Lo que está en juego en el ocaso del uribismo y su intento desesperado por recuperar a Medellín

Analizar la campaña de uribistas, verdes e “independientes” para revocar al alcalde de Medellín Daniel Quintero ayuda a entender lo que hay detrás...

Por: Oto Higuita
enero 25, 2022
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Lo que está en juego en el ocaso del uribismo y su intento desesperado por recuperar a Medellín
Foto: Pixabay

1. Contexto

Analizar el contexto en el que se lanza la campaña de uribistas, verdes e “independientes” para revocar al alcalde de Medellín Daniel Quintero ayudaría a entender lo que hay detrás de los ataques sistemáticos, la guerra mediática, las mentiras y el intento desesperado por recuperar la alcaldía, desde el mimo día que la perdieron.

El primer contexto se da a partir de los diálogos de paz entre Juan Manuel Santos y las FARC, 2014-21018. No obstante, fue el plebiscito del 2 de octubre de 2016 lo que determinó el rumbo político que seguiría, tras los 5 años de negociaciones en La Habana.

Este mecanismo de consulta popular buscaba, según Juan Manuel Santos que lo impuso, darle una base de legitimidad a los acuerdos de La Habana a partir de una pregunta al constituyente primario, «¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?».

Pregunta que como se sabe fue respondida mayoritariamente con el NO, ganando la consulta las fuerzas de derecha que desde un comienzo estuvieron en contra del acuerdo y que son las mismas que hoy quieren revocar al alcalde.

Previo al plebiscito, la derecha y el uribismo desataron en todo el país, con los medios mercenarios a su servicio, una campaña sucia basada en mentiras, miedo y noticias falsas, como lo reconoció el mismo gerente de la campaña por el NO, Juan Carlos Vélez.

Para quienes han estado a favor de los acuerdos de paz (paradójicamente muchos no salieron a votar), el inesperado y devastador resultado sirvió de catalizador del descontento ciudadano, al tiempo que surgía la plataforma ciudadana Paz a la Calle en el 2016.

El segundo contexto surge en el 2018, cuando asume la presidencia Iván Duque, un personaje relativamente desconocido a nivel nacional, un inexperto político que Álvaro Uribe y el Centro Democrático impusieron como su alfil y títere para darle continuidad a su modelo de gobierno, basado en la “Seguridad Democrática”, el neoliberalismo y su alianza con paramilitares y narcos (Ñeñe política, compra de votos, fraude electoral), y a la guerra como forma de mantenersen en el poder.

Al tiempo que la presidencia del títere Iván Duque se empeñaba en hacer añicos los acuerdos de paz, como lo dijo uno de los más incendiarios agitadores del Centro Democrático (CD), Luis Fernando Hoyos.

Este segundo momento es importante teniendo en cuenta que el objetivo del CD-uribismo era conservar la alcadía de Medellín, a pesar del desgaste de Federico Gutiérrez, los desastres de Hidroituango, el sobre costo de su construcción y retraso para entrar en funcionamiento, además del tratamiento del Grupo Empresarial Antioqueño (GEA) a EPM como si fuera una de sus empresas privadas.

Por eso perder la alcaldía, uno de los bastiones históricos más importantes del uribismo y una de las más importantes del país, significó una derrota aplastante.

Ser derrotados por un “independiente” como Quintero Calle quien, además, mostró su inclinación por el cambio declarando su simpatía por Gustavo Petro apartándose del continuismo uribista, retumbó como una tronera en todo el país. La devastadora derrota, confirmó el derrumbe de un proyecto político en decadencia que ya venía mostrando claros signos de agotamiento.

2. La campaña de Daniel Quintero por la alcaldía

Quintero Calle hizo la campaña a la alcaldía de Medellín con una estrategia política cuya punta de lanza fue la crítica al manejo que las anteriores administraciones, principalmente la de Federico Gutiérrez (2016-2019), le dieron a EPM y al megaproyecto Hidroituango.

En concreto, denunció los malos manejos en EPM por parte del grupo empresarial GEA y sus funcionarios a sueldo, el Gobierno Corporativo que dirige la empresa pública como si fuera privada y solo pudiera hacer negocios con empresas de su conglomerado GEA.

Pero también denunció las fallas en la construcción de Hidroituango que han ocasionado pérdidas por casi 12 billones de pesos, cuyos principales responsables son el mismo GEA, el alcalde Federico Gutiérrez y el ex-gerente de EPM e Hidroituango, Jorge Londoño de la Cuesta.

Eso significaba, una vez elegido, nada menos que enfrentarse a dos actores con muchísimo poder, el CD-uribismo y el GEA, es decir, la derecha política y el gran capital “paisa”; era asumir una puja política demasiado riesgosa y peligrosa.

Y gobernar a Medellín con dos frentes de guerra como los que valientemente abrió el alcalde, lo enfrentaría a lo que se enfrentó Gustavo Petro como alcalde de Bogotá entre 2012 al 2015, es decir, gobernar pero también salir a defenderse.

En efecto, aparte de las amenazas de muerte que ha recibido, se sabía que no lo iban a dejar gobernar y, por el contrario, se vendría un ataque permanente donde las fuerzas reaccionarias y el gran capital desplazado de su domino y control de EPM, desatarían una campaña sucia que desembocara en la campaña de revocatoria, avalada en un comienzo por la Registraduría y luego suspendida por el Consejo Nacional Electoral el pasado 18 de enero y hoy por un juez de la República.

De la derecha no deben extrañar sus métodos, mentiras, usar el miedo, hacer trampas y fraudes, eso es bien conocido por todo el país. Por eso lo que se ha descubierto fraude y falsificación de firmas que quisieron negar y ocultar deja sin piso la legitimidad del proceso de revocatoria. De ahí que los únicos sorprendidos sean solo ellos.

