Los falsos positivos y las traiciones

"No dudemos en manifestar que existió y existe una permanente traición de todos aquellos que por acción u omisión participaron en estas ejecuciones extrajudiciales"

Por: Mauricio Jiménez
junio 16, 2021
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Los falsos positivos y las traiciones
Foto: María Paula Ángel / Las2orillas

Una de las primeras cosas que aprende un político es a poner en práctica las palabras de Nicolás Maquiavelo, quien decía que "los príncipes deben ejecutar a través de otros las medidas que puedan acarrearles odio, y ejecutar por sí mismos aquellas que les reportan el favor de los súbditos". A diario vemos ponerlo en práctico: unos pocos políticos deciden y aparecen ante la opinión pública como los paladines que defienden una causa noble, y otros tantos son los ejecutores que terminan, en la mayoría de los casos, como los malos de toda causa.

La traición de los miserables

Las recientes declaraciones de Juan Manuel Santos respecto a los falsos positivos y las ya dadas por Álvaro Uribe reviven esas palabras del filósofo político italiano considerado el padre de la ciencia política moderna, y reafirman un adagio de autor desconocido quien dijo que "la verdad es el alma de los honestos, la mentira, la de los cobardes, la traición la de los miserables".

La honestidad se convierte, entonces, tristemente, en una palabra efímera y sin sentido que se subyuga ante la mentira y, por tanto, la traición florece en todo su esplendor, a pesar de que nadie lo acepte o simplemente se hace oídos sordos a una realidad que siempre existió.

Han pasado más de quince años para que el expresidente Santos salga a decir que luego de constatar que era una realidad los falsos positivos en la administración de Uribe y que siendo ministro de Defensa hizo todo lo posible para desmontarlos cuando comprobó que sí se efectuaban dichas actividades por parte del Ejército en complicidad con las autodefensas, paramilitares y autoridades, y ahora pida perdón a las víctimas por las ejecuciones extrajudiciales.

No hay que olvidar que Santos ejerció el cargo de ministro de Defensa (19 de julio de 2006 al 22 de mayo de 2009), tiempo en el cual se presentaron las mayores ejecuciones, bajo la presidencia de Álvaro Uribe. En este episodio de la historia de nuestro país fue claro los más de 6.000 falsos positivos, ejecutado por miembros de la Fuerza Pública y funcionarios del Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, bajo el amparo de órdenes superiores, y sustentado de alguna manera por el Decreto 1400 del 2006, por el cual se crea la Bonificación por Operaciones de Importancia Nacional.

Razón le da uno al escritor francés Jean Jacques Rousseau cuando manifestaba que "los temores, las sospechas, la frialdad, la reserva, el odio, la traición, se esconden frecuentemente bajo ese velo uniforme y pérfido de la cortesía". Esa cortesía que a todo momento se le ve a los políticos, pero que no dudamos en catalogarlos como lobos disfrazados de oveja.

En todo caso, es imperdonable que haya existido tanta impunidad al respecto y solo unas cuantas personas paguen penas sin que los autores intelectuales de tan macabra idea sigan tan campantes sin una sola sentencia judicial hacia ellos.

Doloroso episodio donde se evidenció más que nunca que cuando el objetivo final es importante, cualquier medio para lograrlo es válido, más para aquellos que creen y dan razón de ello, que el fin justifica los medios. Tras bambalinas, no hay que dudar, que se han entretejido cientos de historias turbulentas donde es claro las intrigas, la corrupción, las alianzas amañadas y cualquier práctica desleal y deshonesta que, en últimas, el único perjudicado son aquellos que tuvieron la mala fortuna de caer en manos de los falsos positivos.

Existe un adagio popular que dice que en política no se le puede creer a nadie porque en cualquier momento puede decir lo contrario a lo que expresó inicialmente. Así las cosas, sigue pasando los años y no existe un pronunciamiento real y efectivo donde se llegue a una verdad plena, aun cuando todos tienen su propia versión y justificación.

Rescatemos las palabras de la Reina Cristina de Suecia cuando decía que la ambición suele hacer traidores. Ese deseo intenso y vehemente de conseguir lo que se persigue, sin importar cómo se logra, y que tiene a este país en una constante polarización, donde los odios y rencores prevalecen más que la razón.

Reconozcamos de una vez por todas que por esa misma ambición el menoscabo de la integridad nacional se hace cada vez más evidente y atenta contra la existencia y seguridad del Estado. No dudemos en manifestar que existió y existe una permanente traición de todos aquellos que por acción u omisión participaron en estos llamados falsos positivos.

Un proverbio chino dice "es fácil esquivar la lanza, más no el puñal oculto". Triste realidad en donde no sabremos de dónde provenga la próxima flecha de uno u otro actor. Mientras tanto, siguen estos actores tan campantes como si nada hubiera pasado, y con solo decir que ya han pedido perdón creen que ya es suficiente.

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