Lo que hay detrás del performance “Un violador en tu camino”

En el mundo se escucharon frases como "El violador eres tú" o "Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía", que tienen significados aún desconocidos

Por: MARCELA CASCAVITA
febrero 28, 2020
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Lo que hay detrás del performance “Un violador en tu camino”
Foto: Pantallazo YouTube Colectivo Registro Callejero

Rita Segato, antropóloga argentina, investigadora, feminista decolonial y escritora de temas relacionados con el género, el racismo y la colonialidad; inspiró con sus tesis al movimiento de mujeres chilenas que performaron el grito feminista: “Un violador en tu camino” esto, en protesta a un Estado machista y opresor.

Parafraseando a Rita, los Estados Nacionales tienen características semejantes, tanto en su constitución, formas de organización y hasta en los prejuicios que los constituyen: la homofobia, el racismo, xenofobia, fanatismo, corrupción, elitismo y discriminación, entre otros, que han llevado a la consolidación de la exclusión en el mundo y perpetuado con ayuda de las religiones, prácticas primigenias, como la violencia en todas sus manifestaciones hacia las mujeres. Por eso el grito fue escuchado, fue transnacional, traspasó las fronteras y por un momento todas fuimos una sola nación.

El estribillo de las chilenas dejó ver entre líneas algunas de las ideas de la pensadora, entre sus frases más conocidas y polémicas, por ejemplo, Rita dice: “El tránsito a la modernidad implicó un desplome, de la autonomía de la autoridad y del poder de las mujeres”.  En el estribillo, las mujeres cantan: “El Estado opresor es un macho violador”. ¿Cómo se relaciona una cosa con la otra?

El Estado moderno tiene la autoridad de regular la vida social y en ese trabajo ha sido incapaz de proporcionar bienestar y seguridad a las mujeres, lo que no solo ha conllevado al asesinato sistemático- feminicidio, violencia y discriminación, sino a la consolidación de una mirada de minusvalía y debilidad que termina antecediéndolas y materializándose en la pérdida de su poder, en una precaria participación política y en la construcción de una ciudadanía del miedo, que Velarde (2012), explica como una construcción social que actúa al nivel de la subjetividad de las personas, y al instalarse genera parálisis, silencio y autocensura, lo que es utilizado por los grupos de poder como un recurso estratégico de control social que impide el ejercicio pleno de la ciudadanía, debido a que el Estado no cumple con su función como proveedor de seguridad social a sus ciudadanos. De tal manera que a las mujeres se les eterniza en una minoría de edad, que afecta su capacidad de agencia, la toma de decisiones y autonomía. Esto tiene una razón de ser, la raíz del Estado es patriarcal, se consolida bajo los “mandatos de la masculinidad”; como Rita asegura: “el Estado es irrevocablemente patriarcal”

Solo hay que dar un vistazo a algunos temas que siguen siendo actuales, por ejemplo, el aborto ¿por qué el Estado se siente con la responsabilidad de regular el cuerpo femenino?, ¿por qué le quita la autonomía y capacidad de agencia a las mujeres para decidir políticamente su lugar y formas de estar en el mundo? Rita al respecto menciona “La prohibición del aborto es una forma de violación del Estado”. Es una violación, entre tanto se le obliga a una mujer a desear algo que no desea, a sentir dentro de su cuerpo algo que no quiere sentir, se le expropia de su subjetividad para confinarla en su propio cuerpo, se le feminiza y materniza en contra de sí misma.

Por esta razón y a propósito del tema, Rita hace la siguiente comparación: “El sujeto violador es el sujeto moral por excelencia y la violación moraliza, es decir, coloca a la mujer en su lugar, la atrapa en su cuerpo, le dice: más que persona, eres un cuerpo. De la misma manera que lo hace el Estado” Sólo que éste utiliza interlocutores que mayoritariamente son hombres y algunas mujeres con la autoridad de opinar y decidir “democráticamente” sobre la legalización o no del aborto.  Pero en últimas, todas estas personas jugando el juego moralizador, de poder y dominación del Estado, en el que se pasa por encima de la voluntad de una persona, se le somete a transformar su cuerpo, a parir y posiblemente a criar, con todo lo que socialmente esto implica, o caso contrario, se le criminaliza, como si lo anterior no fuese ya una transgresión a la dignidad humana.

De forma semejante, las mujeres aún deben explicar ante cualquier delito sexual, violencia familiar, acoso laboral, entre otros, las circunstancias en las que ocurre el hecho y su responsabilidad sobre el agravio o perjuicio que haya cometido el hombre sobre su persona. Incluso aún después de asesinada siempre quedará la duda sobre la situación que ella pudo haber causado para que le ocurriera algo tan “inhumano”. Así, las mujeres se deben, de manera permanente, a explicaciones que incluyen desde su estética, forma de caminar, lugares por los que transita o habita, gustos, compañías etc., etc., todo aquello que descarte una provocación o búsqueda que justifique el acto del agresor.   Esto en el estribillo “Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía” El violador eras tú”

