Los muertos y desaparecidos que carga Luis Pérez: Operación Orión

Aún justifica la acción del gobierno Uribe junto a las AUC para “pacificar la Comuna 13” que dejó un cementerio con 88 asesinados. Hoy espera que Petro lo olvide

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noviembre 30, 2021
Los muertos y desaparecidos que carga Luis Pérez: Operación Orión

Una de las obsesiones de Luis Pérez al posesionarse como alcalde de Medellín el 1 de enero del 2001 era limpiar la comuna 13. Desde 1999 las milicias urbanas de los Comandos Armados del Pueblo (Cap), el Eln y las Farc habían logrado asentarse en los 23 barrios de la comuna y se disputaban palmo a palmo un territorio que alcanzaba a cubrir a 130 mil personas. A medida que la calles se empinaban, entre más arriba se vivía en la montaña, más pobre se era. 

Ese año las acciones del ejército contra las guerrillas, sugeridas por Pérez, habían dejado decenas de muertos y de desaparecidos que empezaban a llenar La Escombrera, la fosa común más grande de Latinoamérica y que aún se puede ver en la cima de la montaña que cubre la parte de atrás de la Comuna 13. Las acciones se sucedían unas a otras: Otoño I, Contrafuego, Otoño II, Marfil, Águila, Horizonte II, la Mariscal. Sin embargo, el 7 de agosto del 2002, con la llegada de Álvaro Uribe Vélez a la Presidencia y con la política de Seguridad Democrática como bandera, se desataría un verdadero infierno sobre la comuna. 

Durante los primeros días de septiembre Pérez se reunió con Uribe y le pidió intervenir con toda la fuerza disponible el sector y borrar cualquier huella de subversión. El presidente viajó a la capital paisa con su ministra de Defensa, Marta Lucía Ramírez, para presidir un Consejo de Seguridad en el que también participó el entonces comandante de la IV Brigada, Mario Montoya Uribe; el comandante de la Policía Metropolitana de Medellín, Leonardo Gallego y Luis Pérez, quien como alcalde fue protagonista: la Operación Orión era una realidad.

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En la madrugada del 16 de octubre de 2002 la IV Brigada del Ejército entró a la Comuna 13 de Medellín para cercarla desde abajo y abrirle paso a 1.200 hombres de la Policía, Fiscalía y DAS. La operación estaba planeada milimétricamente y Uribe, la ministra Ramírez y el alcalde Pérez la supervisaron desde el centro de operaciones. Los militares usaron además helicópteros artillados, tanquetas y las armas de tecnología más avanzada. Pero mientras las fuerzas armadas entraban a la comuna, por la parte de arriba entre los barrios las Independencias I, II y III; y El Salado, Don Berna y cientos de paramilitares más del Bloque Cacique Nutibara también se escurrían entre callejones y potreros para tomar el control de la zona. Nadie los contó, pero algunos afirman que fueron 800 paramilitares, un ejército de la muerte que impuso su ley y tomó el control de la comuna.

Don Berna había llegado a la Comuna 13 en julio del 2002 y ordenó a los hombres del Cacique Nutibara sobre el que mandaba, extirpar cualquier síntoma de comunismo. En las calles empezó a imperar el toque de queda en esos meses previos a Orión. Se escuchaban en la zona frases tan terribles y tan intimidantes como “No busque lo que no se ha perdido", "Los muchachos buenos se acuestan solos, a los malos los acostamos nosotros". El papel de Don Berna fue fundamental y la coordinación que llevó a cabo desde la cima de la montaña sirvió para ganarle la partida a las milicias y de paso para desatar un horror del que aún hoy no hay información exacta. Las cifras oficiales dicen que hubo 16 muertos (entre ellos, cuatro militares) y 200 heridos. Sin embargo, informes como el de la Corporación Jurídica Libertad, el saldo de heridos fue de 80 personas, 370 detenciones, 12 personas torturadas, 17 asesinados por la fuerza pública, 71 homicidios por parte de los paramilitares y 92 desapariciones forzadas. 

El fotógrafo y periodista Jesús Abad Colorado se ha convertido en una postal de lo que fueron esos dos días de horror en la Comuna 13. Casi 20 años después ninguna autoridad ha podido explicar la presencia de hombres encapuchados dirigiendo a los soldados. Foto: Jesús Abad Colorado.

Los relatos son espeluznantes. Alejandro Ortega tenía 18 años y en las noches del 16 y el 17 de octubre perdió a todos sus amigos. Los mataron porque sí o porque no, por darle un vaso de agua a un guerrillero, por tomarse una cerveza en el andén, por fumar marihuana en la cancha, por saludar con la mano izquierda. Recuerda que el tiroteo era una constante y que, para protegerse de las balas, debían destruir sus casas y convertirlas en trincheras. La gente forraba su cuerpo con cartones improvisando precarios chalecos antibala. Los colchones en las ventanas podrían ser una buena armadura. Lo peor es que no se podían dejar las puertas cerradas. El ejército exigía a los vecinos que las abrieran para que pudieran circular entre el laberinto de calles amontonadas que caracteriza la comuna. Los paras llevaban meses reclutando niños de 12 años para que formaran parte del Bloque Cacique Nutibara. Los niños no se lo cuestionaban. Desde que les dieran para los Nike nuevos todo estaba bien. 

Eran familias que vivían al día y no acostumbraban a llenar sus neveras de víveres. Muchos ni siquiera tenían nevera. Si se salía a la calle los paras o los mismos militares, la peor plaga que tuvo que sufrir esta gente, disparaban y después preguntaban. En las noches se cortaba la luz y lo único que se escuchaba eran los gritos. Para colmo de males también se cortó el agua. Todas las salidas estaban bloqueadas. Los querían matar. En la madrugada el olor a sangre se impregnaba en la ropa. Los cuerpos, tirados en la calle, eran apilados en carretas y echados a la escombrera. Aunque la Comuna entera ha pedido que se saquen todos los cuerpos que están enterrados ahí, son pocos los alcaldes de Medellín que han demostrado receptividad ante la propuesta. 

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Oficialmente la operación duró 24 horas, pero fueron semanas de terror para los 130 mil habitantes de la comuna. Durante semanas la gente se dedicó a buscar a sus desaparecidos, a reclamar por los detenidos que eran torturados en la Casa Orión, un centro de operaciones donde los militares llevaron a más de 300 personas. Aunque el objetivo era retomar el control de la zona, lo cierto es que las fuerzas militares se lo dejaron todo en manos del Cacique Nutibara, que impuso una nueva ley. 

Eso al alcalde Luis Pérez poco le importó. Durante años, después de terminado su mandato, ha legitimado la operación y ha aplaudido los resultados. “Esa operación duró unas horas y pacificó la comuna. Mil cien homicidios menos en Medellín en el primer año después de la pacificación”, ha sido apenas la justificación de Pérez, que ahora, para jugar en las próximas elecciones presidenciales de 2022, busca ignorar.

Pérez se reunió con emisarios de Gustavo Petro para negociar una alianza política en la que él pueda participar en la consulta del Pacto Histórico. Según Pérez, su participación en Orión fue apenas la de un alcalde con las manos atadas, como se lo dijo a los hombres del jefe de la Colombia Humana en su finca cerca a Medellín, pero esas no han sido sus posturas durante casi 20 años cuando sí sacó pecho por una operación que de pacífica no tuvo nada. 

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