Opinión

Los millenials no son tan especiales como se creen

Necesitan aprender a tener paciencia. Se creen con derecho a todo, narcisos, egoístas, sin foco, perezosos… Nada los satisface.

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mayo 17, 2017
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Los millenials no son tan especiales como se creen

Muchos se sienten orgullosos de ser millenials, otros los envidian y muchos nos hemos preguntado qué harán para llevar esa vida “maravillosa” de hacer lo que quieren, a la hora que quieren, como quieren, darse el lujo de —sin plan B— tirar el trabajo que no les gusta y por mínimas razones, y seguir tan campantes y felices por la vida.

Depurando mis correos, encontré un video que al respecto me habían enviado y que —no sé por qué razón— no había visto. ¿Y saben qué? Encontré la respuesta de lo que realmente sucede con estos jóvenes llenos de energía y de ideas fantásticas, pero muy difíciles de manejar. Si bien es cierto que tienen grandes aptitudes y actitudes, empoderamiento, también lo es que son como cualquiera de nosotros, pero criados diferente y con toda la tecnología al frente. Eso los hace distintos, pero no necesariamente con ventajas en los aspectos clave de la vida que, a ellos como a nosotros, también les toca.

El video es de una charla del inglés Simon Sinek, escritor, motivador y profesor de comunicación en la Universidad de Columbia en Nueva York. Arranca contando de lo que se los señala: creerse con derecho a todo, narcisos, egoístas, sin foco, perezosos… Nada los satisface.

Si les interesa el tema, por favor tómense el tiempo y miren y escuchen a Sinek (está subtitulado en español) en una intervención interesantísima al respecto, porque estamos rodeados de ellos (hijos, sobrinos, compañeros de trabajo a nuestro cargo, etc.). Son solo 15 minutos. De lo contrario, aquí les dejo una transcripción resumen de sus palabras:

A los millenials les dijeron que eran especiales todo el tiempo; les dijeron que podían conseguir cualquier cosa que quisieran en la vida, solo con desearlo.

Si se toma este grupo cuando se gradúa y consigue un trabajo, son tirados al mundo real y en un instante se dan cuenta que no son especiales, que su mamá no les puede conseguir un ascenso, que nada llega por llegar y finalmente no lo pueden tener solo por quererlo, y en un instante su autoestima se opaca.

El otro problema es que han crecido en un mundo de Instagram y Facebook donde le pueden poner filtros a todo. Son buenos mostrando que la vida es increíble, aunque estén deprimidos. Ellos parecen fuertes y que lo han logrado todo, cuando la realidad es que hay muy poca gente fuerte y triunfante. Tienen pocos mecanismos para lidiar con el estrés y cuando el verdadero estrés llega a sus vidas, no buscan a una persona… Buscan un dispositivo, van a las redes sociales, solo a eso que les da un alivio temporal.

La dopamina y las redes sociales

Sabemos que la conexión con las redes sociales y nuestros teléfonos libera la dopamina. Por eso cuando chateas te sientes bien. Entonces cuando se sienten decaídos o solitarios, entonces envían diez textos a diez amigos saludando. La dopamina es el químico que nos hace sentir bien cuando fumamos, tomamos o apostamos. En otras palabras, es altamente adictiva. Tenemos restricciones para fumar, apostar y beber, y ninguna para redes sociales o celulares, que son el equivalente a abrir el bar y decirles a nuestros jóvenes: ”hey, sírvanse hasta que caigan”. El alcohol no es malo; mucho alcohol es malo. Apostar es divertido; mucho es peligroso. No hay nada de malo con las redes sociales; es el desbalance.

Si te reúnes a cenar con tus amigos y estás chateando con alguien que no está ahí, es un problema, es una adicción. Ahora súmale la sensación de impaciencia. Han crecido en un mundo de satisfacción instantánea. Quieren comprar algo, van a Amazon y lo tienen al día siguiente. Quieren ver una película, se conectan y la pueden ver. Quieren ver un programa de TV, ¡listo!; ni siquiera tienen que esperar semana a semana.

El mundo real

Todo lo que quieran… gratificación instantánea, excepto satisfacción en el trabajo, relaciones duraderas. No hay App para eso. Es un proceso lento, detallado e inconfortable. Entonces miro esos increíbles, fantásticos, idealistas trabajadores, inteligentes chicos que recién se han graduado del colegio, que dejan el trabajo y me siento con ellos y les digo: ¿cómo te ha ido? Creo que voy a renunciar… Y les digo: ¿¡¡Por qué!!? Creo que no estoy haciendo ningún impacto. Hey, has estado aquí ocho meses… Están parados en la base de la montaña y tienen ese concepto abstracto de tener un impacto en el mundo, que es la cima, pero no lo ven como una montaña.  No me importa si suben o bajan la montaña rápido o lento, pero sigue siendo una montaña. Entonces lo que esta generación de jóvenes necesita aprender a tener es paciencia. Que las cosas que realmente importan como el amor o la satisfacción en el trabajo, el disfrutar, el amor a la vida… todas estas cosas toman tiempo. Algunas veces puedes acelerarlas en algo. Pero la mayoría del camino es arduo, largo y difícil, y si no pides ayuda y aprendes de eso… te caerás de la montaña.

No quiero decir que los millenials son un fiasco, sino que así como nosotros —los más grandecitos— crecimos con tantas negaciones, rigideces de cómo debían ser las cosas, más las dificultades propias de la vida, estos jóvenes se están estrellando más duro que nosotros con una realidad que no les permitirá las cosas a la velocidad que quieren… Y eso nosotros sí que lo tenemos claro.

¡Hasta el próximo miércoles!

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