Rita en su análisis menciona que las mujeres siempre están bajo sospecha, no importa qué tan atroz sea un crimen, siempre el ojo moralizador cuestionara el lugar, la hora, su comportamiento y hasta su forma de vestir. “La mujer tiene que diariamente probar ser un sujeto moral. Necesita demostrarlo porque siempre cae una sospecha automática sobre su persona y sobre su moral: las mujeres somos inmorales hasta que probemos lo contrario”

De ahí que históricamente las mujeres hayan tenido que convencerse y convencer a los otros de que hay cosas que socialmente no están bien, que existe una carga inequitativa y unos imaginarios que deben ser transformados, tarea nada sencilla, cuando el significante mujer está cargado de sospechas y prejuicios morales, resultantes de distinciones, prácticas y mitos. El sistema está cargado de todo esto, de ahí que las tensiones trascienden al sujeto hombre… las disputas hoy son de carácter social y nos involucran a todos.

En consecuencia, las luchas de las mujeres se dan en oposición al Estado. De frente, contra las políticas exclusoras, inequitativas, violentas, revictimizadoras e injustas, y aunque han sido varias las victorias, hoy se sigue cantando: “el patriarcado es un juez, que nos juzga por nacer y nuestro castigo es la violencia que ya ves: es feminicidio, impunidad para el asesino, es la desaparición, es la violación”. Cuatro siglos después de la consolidación de los Estados Nacionales, las mujeres siguen insistiendo en que violar no es un crimen menor, en que existe una forma de poder y de dominación que trae consigo violencia hacia los cuerpos femeninos, asesinatos por el hecho de ser mujer, inequidad en las oportunidades de estudio, trabajo, participación, posición política, económica y otros, que no se han resuelto de manera contundente, porque no se ha logrado convencer al Padre – Estado, para que atienda tales necesidades.

Por esta razón, las mujeres explican, grafican, gritan, se movilizan y performan las violencias de las que son víctimas; y es que aún hay muchas cosas que cambiar. Hoy más que nunca hay que escaparse del sentido común; el aumento de mujeres participando en la política, academia, ciencia, profesiones y otros, no se puede generalizar, ni puede ser el paliativo para que las mujeres que no tienen estas oportunidades, se sientan satisfechas con el modelo imaginado, pero lejos de su realidad y biografía.

Desconocer la realidad de la mayoría de las mujeres para posicionar la idea de transformación social “lograda” a causa de la supuesta apertura del Estado para ofrecer trabajo, estudio, posición social, económica y política a las mujeres, es un absurdo que se posiciona desde un feminismo institucional – burgués, extremadamente esencialista y conformista. Aunque, afortunadamente cada vez más mujeres tienen acceso a diferentes esferas sociales, la racialización, la pobreza, el conflicto armado, la violencia familiar, el trabajo doméstico, el desplazamiento y otros, oprimen al doble o más de las mujeres que han logrado posicionarse.  Así, que hacerse de generalizaciones desde un lugar privilegiado, resulta egoísta y atrevido.

El reto es más vigente que nunca, educar, contextualizar, reconocer intersecciones de todos los modos de opresión sobre la vida de las mujeres, manifestarse y seguir en la lucha por los Derechos, las oportunidades y el desarrollo de capacidades. Huir de los feminismos blancos y burocráticos, sospechar de la capacidad del Estado para establecer políticas realmente incluyentes y equitativas que les permita a las mujeres y a los hombres reinventar nuevas relaciones, desde la pluralidad y el comunitarismo; como lo afirma Rita “Solo el tejido comunitario consigue la proximidad entre las personas”

Más poderoso aún, comprender que no basta con tener cargos de poder y cuerpos de mujer, al respecto Rita dice: “No podemos tener las mismas aspiraciones que los hombres dentro del orden patriarcal porque si no vamos a reproducir lo mismo, pero con otros cuerpos, Tenemos que conseguir imaginar un mundo nuevo, un mundo realmente diferente” y por último “Reaprender a conversar, que la mujer del futuro no sea el hombre que estamos dejando atrás”

 Por estas razones, esa lírica cantada de las chilenas, que se hizo movimiento al posicionar a “Un violador en tu camino” nos unió a nivel mundial en una infinita sororidad y nos permitió imaginar, que el feminismo se está saliendo de control, que no necesita de medios masivos de comunicación, porque hoy se hace voz populi, que no necesita del poder económico para posicionarse, porque rompe con las clases sociales, porque se intersecciona y emerge para interpelar cualquier tipo de dominación, incluso entre las mismas mujeres o entre los mismos hombres. Imaginamos, que cada vez necesita menos del capital simbólico de la academia, que se está saliendo de los libros, que no necesita en estricto sentido de la Universidad o de la especialización, que se sale de los oficios, de las profesiones, del género, del cuerpo, de los grupos etarios, que transita por diferentes culturas, que rompe con la exacerbada individualidad que produce el capitalismo, provocando comunitarismo. Que cada vez está más cerca de la cotidianidad, que se hace pluricultural, que se hace imaginario.

Bibliografía

Velarde, L. (2012). Ciudadanía del miedo. Una experiencia humana en su devenir histórico. Editorial Académica Española.

 

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