Lo que no sabíamos del Pacto Histórico en el Valle del Cauca

He visto cómo jóvenes que nunca se habían interesado por la política escuchan y aprenden atentamente de viejos líderes políticos sobrevivientes de mil guerras

Por: Sebastián Acosta Zapata
enero 14, 2022
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Lo que no sabíamos del Pacto Histórico en el Valle del Cauca
Foto: Leonel Cordero

He tenido la fortuna y el privilegio de conocer de primera mano, pero con cierta distancia, el proceso que durante estos meses se ha dado para pasar de la resistencia a la alternativa de poder. Hoy no podemos entender la forma en que las fuerzas vivas y progresistas se han ensamblado si no ubicamos su génesis inmediata en el estallido social que inició el 28 de abril de 2021.

Las semanas y meses posteriores a esta fecha fueron esenciales para tejer unas voluntades, sueños y esperanzas que exigían cambios profundos en las distribuciones de las cargas y beneficios del sistema laboral, económico y de salubridad.

Estas voluntades, entre septiembre y octubre, empezaron a organizarse de una manera más sólida e identificable. Las asociaciones desde los barrios buscaron desarrollar talleres de formación política; las figuras mediáticas del Paro se vincularon a proyectos más grandes; los estudiantes iniciaron procesos de pedagogía electoral; y todos aquellos que exigimos justicia social comenzamos a aportar nuestro pequeño grano de arena.

Entre noviembre y diciembre, y de cara a las elecciones de Congreso en marzo de 2022, el Pacto Histórico a nivel nacional optó por las denominadas listas cerradas tanto al Senado como a la Cámara en Bogotá, en los departamentos y en el exterior.

Fue una decisión arriesgada, y no sin contradictores dentro de las toldas alternativas. Sin embargo, las tensiones se disiparon más pronto de lo que muchos analistas decían, y en el caso del Valle del Cauca no fue la excepción.

José Alberto Tejada, “El Señor del Canal 2”, el periodista que fue a los Puntos de Resistencia e hizo crónica viva y en directo de lo que sucedía en las barricadas, fue designado cabeza de lista del Pacto Histórico en el Valle. Él estuvo impulsado por un grupo de jóvenes líderes que se manifestaron en el estallido social. Ellos le dieron la legitimidad a él.

En la lista está de segunda Gloria Arizabaleta, exfiscal y defensora de Derechos Humanos. Luego se ven nombres como el de Alejandro Ocampo, reconocido político de izquierda y militante del Polo Democrático Alternativo.

En las últimas semanas de 2021 y en las primeras del 2022, se han venido presentando reuniones y trabajos en equipos que permiten pensar, con renovada esperanza, que los sectores de izquierda, históricamente minoritarios y divididos, pueden consolidar una apuesta importante que logre, al menos, 100.000 votos, alcanzando, como mínimo, una curul en la Cámara en el Valle para el Pacto Histórico.

Esto lo digo con reserva, pues hay sectores que ubican la apuesta en 150.000 votos o más, alcanzando dos escaños. Aunque esto último ya es pensar con el deseo.

Creo en este proyecto por su heterogeneidad. He visto cómo jóvenes de barriadas populares con un bagaje que llevó a algunos a estar privados de su libertad trabajan hombro a hombre y mano a mano con chicos de los barrios más exclusivos de Cali que estudian en las universidades privadas más caras de la ciudad.

He visto cómo cristianos y ateos convergen por ideales de justicia social en el mismo salón orientados a una lucha fundamentada en una ética humanista.

He visto cómo cuadros formados por las antiguas FARC-EP tejen alianzas y estrategias políticas con líderes políticos tradicionales en pos de sacar un proyecto común. He visto cómo personal de la salud y víctimas del conflicto armado se sajan en profundos debates para definir líneas programáticas.

He visto cómo empresarios y académicos aportan lo mejor que pueden para brindar herramientas materiales e inmateriales a la campaña. He visto comunicadores, formados y empíricos, reinventarse una y mil veces para aprender de política electoral y lograr transmitir mensajes transformadores.

He visto cómo jóvenes que nunca se habían interesado por la política escuchan y aprenden atentamente de viejos líderes políticos sobrevivientes de varias guerras, y también he visto cómo reinterpretan y actualizan esos consejos, y cómo aquellos luchadores de otrora ven admirados a estos jóvenes.

Hay una fuerza y una energía emocional social inconmensurable. También hay una alegría extraña en cada reunión, en cada reencuentro, en cada acto de campaña. Sí, se está haciendo política electoral, y a veces podemos caer en tácticas mañosas de la vieja forma de hacer política, pero estamos aprendiendo, con entusiasmo y esperanza.

Romper las estructuras que se han reproducido por décadas no es tarea fácil, y a lo mejor las elecciones nos den un golpe de realidad y nos vuelvan a mostrar lo recio de las redes clientelistas que sostienen la democracia, pero mientras tanto hay que gozarse esta fiesta.

Y digo fiesta porque también los he visto bailar y divertirse, gozarse la calle y la plaza, han compartido copas y desde el estallido se han conformado muchas parejas amorosas. Fiesta y amor es lo que este proyecto tiene para compartir.

No hay odios, ni rencores, ni venganzas en nadie de los que he visto. Y muchos de ellos tiene razones de sobra para envenenarse contra el poder, contra los armados, contra la desigualdad y la clase política tradicional.

Todos y todas ellas tienen ganas de hacer las cosas un poco mejor, tienen ganas de llevar la fiesta por igual a todos lados y de compartir el amor que les sobra.

Estas son solo algunas razones por las que creo en el Pacto Histórico en el Valle del Cauca. Más allá de la agenda programática, elemento que en política es esencial, el factor humano y las relaciones sociales, sus historias, sus metas, sus sueños y sobre todo sus esperanzas son los componentes que me dan garantías e ilusión para creer en este proyecto de transformación con justicia social.

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