Los dos mártires del conflicto colombiano que beatificará el Papa

El padre Ramos fue linchado por los liberales un día después del asesinato de Gaitán y el obispo de Arauca fusilado por el ELN por desobedecerlo en 1989

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julio 07, 2017
Los dos mártires del conflicto colombiano que beatificará el Papa

En la visita del Papa el próximo septiembre a Colombia su parada en Villavicencio tendrá un doble propósito. Además de los compromisos con sus fieles, dedicará un momento especial para vincular a dos colombianos al santoral del Vaticano. Aunque con cuatro décadas de diferencia, los dos murieron violentamente por razones políticas en el contexto del conflicto colombiano. El Padre Pedro Miguel Ramos en el Tolima quedó atrapado en la polarización de liberales y conservadores, y a Monseñor Jaramillo la guerrilla del ELN le cobró su independencia y arraigo con las comunidades. Esta es la historia de los dos mártires que desde septiembre serán beatos, segundo paso hacía la canonización, después de haber sido ya considerados mártires de la iglesia:

El Mártir de Armero

El obispo de Garzón del Huila, monseñor Fabio Duque Jaramillo ya  fue notificado por la Santa Sede que el padre Pedro María Ramírez Ramos, nacido en La Plata será beatificado por el Papa Francisco. Con este primer paso comienza el camino para que el Huila tenga su santo.

En su momento, el padre Ramírez fue acusado de maltratar a los liberales por sus firmes convicciones conservadores. Eran los tiempos de la Violencia Partidista de los años 50. A este sacerdote radical se le atribuye la avalancha de Armero como resultado de una maldición de este sacerdote radical que terminó linchado el 10 de Abril de 1948 por la turba liberal.

 La fama de santo del padre Pedro María surgió pocos meses después de su asesinato cuando personas de diferentes condiciones sociales de Tolima y Huila empezaron a atribuirle múltiples milagros como la sanación definitiva de personas desahuciadas por los médicos, la solución de terribles problemas familiares, el regreso de hijos pródigos al hogar, la renuncia a la drogadicción o el alcoholismo y hasta la prosperidad económica de comerciantes en quiebra. Además de los favores registrados en placas, inscripciones y cruces tanto en su mausoleo como en el museo que se conservan en La Plata, también son numerosos los milagros atribuidos al Mártir de Armero en su página oficial http://padrepedromaria.com.

Casa campestre en la que nació el padre Ramírez Ramos el 23 de octubre de 1899

En el libro Una víctima de la revolución de abril , del jesuita Juan Álvarez Mejía y publicado en el año del maritirio, al conocerse por radio la noticia del asesinato a tiros del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán en pleno centro de Bogotá, gran parte del pueblo liberal de Armero, se levantó contra las autoridades pidiendo la cabeza del presidente Mariano Ospina Pérez y la caída del Gobierno conservador. Los exaltados, como en gran parte del país, también acusaban a la Iglesia católica de defender al conservatismo y de propiciar con su conducta pasiva y en otras, de manera velada, el clima de violencia contra los liberales.

Hacia las 2:30 de la tarde una turbamulta ebria y armada llegó hasta la casa cural con el propósito de matar al sacerdote, pero su intento fue frenado por las monjas de la comunidad de las Mercedarias Eucarísticas. Jugó un papel especial la madre Miguelina, quien enfrentó a un hombre que pretendía balear al sacerdote Ramírez  cuando se encontraba orando de rodillas frente al Santísimo. Los violentos saquearon la casa cural, destruyeron y quemaron muebles, enseres, libros y ornamentos, aunque no alcanzaron a profanar el Santísimo ni a destruir las hostias conservadas en el sagrario, cuenta el jesuita en su libro.

Pese al pedido encarecido de las monjas para que huyera del pueblo porque su sacrificio era inminente, Pedro María se negó a hacerlo diciéndoles que ya había perdonado a los agresores y a quienes pudieran atentar contra su vida. Al día siguiente del Bogotazo por el asesinato de Gaitán,  el padre ofició la misa de la mañana, dio la comunión a las monjas y a un grupo de estudiantes, confesó a un enfermo en el hospital y visitó a más de 170 conservadores detenidos en la cárcel.

Poco antes, del mediodía repartió entre él y las monjas las hostias consagradas que quedaban, guardó una para utilizarla en caso de necesidad y escribió a lápiz un lacónico testamento que guardó en un sobre en el que escribió: «Voluntad del Pbro. Pedro Ma. Ramírez Ramos, a la Curia de Ibagué y a mis familiares de La Plata».

