Los pastusos no están preparados para una ciudad de peatones

El proyecto para peatonalizar el centro de la ciudad ha generado cierta controversia entre transportadores y algunos ciudadanos que no ven beneficio alguno

Por: Inti Mesias Barrera
noviembre 22, 2022
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Los pastusos no están preparados para una ciudad de peatones
Foto: Cortesía

La discusión sobre la peatonalización del centro de la ciudad de Pasto, que se ha reabierto las últimas semanas, es una ocasión para que los habitantes discutamos sobre el tipo de ciudad que queremos habitar, que queremos construir.

Es una oportunidad para preguntarnos por el proyecto colectivo moderno más grande que tenemos, la ciudad y que en Nariño ha estado supeditada durante las últimas décadas a la especulación inmobiliaria e intereses particulares. Se trata de plantear cuál es el tipo de espacio que queremos habitar, vivir, disfrutar y construir con nuestros impuestos.

¿Quién no recuerda la infancia donde las calles fueron el campo de juego?: "el tope", "el congel", la "novena de la cuadra", y otros tantos "compartires" que nos permitieron construir tejido social, barrio, ciudad y que hoy se reducen a pantallas de computador y celular, o que en el mejor de los casos, a conjuntos cerrados que se venden con la promesa de seguridad, pero que esconden la pérdida del derecho a habitar la ciudad.

Se construyen “castillos” sin espacio público o relación con la urbe, que con la venia de la administración municipal, vuelve a los propietarios y arrendatarios prisioneros.

En un momento en que el mundo destruye paradigmas sobre la necesidad del vehículo particular, que discute la importancia de la proximidad y de la caminabilidad y donde se reivindican derechos como los de la ciudad y la importancia de la justicia espacial, las potencialidades que tiene una ciudad como Pasto son gigantes, al no padecer, aún, los problemas de grandes urbes como Bogotá, Cali o Medellín.

Los procesos de peatonalización de vías, así como la limitación del uso de vehículos motorizados no son nuevos. Ciudades como Ibagué, Cali, Bogotá o Quito ya lo vivieron. La experiencia y la investigación urbana han demostrado que promover el Derecho a la Ciudad involucra aspectos materiales, culturales y medidas legales.

El material es el fundamental ya que sin transporte público digno, sin infraestructura vial de calidad y sin condiciones de empleo formales, procesos como la peatonalización terminarán en una calle atiborrada de vendedores ambulantes “rebuscándose” la vida, como ya sucedió en Ibagué con la carrera tercera.

El segundo componente, el cultural, implica atender con educación los aspectos sociales asociados al uso del carro, el cuidado de lo público, el respeto por convicción de las normas que socialmente construimos, para que, por ejemplo, un motociclista no se pase un semáforo en rojo, o un carro no aparque su vehículo sobre una ciclorruta, como hoy lamentablemente ocurre en nuestra ciudad.

Y, finalmente, es necesario mecanismos legales y autoridad que tenga la capacidad técnica y tecnológica para sancionar, judicializar y penalizar a aquellos que no estén dispuestos a cumplir las normas que socialmente construimos.

Y a las voces que creen que erigir utopías es imposible, vale la pena recordarles que apenas hace 50 años, uno de los países que hoy disfruta de los más altos estándares de vida y que se ha vuelto referente de uso de la bicicleta para el mundo (Países Bajos), se enfrentaba a una crisis de movilidad y de disfrute de la ciudad que llevó a sus habitantes a protestar (fue llamativa la participación de niños y niñas) y exigir cambiar la forma en que se estaba construyendo la ciudad, por una donde el vehículo particular no fuera la prioridad, sino la construcción de espacios públicos dignos.

La tarea de los habitantes de Pasto y de las otras urbes que están naciendo en el Departamento es enorme, pero nada es imposible para un pueblo que ha demostrado con berraquera que se puede vivir mejor.

Organizar comités ciudadanos, grupos de ciclistas, ligas de peatones y fortalecer las juntas de acción comunal es clave para avanzar en la construcción de una ciudad que de gusto habitar. Parafraseando a Lucio Feuillet: ¡No se nace en vano al pie de un Volcán!

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