Los ricos no votan
Opinión

Los ricos no votan

Votan los que menos tienen con qué decidir después. Los que venden su voto y nada reclaman a posterioridad

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octubre 23, 2015
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Digamos que los arreglos sociales la mayoría de las veces no son como las utopías los plantean, tampoco como sus líderes visionan para sus pueblos el porvenir entre laureles y vítores. Creo —con temor a equivocarme— que ninguna sociedad en este mundo que conocemos ha llegado al estado ideal de felicidad por vía de sus caminos escogidos. Se aproxima a algo que se llama bienestar, pero también deja déficit asociados al aburrimiento y al hastío prolongado que sólo interrumpe la muerte (cuando no el suicido que anticipa la partida).

Nosotros, los impuros del trópico, los amalgamados por cuanto gen aventurero o perseguido llegó a guarecerse entre estas selvas de mosquitos y paludismos; como que no contaremos nunca con cierta suerte humana para disfrutar de la comodidad del bienestar. Negados por tercera oportunidad.

Le apostamos a la democracia a la manera occidental y miren lo que hemos hecho con ella. Un remedo de lo que los pioneros del siglo XVIII inventaron con tanto esfuerzo. Después de más de 200 años de vida republicana tenemos los mismos 200 tiempos de atraso democrático.

La mayor confirmación del fracaso de nuestra democracia es la motivación que el ciudadano tiene respecto a concurrir o no a las elecciones periódicas, sean nacionales o regionales. Votar o no votar. He ahí el dilema teatral de nuestra democracia de papel. No con ello estamos consagrando a las elecciones como el único hecho admirable de la democracia como tal, sin negar la importancia que tienen los otros mecanismos de participación, que lastimosamente son menos recurridos al ejercer los derechos.

Las cifras de abstención son evidentes en Colombia: desde el año 1998 hasta el año 2014 la abstención no ha cedido terreno. Del 48 % y el 41 % en las dos vueltas presidenciales de 1998, el 54 % en el 2002, el 55 % en el 2006, el 51 % en el 2010 y del 52 % en 2014. (Datos con base en MOE y Registraduría).

¿Dónde está el gobierno de las mayorías si las mayorías no participan?

En un estudio de la Registraduría, el Cedae y la Universidad Sergio Arboleda (2013), Abstencionismo electoral en Colombia, una aproximación a sus causas, encontramos algunas razones del fenómeno. Que el voto como expresión máxima de una democracia, dejó de ser atractivo para un segmento de la población (los jóvenes, por ejemplo) y por ello, se recurre a otras formas de inconformismo y participación diferentes: no crean que en las mejores democracias del mundo se registra una alta participación electoral (a lo sumo en Estados Unidos ronda por el 50 %), sin embargo, la ciudadanía si utiliza y de qué manera otros espacios cívicos y públicos para decidir el futuro de la comunidad. Es decir, bajos niveles de votación pero alta participación no electoral.

La democracia en nuestro caso poco cuenta con sus mejores hijos. Huelga decir, los ilustrados, los intelectuales, los pudientes, los de clase media y los acomodados. Esos que a la sociedad les ha costado tanto educar, formar, consolidar o sostener. Esos que se llevan la mejor parte del ponqué del bienestar y que pocas motivaciones tienen para participar en las elecciones democráticas libres, justas y competitivas, al final, son los que alimentan las cifras abultadas de la abstención.

Los ricos no votan. Poco les importa quien gobierne mientras no se meta con lo suyo. Mientras no se toquen los intereses de clase, la correlación accionaria y la composición de capitales en los balances. Mientras la estatización no sea una virtud y si un pecado de locos desaforados con la revolución que invocan en mala conjugación con apellidos de próceres olvidados.

Por eso es que nuestra democracia anda al garete. Votan los que menos tienen con qué decidir después. Votan los que venden su voto y nada reclaman a posterioridad. Votan los que ignoran lo que sigue piernas arriba en cada espacio de participación. Votan los indolentes sin saberlo que son de esa condición. Votan los que nada tienen que perder porque el que no tiene nada no pierde nada.

No se trata de dividir a los electores en letrados e ignorantes. O entre pobres y ricos. Pero sí exigir que la cultura política comience por autodesterrar al clientelismo y a los mafiosos, a los emergentes y los ricos que en vez de irse a broncear a Miami, prefieren enlazar ganado en los barrios populares de cualquier caótica ciudad o pueblo polvoriento y llevarlos amarrados al matadero de la democracia para perpetuarse en el amargo lodo de la mermelada regional.

Coda: como los ricos no votan en este País, la mejor oportunidad que tiene la izquierda democrática para hacer la revolución o los cambios necesarios, es consolidar una social democracia que sea capaz de transformar la esencia y los resultados del juego sin alterar las reglas ciertas que lo determinan.

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