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Los peligros de la mala prensa

“Dos colombianas en un medio de comunicación importante en el exterior, exponen banalidades sobre el país.”

Por: Roberto Camacho
Septiembre 09, 2014
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Los peligros de la mala prensa
scf.es

Tal vez seamos los colombianos quienes más estamos conscientes de los daños que la mala prensa puede traer a la imagen de una nación. Cargamos con el estigma de que los extranjeros reduzcan su opinión a un pánico absoluto de acercarse a nuestras tierras por creer que los van a coger a tiros; o hayan visto algún documental obscuro según el cual la costumbre nacional es mantener relaciones sexuales con las burras en la vía pública. Nuestro pasaporte es tan inútil que nos piden visa hasta naciones africanas que envidiarían nuestro escaso nivel de desarrollo. Sin embargo, todos sabemos que Colombia es un país tan diverso y diferente, que nos duele que nuestra floreciente identidad sea representada por ejemplos reduccionistas en los medios internacionales.

No obstante, tal vez por nuestra misma (in)cultura la cual tiende a una fuerte simbolización de nuestra aún adolescente identidad nacional, cometemos el error de pintarnos a través de clichés que a veces ni los extranjeros entienden, y de no ser capaces de auto criticarnos. Sí, porque hay muchas cosas que están mal con nuestra sociedad. Empezamos: que los pisos térmicos, que la bandeja paisa, que las mujeres bonitas, It’s Colombia not Columbia; o aún peor, aquellos mitos de importancia mundial en los que ni siquiera llegamos a ser los primeros en algo: Que el segundo himno más lindo después de la Marsellesa, que en los sesentas éramos la segunda potencia mundial en recursos hídricos, Que tenemos dos costas pero pues Panamá fue más avispado con lo del canal, y que somos los segundos más felices del mundo después de Noruega; en fin.

Haciendo esa reflexión, quiero traer a colación un importante medio liberal a nivel internacional que nos ha venido haciendo un daño del cual no han sabido medir las proporciones, muy al estilo estadounidense. El Huffington Post, diario liberal en formato de blog que goza de una amplia popularidad entre los lectores jóvenes, ha decidido darle cobertura al país en sus páginas de una manera que deja mucho que desear. Primero, ya venían apareciendo hace unos meses los artículos de Carolina Moreno como “23 Food Reasons Colombians Know What’s Good” o “Colombians are tired of an age-old stereotype” de Adriana Aristizábal. Pero lo que me hizo sentarme a escribir esta columna fue el colmo de la mala investigación periodística: La inclusión de Gustavo Petro como uno de los alcaldes del mundo que están transformando a si ciudad.

Un rápido análisis de los artículos: El primero empieza haciendo alusión a la aburridísima campaña de it’s Colombia not Columbia, habla de la eterna primavera de Medellín y el frío de Bogotá, y de ser el país más feliz del mundo, para luego hacer una lista de comidas colombianas que no hace más que despertar viejas añoranzas de los compatriotas que han tenido que emigrar al exterior. No tiene ningún mensaje, ni busca analizar nada.

Es impresionante cómo una periodista colombiana dedica su espacio en tan importante medio a esos temas tan banales, teniendo situaciones que necesitan ser visibilizadas en un país que se encuentra en constante estado de ebullición social. Ni la violencia urbana resultado de la desmovilización paramilitar, ni la lucha por los derechos de los LGBTI, ni la situación de ataques con ácido, ni la politización de los organismos de control; todos temas que pueden encuadrarse en la causa liberal que lidera el diario, merecieron la atención de Moreno. Era mejor darle paso al inigualable aguardiente (¿es en serio?) y a que los colombianos ¡han creado su propio tipo de hot sauce para echarle a las empanadas!

Y luego el artículo de Adriana Aristizábal , que por lo menos parte de una base más profunda y tiene algunos argumentos sólidos. Es cierto que el estereotipo de mafiosos es injusto con los colombianos de bien, que hemos sufrido los embates de un conflicto interno y la destrucción del tejido social a través de la detestable traquetización de la sociedad, ambos sucesos patrocinados por el consumo de drogas en los países desarrollados. Aunque menciona varios hechos importantes como que el alto gasto militar de Colombia impide su desarrollo social, luego pone el video de Colombia, the only risk is wanting to stay, y recurre a los pisos térmicos y a que producimos café.

Hubiera valido la pena hacer un análisis mucho más profundo, pues aunque el estereotipo es incómodo y grosero, lo cierto es que dichas personas abundan en nuestra sociedad y la plata fácil sí hace parte de nuestra cultura. No podemos decir que un país que tuvo un presidente que se botaba a “darle en la jeta, marica” a otros en actos oficiales o que glorifica figuras como David Murcia Guzmán y Marbelle no tiene la cultura mafiosa imbricada en los más profundo de su identidad. Pero también hay cosas buenas, y aunque Aristizábal menciona algunas, comete el error de caer en los insulsos clichés que impiden que se lleve a término el desarrollo del artículo. Y además, hay que tener un poco más de sentido del humor.

Dejando estos atrás, no sin antes dejar claro que las atroces piezas de Carolina Moreno no se terminan con la aquí referenciada (Lean Happy Independence Day: 23 things colombians do), me refiero al blog donde se nominó a Gustavo Petro en una lista de los mejores alcaldes del mundo.

En una muestra de irresponsabilidad periodística digna de uno de los medios nacionales, el bloggero Michael Maisel lo incluye como uno de los alcaldes del mundo que está transformado a su ciudad. Como bogotano con algo de sentido de pertenencia, me parece indignante. Dice que Petro ha peleado en contra de las estatus quo, y que es un líder que algunos colombianos ven como la posibilidad de que izquierda y derecha coexista pacíficamente en una Colombia del post-conflicto (según el New York Times). El señor Maisel no hace ninguna referencia a las transformaciones que ha tenido la capital bajo su mandato, que al fin y al cabo es a lo que se refiere el título del artículo.

No sabe uno si es que se hace el de la vista gorda con un mandatario que no es capaz si quiera de ejecutar su presupuesto, que no ha construido ni el 10% de los colegios que prometió , que tiene el 80% de la malla vial de la ciudad en pésimo estado y que amenaza con desacatar una decisión de la Corte Constitucional porque a él no le parece . Valdría la pena que el señor Maisel reflexionara acerca de si esa es una actitud digna de un “líder de la coexistencia pacífica de izquierda y derecha en el post-conflicto”.

Para concluir, el Huffington Post está pecando por dos lados. En primer lugar, al permitir ese periodismo mediocre de clichés que recuerda al estribillo de la clase alta colombiana ultra Uribista: es que ya se puede ir a la finca en carro. Y en segundo lugar, al dejar que uno de sus bloggeros cometa una irresponsabilidad periodística como nominar a un demagogo como un alcalde que está transformando una ciudad, cuando el hombre ni siquiera ha sacado un proyecto visible adelante en todo su mandato, y la tiene casi en ruinas. Por un lado, el diario va en contra de sus ideales liberales, y por el otro, pone en juego su seriedad periodística, haciéndole un daño a Colombia en el camino.

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