Los pedagogos en la calle

"Los maestros tuvimos que tomarnos las calles, avenidas y carreteras porque no se nos escuchó con la seriedad que merece la educación"

Por: Andrés Felipe Pedraza
junio 14, 2017
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Los pedagogos en la calle
Foto: archivo Vanguardia.com

Escuchaba en la mañana del 13 de junio en una reconocida estación de radio cómo sus locutores estrella insinuaban que la protesta de los maestros debía declararse ilegal después de la entrevista que hicieron a la Ministra de Educación. Aducían toda clase de motivos: que habían 8 millones de niños afectados, que las familias estaban “mamadas” —así fue su término exacto—, que era inaudito este que era el paro de docentes más largo de la historia en Colombia —lo que es falso—, que los maestros abusaban del derecho a la protesta, que tendrían un sueldo sin haber trabajado… en fin, decían todo lo que ya se ha dicho. Pero también se refirieron a que los maestros debían encontrar otra manera de “hacerse sentir” porque estas estrategias que estaban empleando estaban mandadas a recoger. Y sobre esta afirmación en particular quiero referirme porque las demás ya han sido explicadas con bastante claridad y contundencia por gran cantidad de docentes a lo largo y ancho del país.

Si bien es cierto que el siglo XXI ha llegado con impresionantes cambios en las formas de relacionarse y expresarse, también es cierto que estos cambios han llegado de manera desigual y localizada. Pero también es muy cierto que una cosa es el impacto que genera el uso masivo de un hashtag y otra cosa es el uso de la arenga y la marcha en la calle; la primera se suprime fácilmente incluso con pasarla desapercibida —así como un vídeo al estilo ‘youtuber’—, pero la segunda toca las fibras mismas de la necesidad personal y del capital. No sé en qué estrategias creativas estarían pensando los locutores de Caracol Radio pero en las condiciones en que el país se encuentra resulta un exabrupto pensar que una protesta con capacidad de generar una amplia discusión nacional no debe hacerse causando algún tipo de caos. Los maestros tuvimos que tomarnos las calles, avenidas y carreteras porque no se nos escuchó con la seriedad que merece la educación, no solo de los 8 millones de niños que tanto mencionan sino de todos aquellos que vienen y de los que seguiremos estudiando. Incluso, solo hasta cuando se produjo ese caos, 15 días después esos grandes medios masivos de comunicación decidieron registrar tímidamente la situación de los maestros olvidando aún las precariedades del sistema educativo.

Tan cierto es esto que ningún gran medio colombiano se tomó el trabajo de registrar la toma de las regiones y sus vías, solo hubo referencia a aquellas manifestaciones que en Bogotá y su entrada norte sucedían… ¿Y las comunidades educativas de las Costas, del sur del país, los Llanos no valen? Para fortuna de este movimiento pedagógico la inmensa mayoría de los viajeros en bus o en automóvil expresaron su apoyo irrestricto a esta gran causa porque saben que esos 8 millones de niños merecen un almuerzo que vaya mas allá de un jugo y una galleta con moho, sillas con tablas para escribir, electricidad, conectividad, rutas, docentes de artes y educación física, etc. Esto responde entonces a la pregunta de Darcy Quinn: “¿Por qué los maestros están en paro a cada rato?”.

Soy maestro rural y estoy convencido que este movimiento educativo es precisamente eso, la enseñanza en laboratorio a nuestros hijos, estudiantes y padres de familia de que tristemente en Colombia los derechos no se consiguen con cartas y publicaciones digitales sino hablando duro. Es educativo porque mostramos que la protesta pacífica también puede generar impacto aún cuando se use la violencia en contra nuestra, pero también educa a la sociedad sobre la tolerancia y la solidaridad en tiempos en que la competencia nos ha ido convirtiendo en individuos separados por kilómetros a pesar de convivir con personas bajo el mismo techo, dentro de las mismas rejas. Y lo más importante, es Pedagogía y Didáctica pura porque esas estrategias “mandadas a recoger” han logrado despertar en todo el país desde la calles, al sol y al agua, el interés por la importancia de una educación pública, digna y de calidad para todos.

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