Los 86 años de Silvania, Cundinamarca, tierra de promisión

Este importante centro ecoturístico del Sumapaz celebró su aniversario el pasado 21 de febrero. Una mirada a sus orígenes

Por: Òscar Saùl Arguelles Dìaz
febrero 23, 2021
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Los 86 años de Silvania, Cundinamarca, tierra de promisión
Foto: PORYTAL77 - CC BY-SA 4.0

A 45 kilómetros al suroeste de la ciudad de Santa Fe de Bogotá, incrustado a 1.470 metros sobre el nivel del mar, en la provincia de Sumapaz, se encuentra un municipio lleno de historias, magia y sorpresas. El antiguo refugio de los sutagaos, sobre la autopista de los zipas, es un homenaje a la memoria de Saguamachica y Tisquesusa, los primeros que atravesaron con sus ejércitos estas tierras señalando el camino.

Saguamachica, cuyo zipazgo se sitúa en el año 1470, armó un ejército de 30 mil hombres para combatir al cacique Fusagasugá quien también tenía un poderoso grupo aliado con sus vecinos: el cacique Tibacuy y Usatama –el guardián de las tierras de Silvania-. Algunas fuentes indican que Zeratema, la esposa de Usatama, fue la que logró la alianza de los pueblos de este valle para hacer frente al zipa.

Las guerras entre sutagaos y vhibchas (tribu a la que pertenecía Saguamachica) fueron aprovechadas por los españoles para la conquista del territorio colombiano. Durante esta etapa, y más exactamente en la colonia, aparece en Silvania la encomienda del conquistador Francisco Gómez de la Cruz.

Las estancias de ganado que le fueron adjudicadas a este encomendero en 1608, tres siglos después se convirtieron en la Hacienda El Chocho, utilizada hoy como sede social del club campestre El Bosque, sitio emblemático del turismo en Silvania.

Equipado con amplias piscinas y un hermoso lago con garzas, los socios disponen de lugares para eventos empresariales, camping y canchas de tenis. Sin embargo, lo que más llama la atención es la casa señorial, cuya arquitectura original conserva rasgos hispanos-arábigos y algunas historias dignas de recordar.

La hacienda, por el año 1930 tenía su propia moneda (el medio real) para las transacciones comerciales con los arrendatarios. Incluso, con esta se pagaba el café que se cosechaba en sus parcelas. Era tanta su autonomía que tenía un reglamento de trabajo propio.

El Chocho, al desintegrarse en más de mil parcelas, se convirtió en símbolo de la revolución agraria, en el modelo de parcelaciones y en cuna del primer partido agrario. Algo que hoy en día se puede apreciar en las fincas destinadas para el ecoturismo.

Esas casonas ofrecen diferentes alternativas para el turista, desde travesías para conocer el arte rupestre, las lagunas y cascadas hasta planes más relajados como la pesca deportiva, las cabalgatas o las caminatas ecológicas por bosques de robles. Sus territorios, en su mayoría montañosos, resaltan por los accidentes orográficos de las cuchillas La Roblera, los Indios y San Luisa, la cordillera de Subia, el cerro La Nariz, el alto Angarilla, la loma El Piedrón y la depresión Los Olivos. Por su conformación topográfica, sus suelos corresponden a los pisos térmicos medio y frío. Bañan sus tierras las aguas de los ríos Barroblanco y Subia, además de quebradas y fuentes de menor caudal. La temperatura promedio es de 20 grados centígrados.

Su economía está basada principalmente en el comercio dentro del casco urbano y sobre la carretera Panamericana, la agricultura, las artesanías de mimbre, la ganadería, el turismo y el ecoturismo son la base económica del municipio. Algunos de sus habitantes se ocupan en la explotación de minas de carbón, en la elaboración de la panela y en el aserradero de maderas.

La revolución agraria en Colombia, producto de las revueltas de los mismos campesinos, quienes sentían una inmensa necesidad de tierra para trabajarla sin importar las ideas políticas o de partido, tuvo sus orígenes en Cundinamarca, exactamente en la hacienda El Chocho, en la jurisdicción de Silvania. A diferencia del resto del país, la insurgencia agraria, entre 1920 y 1930, en El Chocho, tuvo una salida política; no se necesitaron fusiles ni partidos ni mucho menos la ayuda de extranjeros. Todo se solucionó con la parcelación y varias leyes a favor del trabajador rural.

Sin embargo, con la llegada del boyacense Demóstenes Albañil, recibido como arrendatario, se volvió a gestar la revuelta. El instinto de este hombre lo convirtió en un personero de los arrendatarios, cuya causa defendía con la elemental lógica de la razón que dan los hechos. Por ejemplo, pidió la libertad de comercio para la madera y el café. Por todo esto, El Chocho fue cuna del primer partido agrario, Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria (Unir), fundado por Jorge Eliécer Gaitán.

Esta población de un poco más de 22 mil habitantes fue elevada el 21 de febrero de 1935 a la categoría de municipio bajo la dirección de don Ismael Silva, quien en la década fuera el más ferviente admirador de Jorge Eliécer Gaitán. Fundado el nuevo pueblo con un trazado inicial del parque principal y las principales calles.

Ese año se construyeron seis casas, que fueron las primeras del municipio. El 10 de febrero de 1936, los directores del Comité Central de Silvania expedían, al cumplir su primer año, el nombre al municipio de Silvania, como reconocimiento y en gratitud de los esfuerzos del fundador de este poblado.

En la vereda Subia se encuentra el lago Belmira, refugio de exóticos patos y lugar donde se puede practicar el canotaje. Las mariposas le dan un toque amable a los paisajes de Silvania.

En época de invierno una ladera tapizada en roca es bañada por las aguas cristalinas del río Subia. En algunos sitios el agua alcanza a ser represada de tal forma que sirve de piscina natural.

En la vereda Aguabonita está uno de los pocos bosques de niebla que aún sobreviven en el planeta. Ubicado sobre la cabecera de la microcuenca del río Chocho, y hace parte de un sistema hídrico fundamental para el abastecimiento de agua en el municipio.

Desde la salida de Bogotá, en un tiempo de recorrido aproximadamente de una hora por la Autopista Sur, se llega a este paraíso situado a un costado de la carretera Panamericana.

Un pueblo que nació sin nombre ni partida de bautismo, un municipio llamado Silvania en honor a su fundador Ismael Silva. Una población nacida en Fusagasugá que disfruta de los favores de estar sobre un valle ondulado de variada topografía, diversos climas y florestas que celebra el 21 de febrero 86 años como municipio. Sus gentes que viven al abrigo de las peñas, entre frondosos cafetales, arracachales, platanales y frutales esperan, que su Silvania siga siendo un importante centro ecoturístico del Sumapaz.

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