Mausoleo en el que reposan los restos del Mártir, en La Plata, Huila

En el testamento, anticipando su muerte inminente dejó escrito: “De mi parte, deseo morir por Cristo y su fe. Al excelentísimo señor obispo mi inmensa gratitud porque sin merecerlo me hizo ministro del Altísimo, sacerdote de Dios y párroco hoy del pueblo de Armero, por quien quiero derramar mi sangre. Especiales memorias para mi orientador espiritual, el santo padre Dávila. A mis familiares que voy a la cabeza para que sigan el ejemplo de morir por Cristo. Con especial cariño los miraré desde el cielo. Profunda gratitud con las madres eucarísticas; desde el cielo velaré por ellas, sobre todo por la madre Miguelina (la superiora). En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Armero, 10 de abril de 1948».

A los gritos de «¡Entregan al cura o mueren todas!», las monjas salieron huyendo de la casa cural por entre los tejados, dejando indefenso al hoy venerable Ramírez Ramos que vestido con bonete y estola fue sacado en medio de insultos, golpes y puñetazos y llevado a la plaza principal del pueblo donde fue entregado, sin fórmula de juicio, a un tumulto de por lo menos mil hombres y mujeres exaltados, muchos de ellos en completo estado de embriaguez.

Diferentes versiones, confirmadas en el voluminoso expediente judicial que se abrió días después del crimen, indican que hacia las 4:30 de la tarde fue otra vez ultrajado y golpeado y luego atacado con garrotes, varillas y planazos de machetes. Otros documentos señalan que cuando una voz dio la orden de «No más planazos, dénle por el filo», Ramírez Ramos pronunció sus últimas palabras: «Padre, perdónalos. Todo por Cristo» y que enseguida, varios hombres le asestaron machetazos en la cabeza y los brazos que acabaron con su vida en pocos minutos. Aún en el suelo, otro hombre le dio un varillazo en la nuca que le hizo girar la cabeza hacia atrás.

El cadáver fue abandonado a la entrada del cementerio donde fue recogido por vecinas del sector ―entre ellas algunas prostitutas― quienes lo sepultaron semidesnudo en una fosa, sin ataúd ni nada parecido a una ceremonia religiosa. Allí permaneció hasta que semanas después de restablecido el orden las autoridades identificaron plenamente el cuerpo y lo entregaron a familiares y miembros de la Iglesia católica quienes durante varios días lo trasladaron en un estremecedor y largo cortejo fúnebre que empezó en Armero, pasó por Ibagué y Espinal, siguió en Neiva y Garzón y terminó en La Plata.

La causa tramitada en su fase final ante la sede papal fue ampliamente discutida por juristas y teólogos que analizaron con especial cuidado los graves hechos de violencia protagonizados en los años 40 y 50 por los partidos Liberal y Conservador, una época en la cual, según diversos historiadores, fueron asesinados más de 200 mil colombianos.

El recorrido hacia la santificación del padre Ramírez Ramos. Empezó hace 69 años, un dia después de su asesinato a golpes. La visita de Juan Pablo II en 1986 destrabó el proceso pero aun quedaba camino por recorrer. Diez años después fue declarado “venerable”, la señal del Vaticano de que la cosa va en serio. Los huilenses testificaron sin tregua milagros para asegurar ser oídos en Roma. El Obispo Fabio Duque tomó la bandera desde entonces hasta asegurar el segundo paso: la beatificación que tomará forma finalmente con la visita del Papa Francisco a Colombia este septiembre.

Monseñor Jaramillo, torturado y asesinado por el ELN

Monseñor Arcadio Bernal no podía dormir en su diócesis de Arauca. Había sido escogido por el Papa Juan Pablo II para suceder al querido obispo Jesús Emilio Jaramillo quien había sido asesinado por la guerrilla del ELN el 2 de octubre de 1989 en la vereda Santa Isabel de Arauquito. Primero fue juzgado y luego torturado hasta su muerte. Monseñor Arcadio sentía su presencia en todos los rincones de la austera casa cural. Una evidencia a la que se sumaban las decenas de feligreses que contaban los milagros del obispo por la que los araucanos llegaron a sentir veneración. Con paciencia y durante tres años, el obispo Bernal recuperó testimonios y documentos que envió a Roma diez años después, en junio de 1998 y con la solicitud de beatificación con el apoyo de un grupo de sacerdotes jesuitas. La información fue remitida a la Congregación para las causas de todos los santos, la entidad del Vaticano que determina la santidad de los mártires. Sabían que era un proceso lento, que podía tardar veinte años así las pruebas de su santidad y martirio fueran irrefutables.

