los que no viven el sueño sino la cruda verdad del fútbol colombiano.

Veamos aquellos sueldos que no sorprenden por sus magnánimas cifras sino por lo bajos que resultan ser. Es increíblemente difícil encontrar quiénes son los que menos ganan en el fútbol colombiano: los buscadores autocorrigen y dan los resultados de los mejor pagados, nunca de los peor pagados. El sueldo promedio de un futbolista profesional colombiano no sobrepasa los tres millones de pesos y se pensaría que son los clubes pequeños los que pagan peor, pero en Santa Fe FC se encuentra Harold Rivera Jr. , un volante opita que a sus 20 años es de los jugadores profesionales colombianos peor pagados de todos. Con apenas 600.000 pesos mensuales se pensaría que Harold disfruta del fútbol más que la fama, que juega por placer y el dinero es un simple añadido. Ojalá, y así sea, porque con un sueldo así no provoca ni patear un balón.

Como este caso hay muchos más que sobresalen no por lo estrambótico de sus ingresos sino por la falta de ellos. Los sueldos del Chicó FC no sobrepasan el mínimo; a finales de noviembre los jugadores del Cúcuta Deportivo llevaban sin cobrar el sueldo de meses; con el Deportivo Cali sucedió lo mismo y el América, aunque en la B, también debía a los jugadores su sueldo. Y así ocurre con el 40% de los equipos colombianos, dejando a jugadores que viven en riesgo constante de sufrir lesiones, sin seguridad social y confiando en sus ahorros para sostener a una familia. Es una ruleta que sigue dando vueltas y  dejando a los soñadores como víctimas de un sistema que no da regalías, soñando con lujos y estrellándose con simples promesas.

No se dejen engañar por las magnificencias y ostentosidades de futbolistas que ganan igual o más que varias empresas multinacionales, no se convenzan por aquellos pocos que manejan carros lujosos o viven en mansiones de millones de dólares. Aquí en Colombia la realidad es otra, aquí hay jugadores, soñadores que depositan todas sus esperanzas en un club que a fin de cuentas les terminará debiendo esta vida y la otra. Según Carlos González Puche, exdirector ejecutivo de la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales  (Acolfutpro) y ahora director del Instituto Distrital para la Recreación y Deporte  “(…) en comparación con jugadores de talla internacional como el inglés David Beckham,  quien devenga un salario de cerca de 20 millones de dólares al año, hace que solo este jugador gane más que todos los deportistas de la liga profesional de Colombia juntos en una década completa, sólo por poner un ejemplo palpable".

No hay seguridad, no hay confiabilidad; los jugadores literalmente se rompen las piernas por sueños de una mejor vida pero se quedan esperando al principio del camino. ¿Hasta cuándo? Este, aunque nos rehusemos a creerlo, no es un país de empresarios ni comerciantes, este es un país de deportistas, de atletas que viven los estragos de una verdad que se le escapa a muchos.

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