Opinión

Un llamado de urgencia por la paz

En caso de dejación de armas de las Farc y no avanzar el proceso con el ELN, en algunas regiones se puede vivir una verdadera masacre

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Noviembre 10, 2015
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Tres factores parecen amenazar la construcción de paz en el país y de no resolverse harán complicado el posconflicto. Esta vez, a diferencia de otros procesos, no dependen directamente  de la voluntad de las Farc ni del presidente Santos, porque la voluntad de las partes existe.

El primer factor es la negociación con el ELN. Las Farc operan en 14 regiones del país y el ELN en 9, de estas últimas en 7 hay coincidencia con regiones de presencia Farc, esto significa que en caso de una dejación de armas por parte de la guerrilla de las Farc y  de no avanzar el proceso con el ELN, en estas regiones se puede vivir una verdadera masacre. Algunos analistas con cierta visión parroquial, manifiestan que de presentarse esta situación, el ELN podría subsumir la tropa de las Farc y esto llevaría a un crecimiento de esta guerrilla. Sin embargo, en la vida real, lo que muestra la experiencia internacional y nacional es que la guerrilla que queda en armas puede masacrar a la guerrilla que va al proceso de paz. Esto ya ocurrió cuando el EPL se desmovilizó y parte de su estructura fue asesinada por las Farc.

Además, en estas regiones del país se haría muy compleja la verificación del cese bilateral y las posibilidades de aplicar los acuerdos de paz de La Habana. Tanto el ELN como el gobierno nacional deben entender la necesidad de comenzar el diálogo abierto y de que dicha negociación sea rápida.

El segundo factor es la capacidad del gobierno nacional de controlar las élites locales y algunos agentes de las Fuerzas Militares, de estos dos sectores podrían provenir uno de los focos de mayor oposición al proceso de paz. Por un lado, las élites locales en varias regiones del país se beneficiaron del conflicto armado, lograron adquirir tierras  de desplazados y poder político en varios municipios y departamentos, estas élites saben que de darse el proceso de paz deberán devolver la tierra robada, además deberán aceptar la competencia política y muy seguramente se producirá una reforma al sistema electoral. Por ende, la oposición será férrea.

 

Hay sectores de la Fuerzas Militares
que aún no creen, no gustan
y no ven con buenos ojos el proceso de paz

 

Por el lado de las Fuerzas Militares, existen sectores que aún no creen, no gustan y no ven con buenos ojos el proceso de paz. Un grupo de generales y coroneles, algunos en retiro, se hacen llamar los halcones negros y anuncian una fuerte oposición, que podría manifestarse en el saboteo al cese bilateral al fuego. Dependerá del presidente Santos y en general del gobierno nacional la capacidad de contener esta oposición.

Un tercer factor es la sociedad urbana colombiana. Las grandes ciudades del país no han vivido las consecuencias militares y violentas de la guerra, con contadas excepciones, como Medellín o Neiva o episodios aislados como los vividos en Cali. Esta situación ha llevado a que la población urbana no sienta con urgencia la necesidad de la paz, de hecho, esta sociedad urbana está llena de prejuicios e información errada sobre el proceso de paz, por ejemplo, en varias zonas del país la población piensa que en La Habana se negocia la propiedad privada, y aunque estos parece estúpido, es una creencia en regiones como el Huila o el sur de Córdoba.

Por su parte el Gobierno nacional no ha logrado construir una estrategia de pedagogía para la paz lo cual a su vez sigue aislando la población urbana de la discusión de la paz. Los que sí han logrado una estrategia de pedagogía es la oposición al proceso de paz, quienes ágilmente han lanzado mentiras sobre el proceso que se han convertido en realidades percibidas por la población.

La sociedad urbana colombiana debe tener una estrategia propia de pedagogía que vaya más allá de comerciales en televisión y radios y crear un verdadero equipo territorial de gestores de paz. Mientras que los hijos de las ciudades sigan creyendo que la leche sale de una bolsa y no de una vaca será muy difícil que las urbes entiendan la importancia de la Colombia rural.

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