Tampoco se puede olvidar que una de las estrategias del CD-uribismo y la derecha, cuando pierden espacios de gobierno en Colombia, es impedir el normal funcionamiento de gobiernos progresistas y democráticos que políticamente sean sus opositores, y, como en el caso de Medellín, no cuenten con el aval del gran empresariado. Pasa en Cali con Iván Ospina, en Magdalena con el gobernador Carlos Caicedo, y hay más ejemplos.

3. No es una discusión sobre una alcaldía de izquierda o independiente

La discusión sobre la alcaldía de Medellín la vienen dando distintas tendencias políticas que cubren todo el espectro de derecha a izquierda. Incluidos ex alcaldes como Federico Gutiérrez, Alonso Salazar y Sergio Fajardo, y precandidatos presidenciales como Alejandro Gaviria.

Pero es lo más falso que se ha dicho y sugerido en este debate, es que es una discusión sobre una alcaldía de izquierda o dirigida por un socialista (nada más falto a la verdad afirmar que Daniel Quintero Calle es de izquierda y menos socialista).

Sin embargo, desde posiciones de derecha, el uribismo y sus acólitos quieren hacerle creer a la gente que la de Quintero Calle es una alcaldía de izquierda, buscando convencer a la ciudadanía de una mentira a través de una campaña y guerra sucia por los medios afines a sus intereses, tratando de infundir miedo en la ciudadanía y el electorado para ganar votos y revocarlo.

Se ha afirmado incluso, sin prueba alguna, que el alcalde es seguidor del Socialismo Siglo XXI y que a Medellín no hay que dejar que la conviertan como a Venezuela, cayendo en el ridículo.

Dicho lo anterior, no se puede pasar por alto que los llamados alcaldes progres, “independientes” o alternativos, en ningún sentido de izquierda o socialistas, a veces toman decisiones que van en contra vía de la democracia y del Estado de Derecho que dicen defender.

En este sentido, tal vez uno de los mayores errores del alcalde de Medellín fue enviar la policía y el ESMAD a la Universidad de Antioquia durante una protesta estudiantil, a sabiendas de lo que implicaba para su credibilidad como demócrata frente al movimiento estudiantil y frente al movimiento social que apostaron por él en las elecciones.

Este es un ejemplo de hasta dónde es capaz de llegar un gobernante “independiente”, algo que no es más que un rótulo, una vanidad o una falsa ilusión.

No quiere decir que no haya habido posturas de izquierda en el debate sobre la alcaldía y la ciudad, entre otras, la que planteó Campo Elias Galindo (asesinado brutalmente a finales de septiembre 2020 en su apartamento en Medellín) sobre el papel del (GEA) en la silenciosa privatización de EPM de espaldas a la ciudadanía; y en el mal manejo, desastre y fracaso en que se ha convertido la mega obra Hidroituango.

Hay una magistral exposición suya en el último foro en que participó en septiembre del 2020 donde también participaron Luz María Múnera, ex concejal con décadas de lucha política y Carlos Posada, dirigente sindical de Empresas Varias de Medellín, filial de EPM.

Aunque muchos creen que hay alcaldes independientes como Quintero, esa suposición adquiere alguna validez solo en el sentido en que se distanciaron tácticamente de la visión del mundo y la práctica gobernante del CD-uribismo, pero sin duda tienen una visión, un programa y unos principios inspirados en otras fuentes políticas e incluso en el neoliberalismo como modelo económico, bastante evidente en Claudia López, y tal vez aquí es donde más identidad hay con el uribismo y los partidos que siempre han usado la fuerza para resolver conflictos sociales a la par que impusieron las privatizaciones, los TLCs y todas las políticas que solo han generado miseria en millones de familias.

4. El voto de opinión y la participación de las nuevas generaciones en política

Este elemento es fundamental a la hora de hacer el balance sobre las elecciones del 2019. El despertar de esta generación, la conciencia de lo que ha pasado en el país durante el largo conflicto armado, las narrativas sobre la verdad que se vienen contando en la Justicia Especial para la Paz (JEP), desataron un importante (paro y movilización nacional de varios meses durante el 2021) pero aún insuficiente proceso de acumulación de fuerzas en clave derrota de los gobiernos de la narcoligarquía, el continuísmo, la larga noche y el cambio de raíz que se requiere en el país.

No cabe duda que en este nuevo fenómeno político está una de las claves para entender el triunfo de Quintero Calle, así como el de otros candidatos y candidatas progresistas en diferentes ciudades del país.

Es innegable el papel que jugó este despertar y conciencia política en la participación y voto de opinión de millones de jóvenes.

En este proceso de formación de conciencia política jugaron también un papel muy importante los movimientos sociales, las nuevas ciudadanías que jalonaron el voto no uribista de los jóvenes entre los 20 y 35 años. Una generación formada en la coyuntura y movilización de los últimos 10 años.

Sin embargo, la batalla jurídica y política continuará hasta derogar definitivamente la fraudulenta campaña de revocatoria.

Finalmente, lo que está en juego en Medellín es:

1) la continuidad o ruptura definitiva de un proyecto que se deshace como la nieve en la primavera;

2) la consolidación de las fuerzas políticas y el movimiento social (ciudadanías) para el cambio de raíz;

3) el restablecimiento del hilo constitucional - roto por la narcorrupción y alianza nacoligarca que gobierna - que nos permita caminar hacia una sociedad en paz con justicia social y respeto a los DD.HH., basada en la distribución equitativa de la riqueza y la preservación del planeta.

Y esto solo se logra luchando sin descanso y eligiendo gobiernos democráticos (concejos, senados, alcaldías, gobernaciones, presidentes) que pongan fin a la larga noche.

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