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Opinión

Lo que rodea a Álvaro Uribe

Tres sucesos de su gobierno: parapolítica, los hombres de la seguridad, los falsos positivos

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Marzo 01, 2016
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La reciente captura de Santiago Uribe, hermano menor del actual senador y expresidente Álvaro Uribe Vélez, reabre el debate en torno a las relaciones directa o indirecta del expresidente con sectores de la ilegalidad. Las versiones han sido múltiples, entre otras, por ejemplo se le acusa de haber participado en la masacre del Aro y de haber tenido que ver directa o indirectamente con lo sucedido en la Hacienda Guacharacas y La Carolina.  Y sobre todo de haber gobernado con las estructuras políticas del paramilitarismo.

A Álvaro Uribe se le acusa de ser el padre del paramilitarismo, lo cual es falso, los grupos paramilitares se crearon y sobrevivieron más allá de Uribe, igualmente se le acusa de que ganó en 2002 la presidencia con el voto paramilitar, y si bien en los distritos electorales los paras votaron masivamente por el expresidente, este habría ganado, en todo caso, de forma más cerrada la presidencia en 2002. Pero de lo que sí es culpable Uribe es que, durante su gobierno, legalizaron las élites y volvió importantes varias estructuras criminales y políticas que de ninguna otra forma habrían pasado de ser caciques regionales. Durante los ocho años de Uribe tuvieron alcance nacional.

Los datos así lo manifiestan. Durante estos años una serie de políticos y estructuras políticas regionales dieron un salto a la arena nacional, por ejemplo, la familia Araújo era una expresión regional, pero después de la elección del confeso parapolítico Álvaro Araújo, su hermana Consuelo llegó a ser canciller, de hecho, tuvo que renunciar a su puesto después de que se comprobara que Álvaro Araújo se benefició del paramilitarismo. Igualmente, durante estos años, criminales de la Oficina de Envigado como alías JOB, entraban y salían de palacio sin problemas, se reunían, con miembros del alto gobierno, a planear conspiraciones contra las altas cortes.

61 congresistas que ejercieron sus funciones entre el año 2002 y 2010
han sido condenados por tener vínculos con grupos paramilitares,
todos ellos declarados uribistas y de la bancada de gobierno

Hay tres ejemplos de lo que sucedió durante estos años de gobierno Uribe. El primero tiene que ver con el escándalo de la parapolítica. En total 61 congresistas que ejercieron sus funciones entre el año 2002 y 2010 han sido condenados por tener vínculos con grupos paramilitares, todos ellos declarados uribistas y de la bancada de gobierno. Incluso el primo del expresidente Uribe, Mario Uribe, fue condenado por concierto para delinquir. Es decir, durante estos años, el Congreso tuvo mayoría mafiosa. Esta bancada de la parapolítica aprobó leyes como la 1182 de 2008 o de saneamiento de la propiedad falsa, con la cual se legalizaron miles de hectáreas despojadas a campesinos.

El segundo ejemplo tiene que ver con los hombres de la seguridad del expresidente Uribe. Dos de sus edecanes, el general Santoyo y Buitrago, están presos por narcotráfico. El primero de ellos fue extraditado a los Estados Unidos. Nunca antes, ni siquiera en el proceso 8000, los jefes de seguridad de un presidente habían sido capturados por estos delitos.  Ni que decir del DAS, que fue utilizado para perseguir la oposición política y el poder judicial sin ningún cuidado. El organismo de seguridad de convirtió en una policía política del presidente.

Pero tal vez el ejemplo más complejo durante los años de gobierno Uribe tiene que ver con los falsos positivos. Los datos hablan por sí solos. Durante la dictadura de Pinochet, entre 1973 y 1990 fueron asesinadas tres mil personas, es decir, en 17 años. Durante los ocho años de gobierno Uribe se asesinaron cerca de cuatro mil personas que habrían sido víctimas de los falsos positivos o las denominadas ejecuciones extrajudiciales.

Así las cosas, en ocho años de democracia se superaron las cifras de asesinatos de una dictadura de 17 años.  Para estos casos si bien se han condenado algunos soldados y coroneles los altos mandos siguen en la total impunidad.

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