Los pecados de la izquierda

"Grupos de izquierda se han abanderado de las luchas sociales del pueblo, pero con sus acciones violentas han demostrado lo contrario y su doble moral"

Por: Miguel Ángel Cerón Hurtado
marzo 13, 2020
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Los pecados de la izquierda

Algunos analistas consideran que izquierda propiamente dicha, no hay en el presente siglo, sino grupos de políticos que están por fuera y combaten a las élites de poder que desde hace un siglo vienen amasando el poder de Estado, el cual usan para su propio beneficio, sin considerar los intereses de toda la sociedad. Pero sobre todo, afirman que estos grupos tienen gran responsabilidad o culpa de que la oligarquía de las 25 familias que se apropian de los beneficios del poder, cada día fortalezcan más su dominio y consoliden los mecanismos que sostienen el manejo del Estado para su conveniencia.

¿Cómo así? ¿Los llamados “de izquierda” también son culpables de la existencia de la esta élite corrupta, inepta y criminal que hoy está destruyendo a Colombia? Dicen que así es. Que los de izquierda cometen tantos errores políticos, que en lugar de erosionar el poder de las élites, lo que hacen es fortalecerlo más.

Los críticos señalan un listado de actitudes que ponen a pensar: llevan sesenta años gritando en la calle que “el pueblo unido jamás será vencido”, pero jamás han intentado unir al pueblo. Ni siquiera trabajan con él, el cual está a merced de los políticos tradicionales, que les brindan dádivas para mantener su adhesión. Denuncian las aberraciones del régimen democrático pero no presentan un proyecto político serio, de mediano plazo, que demuestre sus bondades en contra del modelo neoliberal que hoy está minando la dignidad humana de las comunidades; pues reducen su praxis política solo a denunciar las acciones degeneradas de la oligarquía.

Pelean entre ellos mismos, como si el enemigo fuera la misma izquierda; todos dicen que tienen la razón y que están en la línea correcta, pero que los otros colegas, también de izquierda, están equivocados. Divisiones y dispersión, es lo común; pues no se unen ni para almorzar. Creen que las movilizaciones en los espacios públicos les va a permitir reivindicaciones como las conseguidas en otros continentes hace dos siglos, cuando existía otro tipo de Estado, otro tipo de capitalismo y otra realidad histórica. Cuando han tenido oportunidades de gobierno, cometen las mismas indelicadezas de los partidos tradicionales. Pero lo más relevante, es que no hacen una lectura pertinente a la cultura política que impera en el país, ni a la realidad del Estado con sus reglas de juego y que los grupos políticos tradicionales se encargan de alimentar para beneficiarse de las mismas.

Un proyecto político de mediano plazo debería ser construido con calma y paciencia, desde abajo, desde los barrios y veredas, utilizando la pedagogía social que transforme la conducta política y electoral de las comunidades de base, que por su situación de miseria están siempre dispuestas a vender el voto a cambio de prebendas y beneficios personales, por encima del interés general y el bien público. Pero estos izquierdistas también son simplistas y cortoplacistas, que no siembran en la conciencia del pueblo los patrones culturales que se traduzcan en conducta electoral, para llegar al Congreso de la República y desde ahí, aprobar las leyes que se requieren para la transformación del país. Hoy, la realidad histórica muestra que el tema no es la lucha de clases, que el daño a la humanidad no es el sistema capitalista en sí mismo, sino la modalidad que ha adoptado este sistema y que se sustenta en las teorías neoliberales; pero ¿cuáles son las políticas alternativas que confronten estas teorías? Si no es el Estado Neoliberal, ¿cuál es la forma del Estado Social requerido? Es reformando la Constitución Política y expidiendo las leyes respectivas, como se puede cambiar el andamiaje neoliberal que está llevando a la sociedad nacional a su propia destrucción.

Pero con la claridad suficiente de un proyecto político que dentro del mismo sistema capitalista propicie las reformas. No es cambiando el sistema económico ni promoviendo la lucha de clases, como se logra la solución estructural, sino cambiando el modelo de Estado, por otro, que se sustente en los mismos fundamentos del capitalismo clásico de carácter empresarial y no rentista, y en las bases, con los debidos ajustes históricos, de los cimientos del Estado del Bienestar, como se podría mejorar el país; pero para lograr eso, es necesario corregir los pecados de la izquierda.

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