Los champetudos: expresión de resistencia en Cartagena

La champeta era, en principio, un cuchillo para pelar pescado. Luego se convirtió en un ritmo de resistencia en una ciudad colonial, racista y pobre

Por: Gabriel Fortich Barros
agosto 31, 2021
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Los champetudos: expresión de resistencia en Cartagena
Foto: Flickr

La champeta era el término que se usaba para describir el cuchillo o el machete con el que los vendedores de pescado limpiaban las presas. Luego, el término fue empleado como arma en los bailes populares, donde casi siempre terminaban en peleas. Todo esto dio pie a que, con el tiempo, “champetúo” se utilizara ofensivamente por las clases más pudientes para referirse a aquellas comunidades afrodescendientes y de sectores empobrecidos de Cartagena, donde habitualmente usaban la champeta como herramienta de trabajo o como forma de defenderse en medio de una acalorada pelea.

En Cartagena de Indias, ciudad hermosa y colonial, pero también ciudad de marginalidades y de pobreza, empezó un fenómeno sonoro y cultural que comenzó con la llegada de ritmos africanos que traían los marineros locales a quienes les tocaba viajar a lugares tan remotos como África o no tan lejanos como las Antillas.

Esta música sería bautizada como “música terapia” porque hacía olvidar la pobreza, la marginación y el hambre de estas comunidades. Además, era el llamado de sus ancestros, una manifestación popular ajena de los centros de poder de la bonita ciudad de estirpe española; era el sinónimo de resistencia de aquellos que se negaban a ser olvidados, por eso hicieron de esta música algo suyo. De allí que luego viniera la «terapia criolla», y con ellos el desahogo de una cultura, de una historia, de un sentir.

Los champetudos entonces se convirtieron en aquellos que hacían visible lo invisible, lo vulgar, lo popular, lo marginal, y a ellos no les importaba lo que pensaran los demás.

El fenómeno musical pasó a ser entonces una forma de vida, de identidad y de emancipación. El pick up o amplificadores potentes de sonido, que se ponían en verbenas o casetas, pasaron a ser lugares de reunión y de baile; el cabello rasta y los coloridos vestuarios, a formar parte de la manera de expresar su mundo.

¿Pero cómo llegó la champeta a penetrar y luchar con la cerrada, colonial y clasista Cartagena? Aquella Cartagena de personas criollas y de costumbres europeas, que miraban de reojo cómo sus canciones de doble sentido, de denuncia social, de erotismo y sensualidad poco a poco hacía escapar a escondidas a sus jóvenes y visitantes.

La respuesta la encontramos en los mismos problemas socioculturales de la ciudad, en donde la gran mayoría vivía en malas condiciones; a estos se le empezaron a sumar desplazados de la violencia de la guerra entre guerrilleros y paramilitares, que venían desde el Urabá, el Chocó y Córdoba, con otros sentires, con otras vivencias, pero con la misma conexión ancestral. La población champetuda creció y con esto se popularizo la champeta.

La champeta, aunque más popular sigue siendo sinónimo de contracultura, porque aún hoy cuestiona los modelos musicales establecidos, como el reguetón, también sigue siendo parte de la cultura rebelde de las poblaciones negras y sigue mostrando la historia de sus autores.

Lo más importante es que hoy aún es motivo de rechazo entre aquellos que no quieren ver lo popular como parte de la cultura ancestral de los cartageneros, intentos fallidos de mover el mercado de Bazurto de su lugar central a un lugar alejado; el movimiento de los más ricos a sectores apartados de la creciente pobreza marginal de una ciudad olvidada por sus políticos, que solo ven la champeta y a los champetudos cuando les toca mostrar populismo ladrón y dañino.

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