Lo que destapó en Colombia la salida de Uber

Con muchas caras e intereses políticos de por medio, Colombia entra al debate mundial sobre las economías colaborativas en el que surgen una infinidad de preguntas

Por: Santiago Valencia Rodriguez
febrero 05, 2020
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Lo que destapó en Colombia la salida de Uber

El 31 de enero pasado, Uber dejó de funcionar en Colombia. Esto sucede en medio de una polémica nacional, con muchas caras e intereses políticos de por medio, pero lo más importante es que Colombia con esta decisión ha entrado al gran debate mundial sobre las economías colaborativas en el que surgen muchas preguntas ¿Qué hacer con las nuevas plataformas tecnológicas? ¿Cuál es su aporte real al desarrollo? ¿Son sostenibles sus modelos de negocio? ¿Cómo impactan la definición de trabajo moderno?

Antes que nada, debo aclarar mi posición sobre el sistema de taxis en Colombia. Es un servicio obsoleto e inseguro, que beneficia mafias y capitales políticos, además de perjudicar a conductores y usuarios. Esta situación explica el éxito de plataformas como Uber, pero tampoco puede justificar su funcionamiento a toda costa.

Muchos colombianos lamentan la salida de la plataforma del país, pero ¿Conocemos bien a Uber?

Esta empresa nace en 2009 como Ubercab, ofreciendo un servicio de transporte Premium a usuarios en San Francisco. Luego en 2012 lanzan su revolucionaria modalidad UberX, en el cual se prestaban servicios de transporte en automóviles particulares. Desde ese momento, UberX ha sido el corazón de su modelo de negocio y su mayor fuente de polémica y demandas.

Y es que no son pocos los escándalos en los que esta multinacional se ha visto envuelta. Por una parte, su modelo de negocio ha sido criticado por basarse en la elusión de impuestos y regulaciones de los países en que funciona. Además, su posición frente a las regulaciones se caracteriza por desafiar a los gobiernos, y ampararse en el apoyo de la opinión pública, generando millonarias campañas de publicidad, junto con agresivas estrategias de lobby. Después de la salida de su fundador y CEO Travis Kalanick, por escándalos de acoso sexual, Uber afirma que cambió su estrategia de “ganar a cualquier costo” por su nueva filosofía “hacemos lo correcto.

A pesar de esto, Uber sigue en disputas legales con varios países y si bien en algunos funciona con regulaciones, otros, como Colombia, han decidido prohibirla por completo. Entre estos países se encuentran Dinamarca, Alemania y Turquía. Otros países han fallado en contra de la plataforma, obligándoles reconocer derechos laborales a sus conductores (California), realizar filtros para la contratación y operar bajo el modelo de empresas de transporte2 (Unión Europea). Otras polémicas de esta plataforma se relacionan con competencia desleal (gremio de taxistas), aumento del tráfico, ataques a sus competidores, preocupaciones de seguridad y mal manejo de datos personales.

Por otra parte, un dato que desconocen la mayoría de personas, es que a pesar de ser una multinacional que factura miles de millones de dólares al año, Uber está en número rojos, y no solo el último año, sino que nunca ha generado ganancias desde su fundación. Solo las pérdidas del segundo trimestre de 2019 ascendieron a 5.200 millones de dólares. La explicación de por qué Uber sigue funcionando a pesar de esto, en palabras sencillas, es que se financia con dinero de sus inversores, entre los cuales se encuentra SoftBank, inversor principal de Rappi. La esperanza de sus inversionistas se basa en un futuro monopolio de los servicios de transporte por parte de Uber, y que con su posición dominante pueda regular el mercado y así producir jugosas ganancias.

Lo alarmante del caso, es que Uber solo es la primera de muchas otras startups gigantes, que pierden año a años miles de millones de sus inversores, lo que preocupa a varios expertos en el tema financiero pues la situación parece tener todos los ingredientes para una crisis económica, como la de las “.com” al principio del siglo XXI.

Frente a estas preocupantes cifras y constantes polémicas en el tema laboral, Uber ha afirmado que llegará a producir ganancias funcionando exclusivamente con coches autónomos y eliminando a sus conductores humanos, lo que plantea más reflexiones sobre estas plataformas.

