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Opinión

Los profetas del territorio

Jaime, el enamorado; Capella, el que sabe esperar; El Jhon Pri, y el Gobierno incompleto

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Octubre 05, 2016
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Jaime, el enamorado

Jaime Meriño, Chengue. Folo

Jaime Meriño, Chengue. Foto: David Lara Ramos

Luego del repliegue de las Farc y la posterior desmovilización de más de 500 paramilitares en la zona de Montes de María, la gente de lugares como El Salao, Las Palmas, San Rafael o Chengue, comenzaros a sembrar. Recogieron varias cosechas y la esperanza retornó.

Jaime Meriño, en Chengue, comenzó un cultivo de cacao con la ayuda de la gobernación de Sucre. Cuenta que “los doctores” fueron una vez, que a él le tocó aprender como pudo sobre un cultivo que desconocía. Su amor a la tierra, a los frutos, a las plantas, hace que hoy sea el único en Chengue y sus alrededores, que logró sacar sacos de semilla de cacao, pelada y seca para la venta.

Hay que ver a Jaime acariciando la piel de un fruto de cacao. Decirle que es hermosa, que es suave, tierna, bella. Pegársela al rosto, decir que es lo más lindo que ha dado la tierra, mientras cierra los ojos, como si se acomodara al regazo de su amada.

Luego, parece advertir los celos de las otras frutas y entonces con la misma pasión, soba las guanábanas y los aguacates, como un acto natural de lujuria, mientras suspira enamorado.

 

Capella, el que sabe esperar

El maestro Capella. Foto: David Lara Ramos

El maestro Capella. Foto: David Lara Ramos

A comienzos de noviembre de 2015, la sequía era muy intensa en Montes de María. El paisaje era una seguidilla de árboles sin hojas y arena rajada. La ausencia de lluvia, el fracaso constante en las cosechas y la carencia de alimentos, comenzó a desplazar a la gente de su territorio, igual que lo hicieron los grupos armados desde los años 90.

La sequía comenzó a mediados de 2013. La escasez se propagó como epidemia indetenible. La flora del territorio desapareció, ni siquiera la escobilla babosa, con sus topitos amarillos aguantó. Una mañana de noviembre de 2015, el maestro Capella fue revisar sus colmenas en las afueras de El Bálsamo, vereda de El Carmen de Bolívar, y comprobó lo que ya presentía: las abejas se estaban yendo. Al llegar diciembre, no quedaba una sola abeja en su apiario. Las cajas de madera que acogían a las abejas, pronto se llenaron de telarañas y de un polvillo untuoso y corrosivo.

“Con la sequía, hemos sufrido tanto como en los tiempos de la violencia, ahora es la naturaleza la que se ha puesto rebelde, pero ahí estamos resistiendo, con lo poco que tenemos, resistiremos, hasta que caigan las lluvias, porque se pone uno a esperar las ayudas del Gobierno y se muere”, dice el maestro Capella.  Con los primeros serenos de marzo, fue a revisar sus colmenas. Estaban llenas de abandono. Las limpió con sus manos y ajustó las cajas de madera. Añoró aquel zumbido ausente, que se escuchaba con intensidad en medio del silencio.

El lunes en la mañana, llamé al maestro Capella. Sin preguntarle, comento dos noticias: “Ganó el No, fíjese, qué vaina, seguiremos esperando la paz”. Guardó silencio. Ajustó su machete, y con una esperanza que aún zumba en mi cabeza, me dijo: “Volvieron las abejas”.

 

El Jhon Pri, y el Gobierno incompleto

Jhon Pri ha vivido siempre en la ciudad. Primero en Caracas, “en barrios bien candela, brother”, como afirma. Cuando cumplió 13 años, se vino a vivir a Cartagena, en La Candelaria, candela también. Allí fue creciendo con un habla’o sonoro, pegajoso, pero sobre todo musical. Desarrolló un talento para improvisar y componer letras de rap, como los versos de los mejores repentistas y poetas, como si se tratara de agudas sentencias proféticas. Eso es el Jhon Pri.

Ni Jaime ni el maestro Capella ni el Jhon Pri se conocen, pero sus pensamientos sobre el Gobierno están conectados. Días después de la firma farandulera de los acuerdos de La Habana, el Jhon Pri criticó los agradecimientos del Alcalde Pop de Cartagena, en el que felicitaba a la gente de los barrios por no haber ido al Centro. Una ceremonia de gente vestida de lino blanco, en la que los barriales, como el Jhon Pri, no tenían nada que hacer, porque es una ciudad de eventos, como lo dijo el Alcalde Pop.

El Jhon Pri reaccionó en contra de tales declaraciones, al igual que lo hicieron cientos de ciudadanos que vieron “los agradecimiento” de Manolo, en la página de Facebook de la Alcaldía. Para la memoria del arte pop en Cartagena.

Vi entonces un video que tenía colgado el Jhon Pri en su página, en el que le canta a este, a ese, a aquel Gobierno incompleto. Se escuchan unas voces, él dice “Buenas noches mi gente”, niega con su cabeza y aprieta sus labios desconcertado. “Hay que estar unidos mi gente… por la paz… La unión hace las fuerza, sin palabras”. Da un paso hacia atrás y se le ve sin camisa, con tatuajes en el pecho, y unas trenzas de cabello que caen como collares de cuentas sobre sus hombros.

Comienza su canto (https://www.facebook.com/jhon.pri.1/videos/776199042408266/)  directo, preciso, es el profeta del territorio, como las caricias de Jaime a sus frutas o  y la paciencia del maestro Capella.

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