Los jóvenes de La Legión del Afecto llegaron al Caguán

23 zonas del país hicieron parte del Seminario Nacional de Lenguajes

Por: carlos andrés orlas
diciembre 15, 2014
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Los jóvenes de La Legión del Afecto llegaron al Caguán

A 22 horas de Medellín, en un trayecto que va de Medellín a Neiva, departamento de Huila, desde Neiva hasta Florencia, Caquetá, y desde Florencia hasta San Vicente del Caguán. Pasamos de la cordillera Cetral a la Oriental. Caguan, me dice un amigo Edilberto, tendero local, “no tiene cultura propia: aquí hay costeños, antioqueños, huilenses, tolimenses, caleños, risaraldenses, cucuteños, bogotanos”. San Vicente es a su manera un pueblo universal. También es zona de colonización y expansión agrícola donde ha sabido confluir la pluriversidad del pueblo colombiano con sus múltiples contradicciones. En este sentido es un lugar clave para dialogar sobre la paz territorial.

Uno dice en Medellín que va para el Caguán y el gesto es de sorpresa, como si viajara a una zona roja y de control absoluto de las Farc. Les digo a mis amigos que voy con la Legión del Afecto, -“¿legión del afecto?”, me preguntan. “Es como un ejército de la paz”, respondo como creyendo decir algo ingenioso. Después me cuestiono la palabra ejército. Bueno, el caso es que trece años después de haberse roto los diálogos de paz entre la insurgencia fariana y el gobierno de Andrés Pastrana, en el 2001, estoy en lo que en su momento fue la zona de despeje, El Caguán, el del caucho, los tigres, los Huitoto y Embera, la coca, el petrolero, el de la silla vacía, el bastión de las Farc, el epicentro de un proceso de paz que determina lo que es el de hoy.

Y estamos en San Vicente del Caguan, uno de los pueblos más antiguos de Caquetá, en un seminario sobre Jóvenes, biodiversidad y post-conflicto, para dialogar sobre la importancia de la paz cotidiana y la paz territorial que involucre esos dos elementos vitales: la biodiversidad y los jóvenes. El seminario reúne a jóvenes y adultos, señoras, señores, niñas y niños, bebes, abuelas, adolescentes, y mayoritariamente jóvenes, es decir, legionarios de la Colombia profunda, espíritus que invocan, provocan y celebran la paz.

Cuán importante es la presencia de algunas familias indígenas en este encuentro, a propósito de la biodiversidad en favor de la paz¡ Las comunidades indígenas han sabido ser guardianes de la naturaleza sin ufanarse por ello.

Nos reunimos gente de 23 regiones del país, entre ellas, la Cristalina (Meta), San José del Guaviare, Caquetá, Bojayá (Chocó), Montes de María y San Jacinto (Bolívar), Magdalena Medio y Bajo Magdalena, Tumaco, Buenaventura por el Pacífico, Puerto Tejada, Cauca, solo por nombrar algunas de las regiones de lo que llamamos la Colombia profunda. Esto con el propósito de realizar un manifiesto donde retumbe la voz de los que en muchas ocasiones no han tenido voz: y su voz es canción, poema, selva, grito, danza, improvisación, sensación y fulgor. Fragor. Todo esto configura un tejido sanguíneo por el que transita una savia, un reverberar por la transformación de país y por una paz construida desde abajo, y por tanto, duradera.

Un sentir común en este seminario es la importancia de la biodiversidad en la paz. Paz negociada en favor de la biodiversidad, dicen los legionarios de Caquetá desde la época de la zona de despeje hace ya 13 años.

De este encuentro surge una proclama o manifiesto de país: los jóvenes con un ingreso social (un punto de apoyo) somos transformadores de país, peritos de vida cotidiana visibilizando los problemas de cada territorio con una mirada contextualizada. En este sentido merecemos ser escuchados: somos sembradores de paz en los territorios, rescatando el sentido y el valor de la palabra, desde los lenguajes alternativos, derrotando el rumor con el humor, y rompiendo las barreras invisibles generadoras de muerte..

Nuestra vos quiere llegar a todos los rincones del país, y lo vamos a lograr porque hablamos con una lógica cuya razón no ve como sinrazón la razón de la locura. Somos como Alicia, que se atrevió a seguir al conejo y viajo al corazón de la magia. Con los lenguajes alternativos, el piel a piel con las comunidades y el viaje a pie por los territorios, nos formamos como guerreros y guardianes de corazón. Embajadores de alegría. “Somos locos de amor a la vida”, decía un legionario de Puerto Wilches, Santander. Hoy decimos desde la antigua zona de despeje que la paz es posible si y solo si, se hace en favor de la biodiversidad. Sin multinacionales desangrando la madre tierra.

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