La esencia de la mayoría de plataformas digitales, como Uber, es la economía colaborativa, un término muy popular, donde sus miembros intercambian bienes y servicios de manera rápida y sin costos extra. Pero al mismo tiempo, esta economía contempla poco, temas como las regulaciones, la vigilancia y el pago de impuestos. En la actualidad, esta nueva economía está siendo fuertemente cuestionada, porque, al contrario de los beneficios que promulga, su funcionamiento parece aumentar la desigualdad1.

¿Cómo? Las plataformas como Uber, que ofrecen innovación y ahorro de tiempo, se autodenominan intermediarias, y en la mayoría de casos se eximen de toda responsabilidad legal junto con los costos que esto conlleva. Además, quienes trabajan en ellas no son considerados como empleados sino como “socios”, evadiendo así la responsabilidad de una relación laboral. Estas nuevas formas trabajo, pueden ser consideradas como subempleo, pues a pesar que sus trabajadores logren subsistir con los ingresos que generan, no están afiliados a la seguridad social, no tienen prestaciones sociales, vacaciones… pero si están fuertemente vigilados, controlados, prestan sus servicios de manera presencial, y su retribución la define la plataforma.

El gran peligro que esconden estas plataformas es la precarización del empleo, y la eliminación sistemática de derechos mínimos para el empleado que fueron ganados en las luchas obreras del siglo XX. Cuestiones como el acceso a salud, cotización de pensión, vacaciones, primas, subsidio al desempleo, salud ocupacional, recreación y estabilidad, que son consideradas básicas en naciones desarrolladas, son vistas por la economía colaborativa como “obstáculos” para la generación de empleo, como sobrecostos innecesarios, o privilegios que se intercambian por una supuesta “libertad” y flexibilidad.

Sin embargo, en países como Colombia, cuando la decisión está entre acceder a las condiciones de estas plataformas, o pasar hambre, la decisión simplemente no existe.

Por eso me pregunto si la preocupación de Uber, por sus 88.000 “socios” en Colombia es real. Porqué desde su entrada en 2015, con su agresivo lobby en el congreso y desde el Ministerio de las TIC, han evitado cualquier tipo de regulación, pero si permiten que sus conductores sean multados e incluso pierdan su licencia de conducción por prestar su servicio3. Seguramente, quienes trabajaban como conductores de Uber, verán afectada su economía, mientras el mercado se regula con el resto de plataformas, pero la realidad es que nunca han estado empleados, porque Uber no significaba estabilidad alguna.

Por tanto, Uber y otras plataformas de economía colaborativa no son la solución para las preocupantes cifras de desempleo actuales, así como tampoco lo son las absurdas propuestas de contratación “formal” por horas. Cifras, como que el 63% de los conductores de Uber tuvieran un título profesional deberían ser desesperanzadoras para los colombianos.

Tal vez sea duro para muchos, pero debemos enfrentar la verdad. Uber no es la panacea para los males de transporte y los problemas laborales en este, ni en ningún país. Esta plataforma, junto con otras similares, no representa verdadera innovación, ni siquiera en Colombia donde ya existían Tappsi y Easy para pedir un carro mediante un Smartphone. Una verdadera innovación tecnológica sería que funcionaran con coches autónomos, como ellos mismos lo han afirmado, generando empleos para mano de obra calificada y no lucrarse a partir del subempleo y la explotación del trabajo físico.

A pesar de todo lo expuesto anteriormente, espero que Uber regrese a Colombia. Porque esto significará que se ha regulado el tema de las plataformas, y existirán soluciones de empleo dignas no solo para los conductores de Uber, sino también para los taxistas. Es hora de que el congreso de la República haga la tarea y legisle, a favor de la innovación, a favor de la gente, y de unas condiciones laborales dignas que promuevan mejorar la calidad de vida.

Como conclusión, podemos decir que la innovación es necesaria, pero no se puede aceptar a cualquier costo. Al final necesitamos de regulaciones, para que las tecnologías estén en favor de las personas y no al contrario.

  1. https://www.redaccion.com.ar/el-capitalismo-de-apps-y-la-irrupcion-del-precariado/
  2. https://elpais.com/economia/2017/12/20/actualidad/1513755526_225314.html
  3. https://www.elespectador.com/economia/informalidad-y-malas-condiciones-laborales-en-uber-y-rappi-articulo-742332

 

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