Jesús Emilio había nacido en Santo Domingo (Antioquia) el 14 de febrero 1916. Alumno del férreo y fanático conservador Monseñor Miguel Ángel Builes, fue ordenado presbítero para el Instituto de Misiones de Yarumal el 1 de septiembre de 1940. No compartía su radicalidad  para combatir el ateísmo y el comunismo en una Colombia que se desangraba en la primera de las muchas olas de violencia que estaban por llegar, así que fue el jesuita español  Francisco Javier, su principal referente. A través de él conoció las tesis de Teilhard de Chardin y tuvo en sus manos la Fenomenología del Espíritu y las Confesiones de Rousseau, libros que lo empezaron a formar como el filósofo que se graduaría de la Universidad Javeriana en 1971. Un año después se enfrentaría al reto que terminaría costándole la vida: ser obispo de Arauca.

Llegó en un momento en el que el movimiento campesino empezaba a radicalizarse. El obispo, con vocación y formación de misionero, empezó a recorrer con su credo los lugares más inhóspito de las planicies araucanas, en donde había nacido y crecido el Frente Domingo Laín del ELN. El Obispo se topó con ésta en la toma al corregimiento Betoyes en Tame. Tan cristiano como el Cura Pérez, entonces líder máximo del ELN,  las diferencias frente a la lucha armada y su distancia con la Teología de la Liberación se fueron convirtiendo en una barrera infranqueable con el obispo que se hacía acompañar del ejército en sus agotadores recorridos en los que multiplicaba sus fieles.

La organización guerrillera fue acumulando resquemores con un Obispo que había logrado arrebatarle sectores de campesinos y pobladores en la región. Con su elocuencia y su carisma fue convenciendo a líderes indígenas, a maestros y se convirtió, sin proponérselo en un rival del Eln en el territorio. Un obstáculo. Un estorbo en su estrategia de control de Arauca.

El lunes 2 de octubre de 1989 Jesús Emilio Jaramillo tomó un campero acompañado del párroco de Cravo Norte, León Sarabanda, el de Fortul, José Lubin Rodríguez, el seminarista German Iracoca y su ayudante y amigo el sacerdote Elmer Muñoz. En la mitad de la carretera que los llevaría a Tame, justo en la vereda Santa Isabel de Arauquita, tres hombres vestidos de civil los detuvieron. Se identificaron como del ELN, les ordenaron bajarse del auto y les pidieron la cédula. Deliberaron unos minutos y tomaron la decisión de dejar partir al grupo a excepción del Obispo y su ayudante Elmer Muñoz. Una hora después aparecieron cinco guerrilleros más que le reclamaban al sacerdote su cercanía con los militares. El tono se agrió y los guerrilleros del Domingo Laín le pidieron a Muñoz abandonar al Obispo. Le pidió como último favor recibir su confesión.

El Obispo nunca llegó a la Casa de retiros en donde se habían citado. Muñoz regresó a la vereda Santa Isabel donde lo había dejado para encontrarse con el horror: entre el matorral, torturado y con siete heridas de fusil yacía Monseñor Jesús Emilio Jaramillo. Sin su cadena con el Cristo de oro ni su anillo obispal. Arauca toda se volcó a la calle. Cincuenta mil personas acompañaron el entierro del Obispo en la Catedral de Santa Bárbara

La noticia voló por Arauca y conmocionó al clero, pero también a la guerrilla en las montañas de Colombia. Un crimen sin explicación que generó un cisma en las filas del ELN en la que militaban sacerdotes y monjas  y que había bebido de los principios cristianos frente a los pobres pregonados en la Teología de la Liberación. La crueldad de la decisión inexplicable, en contravía de las convicciones fue el detonante para que 800 guerrilleros y una buena parte de los sacerdotes dejaran al Eln del Cura Pérez. Dos años después, en septiembre de 1991 nacería, de esa ruptura, la Corriente Renovadora Socialista que firmó la paz con el gobierno de Gaviria el 9 de abril de 1994.

Desde el Líbano Tolima, donde desde enero del 2003, Monseñor Arcadio Bernal es obispo, ha esperado la noticia que puede volverse realidad con la visita del Papa Francisco a Colombia el próximo septiembre: la beatificación de monseñores Jaramillo. Una causa que fue impulsada también por su sucesor en Arauca, monseñor Carlos Germán Mesa Ruiz y luego por Jaime Muñoz Pedroza.

Hace dos meses supieron que su esfuerzo no había sido en vano cuando el pasado 11 de mayo la Congregación para las Causas de los Santos le escribía a la Conferencia Episcopal de Colombia informaba que el caso de Monseñor Jaramillo ya estaba en la última instancia, el estudio de los teólogos que determinarían si se elevaba hasta los altares. Desde entonces monseñor Muñoz Pedroza no ha parado de orar con sus fieles en la Catedral de Santa Bárbara de Arauca. La misma donde esperan recibir la noticia de la beatificación del Obispo, cuya formalización solo espera la firma del Papa Francisco. El regalo más esperado por los Araucanos.

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